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Serpientes y Escaleras
Salvador García Soto
El Universal

Martes 16 de diciembre de 2008



El éxodo de lopezobradoristas del PRD no es casual ni se trata de decisiones individuales o aisladas. Andrés Manuel López Obrador definió con su grupo más cercano una estrategia de presión a Jesús Ortega y a su corriente Nueva Izquierda, que consiste en una serie de renuncias de figuras del grupo para dar la imagen de un partido fracturado y sin control de Los Chuchos.

Maquiavélicamente, esas renuncias no serán en bloque ni se busca una ruptura mayor; la idea de AMLO es dosificar las salidas en los próximos meses y escalar, conforme se acerquen los comicios federales de 2009, el nivel de personajes que abandonen el PRD. Primero fue Gerardo Fernández Noroña —cosa que a Los Chuchos debió darles risa—, luego fue Mario di Constanzo, y después el senador Ricardo Monreal.

Lo que busca el tabasqueño, que eventualmente también está dispuesto a renunciar él al PRD, es que Ortega y su grupo, si quieren parar la sangría, negocien posiciones y candidaturas con su grupo y no pretendan quedarse “con todo el pastel para ellos”.

Hasta ahora la respuesta de Jesús Ortega ha sido minimizar las renuncias. Aunque en el caso de Monreal, el escándalo mediático tuvo un impacto negativo que contradice su discurso y su nueva campaña publicitaria de un PRD unido que pide “perdón” y reconoce sus errores. Ese es el daño del desangre lopezobradorista: ¿cómo hablar de un partido que busca reconciliarse con los electores cuando siguen los pleitos entre corrientes, junto con las renuncias y rupturas de sus miembros?

En el duelo de estrategias Los Chuchos también mueven sus piezas. En las últimas semanas se intensificaron las negociaciones entre Nueva Izquierda y René Bejarano con su Izquierda Democrática Nacional, con lo que Ortega y compañía no sólo se apertrechan para la nueva correlación de fuerzas en el perredismo, sino que le quitan su principal base social en el Distrito Federal a López Obrador.

En Nueva Izquierda estiman que la fuerza de Andrés Manuel es de una tercera parte del partido y con base en encuestas que han mandado a hacer ex profeso, calculan que el voto lopezobradorista representa a lo sumo 6% u 8% de la votación total del perredismo.

El problema para López Obrador es que, ante el escenario de salir del partido o de las bancadas del PRD, como lo hizo Monreal, las lealtades más incondicionales se diluyen y tal vez el grupo que decida seguirlo a otro partido se achique.

Y eso lo acaba de experimentar en carne propia. López Obrador llamó la semana pasada a cinco senadores leales que tiene en Xicoténcatl —Salomón Jara, Rosalinda López, Yeidckol Polenvsky, Alfonso Sánchez Anaya y Ricardo Monreal— para ayudar al Partido del Trabajo a no desaparecer como bancada. “Renunciamos todos y nos pasamos al PT”, le dijeron los senadores envalentonados.

“No, con uno basta. Pónganse de acuerdo entre ustedes, quién”.

El problema es que, al salir de ver al caudillo ya ninguno de los cinco senadores dijo “esta boca es mía” y nadie se ofreció a sacrificarse. Monreal fue el único que, al ver que ninguno quería dejar las canonjías de la bancada perredista, se lanzó al vacío.

Veremos cómo funciona la Operación Desangre; si Los Chuchos deciden retener a AMLO y los suyos o si, después de un éxodo por goteo y si no hay disposición de Ortega a negociar, Andrés Manuel se atreve a vivir fuera del presupuesto partidista.

NOTAS INDISCRETAS… Notorio, sobresaliente, dirían los cronistas deportivos, fue el desaire que le hizo Cuauhtémoc Cárdenas a Porfirio Muñoz Ledo en los funerales de doña Amalita Solórzano. Cuentan testigos que cuando Porfirio intentó acercarse a darle el pésame, Cuauhtémoc se siguió de largo con el pretexto de una llamada por celular que atendía en ese momento. La gente notó el desaire y Muñoz Ledo, apenado, se acercó a donde estaba Leonel Godoy a hacerle plática. “Ah que Porfirio”, comentó ante la penosa escena un testigo. “Pos qué no se acuerda que apenas hace días acusó a la familia Cárdenas de haberse enriquecido… qué falta de tacto tuvo al venir”… Será el estrés y el caos que provocan sus obras desordenadas en la ciudad o será que le fallaron sus colaboradores, pero a Marcelo Ebrard se le tensó tanto la relación con los reporteros que cubren su fuente que la semana pasada, después de una serie de desencuentros y reclamos de los periodistas, el jefe de Gobierno accedió a hablar con ellos; pero cuando llegó Marcelo y se paró frente a los reporteros, éstos en protesta le dieron la espalda y ninguno le hizo preguntas. ¿Sería eso lo que detonó la salida de Jéssica Miranda y la llegada de Óscar Argüelles a Comunicación?… Paran los dados. Escalera y subimos.



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