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Antonio Navalón
El Universal Lunes 23 de marzo de 2009 |
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Lo que no pueden cambiar ni Obama —ahora que viene a México— ni Calderón es que ambos gobiernan países que se rigen por acuerdos, situaciones y convenciones que ya no existen. Lo que sí pueden cambiar es que México haya sido 150 años prostíbulo, patio trasero y que se hayan medido mutuamente el agua a los camotes para crear una relación de países que, les guste o no, si no tienen una defensa común ambos son y serán inseguros. Con lo que tienen que lidiar los dos presidentes es: Obama, el nivel de audacia, estupidez y la mala intención de algunos de los políticos que le acompañan en ese difícil objetivo de construir el bien nacional; Felipe Calderón, con la imposible relación con su propio partido. Con un récord de éxitos como el 11 de septiembre; Afganistán; Irak; la crisis económica; la pérdida total de la autoestima dentro de Estados Unidos y de la consideración externa, asombra ver cómo los republicanos todavía se atreven a desear que Obama fracase. Lo que sí pueden cambiar ambos es volver con sus problemas —si uno tiene al narco, el otro tiene que salir de Irak, corregir Afganistán y convivir con la oposición republicana—. Los dos deben explicarle a sus países que esto cambió y que, o inventamos una relación basada en el hecho de para algunos estadounidenses México es el portero, o que tarde o temprano vendrán tiempos muy malos para ambos. Lo que sí pueden cambiar es dejar de ser dos promesas —uno con casi 3 años y otro con 2 meses en el poder—, para tomar carta de naturaleza en lo que significa gobernar. Imponer decisiones aunque a veces sean violentas, duras o equivocadas. Lo que sí puede cambiar a esa rara avis de la política occidental llamada Obama, es comprender que la base de la estabilidad de los barrios de Filadelfia, Nueva York, Seattle, o de esa megaciudad, hoy la anticiudad del mundo, Los Ángeles, depende de que en Uruapan o Juchitán, el hambre y la frustración no nos conviertan a todos en la Mara Salvatrucha sin tatuajes. Pocas cosas pueden cambiar de acuerdo al viejo mundo. Todo está por ser reconstruido si hay una nueva relación donde el TLC es pasado, si entendemos que la dependencia es común, y que EU tiene que empezar por recuperar credibilidad y ordenar su casa. Cuando Obama ofreció renegociar el TLC debimos oírle. Ahora es bueno que además de defender el honor patrio saquemos la raza y el coraje para pactar lo que convenga al país porque conviene a todos. A lo que ambos no tienen derecho ni se les perdonará, es que conviertan esta oportunidad en un tiempo perdido. Hoy los estados y las economías arden sobre rescoldos de las cenizas de lo que fueron.
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