![]() | Formato de impresión patrocinado por | ||
| Itinerario Político |
|
Ricardo Alemán El Universal Domingo 14 de diciembre de 2008 |
|
|
|
Construye AMLO nueva casa Juntos, lo más rancio del PRI En agosto de 2006, poco después de creado el FAP, aquí dijimos que sólo era cuestión de tiempo para que “acabara esa farsa” que ni es frente, ni amplio, ni progresista. Los fanáticos de esa religión en que se ha convertido Andrés Manuel López Obrador —muchos de los cuales han cancelado todo indicio de razón por la pasión— nos lanzaron furiosos insultos porque consideraban que el Frente Amplio Progresista era algo así como el más prometedor de los partidos políticos. Bueno, algunos decían incluso que se trataba del “Espíritu Santo”. Y en efecto, el tiempo nos dio la razón y puso a cada quien en su lugar. Lo que conocimos como FAP hace poco más de dos años —integrado entonces por los partidos de la Revolución Democrática, del Trabajo y Convergencia— hoy se quedó en una grosera alianza de los dos últimos, casualmente herencias políticas de lo más cuestionable del PRI. ¿Recuerdan quiénes son y de dónde vienen los partidos del Trabajo y Convergencia? LA HERENCIA Vale la pena el ejercicio memorioso, porque sin esa experiencia sería difícil entender el contexto en el que se creó el FAP y el rumbo que lleva en dirección a los comicios federales de 2009 y 2012. Y es que contra lo que suponen muchos de los rabiosos defensores a ultranza de esa pseudo izquierda que dice representar el Frente Amplio Progresista, lo cierto es que la suma de los chiquilines PT y Convergencia es en realidad la suma de lo más rancio del viejo PRI: la antidemocracia, los partidos familia, el control vertical y autoritario, el corporativismo y la corrupción. El Partido del Trabajo, de Alberto Anaya —que a su vez enfrenta serias grietas y un sector caminará en dirección al PRD—, nació como un movimiento social romántico en las mocedades de los hermanos Carlos y Raúl Salinas de Gortari quienes, junto con el líder que era Anaya, crearon una organización que pretendía ser la cara obrera del PRI. Oportunista como pocos, Alberto Anaya y su PT no han sido más que el mejor ejemplo de los partidos negocio; vividores de la política —antes que vivir para la política— y burocracias que se mueven entre el negocio del dinero público, la venta de cargos de elección popular y la renta de las franquicias al mejor postor. El PT no propone nada claro —y menos novedoso— en los aspectos ideológico y programático y por eso lo mismo establece alianzas con el PRD, que con el PAN y el PRI. Su mayor divisa es la renta de su franquicia, siempre al mejor postor, para mantener el voto mínimo que le permita mantener el registro. Ese, el de crear fortunas familiares a costa del dinero público, es su mayor objetivo. Y hoy van por la renta que les puede dar en votos López Obrador. Y aún así, los fanáticos ven al PT, igual que Convergencia, como faros de la verdad y el ejemplo de la izquierda mexicana moderna. NARANJA ENGAÑABOBOS El de Convergencia es un caso aún más patético. ¿Alguien sabe cuál es la ideología del Partido Convergencia? ¿Alguien sabe cómo es que se le otorgó la franquicia de partido político? ¿Alguien sabe de dónde salió el dinero para crear ese partido? Todo se reduce al eslogan de “Naranja”, que dice todo lo que su dueño necesita para vender la franquicia al mejor postor. Es decir, es un eslogan vacío, como la ideología de Convergencia, que no es más que un negocio familiar creado por el siempre talentoso Dante Delgado; producto también del más rancio PRI —el de la transa y el cochupo— crecido en el salinismo que cayó a prisión por corruptelas en el ejercicio del poder y al que rescató el gobierno de Zedillo, para luego ser echado del PRI. Dante Delgado y su “Naranja” engañabobos son expertos en vivir del dinero público y de la renta de la franquicia al mejor postor. Se han aliado lo mismo con el PRD, que con el PAN y el PRI. La venta de candidaturas al que pague más por ellas es uno de sus signos de identidad y, en los tiempos que corren —de democracia electoral, pluralidad, y alternancia—, el talentoso Dante le vende a “la gente” la zanahoria de la supuesta izquierda democrática, frente a esa horrible derecha que gobierna. DIOS LOS HACE Y ELLOS… Bueno, pues esas dos joyas de la democracia mexicana, del siempre respetable sistema de partidos, son ya hoy el pasaporte que empleará Andrés Manuel López Obrador para llegar a la otra orilla de ese turbulento río que se abrió entre la fallida elección presidencial de 2006 —fallida para AMLO, claro— y 2012, sin olvidar la escala de 2009. Y en efecto, no le podía haber ocurrido nada mejor a esos dos polos de poder y ambición desmedida que son el ahora diezmado FAP, y el derrotado Andrés Manuel López Obrador. ¿Por qué? Porque el tiempo ha demostrado que son tal para cual; que origen es destino. Y es que si se revisa con cuidado el fenómeno del FAP, se podrá ver con claridad que las fuerzas que antaño lo integraron, hoy parecen tomar rumbos no sólo distintos, sino opuestos. Por un lado el grupo de Los Chuchos parecen intentar el rescate del PRD de la siempre cuestionable tara genética de los caudillos y los controles verticales y autoritarios. Los nuevos dueños del partido amarillo parecen intentar un regreso al origen idílico del partido creado hace dos décadas y que en todo ese tiempo nunca mostró su real rostro de izquierda. Por otro lado, podemos ver la “coagulación” casi natural que se dio entre PT, Convergencia y AMLO; corrientes políticas en realidad harto lejanas de la llamada izquierda, pero hermanadas y muy cercanas a las taras de la antidemocracia, el corporativismo, el control vertical y el caudillismo. El PT y Convergencia siempre han tenido el mismo dueño. Hoy parece que su nuevo integrante, AMLO —fervoroso practicante de la antidemocracia, el corporativismo, la corrupción política y el caudillismo—, será precisamente su nuevo caudillo. Y claro, lo será sólo mientras PT y “naranja” le sean útiles, y cuando el PT y Convergencia reciban en reciprocidad su cuota de sabia vital; votos para la supervivencia y la continuidad de los negocios familiares. Es decir, asistimos al fenómeno nada extraño en la política de la simbiosis; en donde no sólo los extremos se juntan, sino que en el FAP los partidos que lo integran aportarán la franquicia, el dinero público, su cuota de poder y, la infaltable lealtad temporal, a cambio del liderazgo de AMLO, quien pregona que tiene detrás de sí a dos millones de seguidores, y que en el FAP encontrará su principal alimento; creyentes incondicionales, carentes de la menor autocrítica. ¿CUáNDO SALE DEL PRD AMLO? Esa es la gran pregunta. Y no pasará mucho tiempo. Y es que a los ojos de todos, AMLO ha intensificado la destrucción del PRD, lleva a cabo la mudanza de sus hijos y sus viudas y edifica su nueva casa, el FAP. ¿Hasta cuando aguantarán Los Chuchos ese proceso de suicidio asistido que vive el PRD? Al tiempo. EN EL CAMINO Comandado por Daniel Karam, el Seguro Popular se ha convertido en motor del sector Salud, en donde el secretario Córdova Villalobos comanda el programa mejor valorado de la administración de Calderón.
|
|
© 2009 Copyright El Universal-El Universal Online |