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| ¿Sabe o no sabe? |
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El Duende Preguntón
El Universal Martes 16 de diciembre de 2008 |
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¡Que no le busquen, pajarracos!, que no nos vengan a decir que la terrible inseguridad, la molestia y el desasosiego que vive el país se deben a tales o cuales factores. Que no nos traigan los políticos, funcionarios y gobernantes sus discursos rimbombantes para explicarnos que “estamos en guerra contra el crimen”, que “hay avances pero son insuficientes”, que “la sociedad tiene que hacer su parte”. ¡Pamplinas! La explicación de la incapacidad de nuestras autoridades —todas y sin distingos de niveles o colores— para controlar la ola de delincuencia y violencia que vive nuestra nación, se resume en esas tres palabras: impunidad, corrupción e inmoralidad. Impunidad retratada de cuerpo entero en los datos del Segundo Informe sobre Seguridad Pública que dio a conocer ayer el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, José Luis Soberanes: de los delitos que se cometen en México sólo se denuncia 10%, es decir 90% de los hechos delictivos ni siquiera son denunciados por las víctimas, ya sea porque saben que de nada servirá ante la ineptitud de las procuradurías o por el maltrato de los Ministerios Públicos. Pero el problema de la impunidad no para ahí: de ese 10% de crímenes que sí son denunciados, 99% queda sin castigo, pese a que se abren averiguaciones previas y el ciudadano acude a buscar el apoyo de la justicia, ésta sólo llega para 1% de los casos denunciados. Y no es difícil suponer, y esto lo digo yo, no Soberanes, que ese 1% que sí recibe atención y solución a su denuncia es porque dio una buena mordida o porque tiene influencias políticas o económicas para que lo atiendan. ¿Así o más grande la impunidad? ¿Cómo quieren que les creamos que con un dizque Acuerdo Nacional para la Seguridad y la Legalidad se va a resolver esa impunid ad monstruosa de la que son parte gobernantes, procuradores, ministerios públicos, además de jueces y ministros que en un mínimo porcentaje de los procesos iniciados dictan sentencias, que en algunos casos son para liberar extrañamente a delincuentes atroces como secuestradores, robautos, violadores o asesinos? A la madre de todos los vicios, que es la impunidad, se suma, pajarracos, la ineficacia de nuestras autoridades todas; 48% de los mexicanos, es decir 1 de cada 2 ciudadanos de este país, fue víctima de algún delito en los últimos tres años, dice el Informe de la CNDH, y en lo que va de la administración del presidente Felipe Calderón, los índices delictivos y de inseguridad han subido nueve por ciento. Si a eso añadimos otras cifras como que en el país se cometen actualmente siete secuestros diarios o que el robo de autos en la ciudad de México creció casi 50% en el año que termina; que sólo de enero a agosto de este año se reportaban 943 secuestros en todo el país o que el propio Marcelo Ebrard reconoce que en este año hubo 22 secuestros más en la ciudad con relación al 2007, la incapacidad queda más que demostrada. De la corrupción que infesta a las policías y procuradurías faltaría espacio para documentarlo. Los narcos se reparten, como si fueran suyas, las instituciones de seguridad en el país: que si El Chapo Guzmán controla la PFP, que si los Beltrán Leyva tenían a la PGR y a la infiltrada SIEDO bajo su nómina; que si los sanguinarios Zetas reciben protección de una parte del Ejército... Todo eso explica por qué estamos sumidos en esta inseguridad rampante sin que haya autoridad, una sola, que esté haciendo algo efectivo para darnos seguridad. Y por si todo eso fuera poco, pajaritos, la otra gran causa de esto que padecemos es la inmoralidad de nuestros gobernantes. ¿O cómo se puede entender que en medio de la que, nos dicen, será “la peor crisis económica” en el país, una recesión que aunque no se admita oficialmente ya la sentimos todos, nuestros diputados y senadores federales se paguen sueldos y aguinaldos que alcanzarán los 400 mil pesos por legislador? ¿Cómo se le pide a la gente entender y aceptar que los gobernadores se recetarán con el dinero público bonos de fin de año que van de los 200 a los 400 mil pesos? Como bien dijo el dolido Nelson Vargas: “Eso es no tener madre”. Y que me perdonen las jefecitas de los señores políticos, si es que las tienen.
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