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Amilcar Salazar
El Universal Martes 02 de diciembre de 2008 |
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El ciclista Leonel Altamirano —uno de entre el millón de entusiastas que, según cifras de la Secretaría del Medio Ambiente capitalina, participan en el programa Muévete en bici— dice que ha llegado la hora de que el GDF vea dicho plan más allá del “uso recreativo” y pase a “tomarlo en serio” como alternativa combinada con el transporte urbano. —Que ya no vean a los ciclistas como… jueguitos de domingo, sino como opción real para movilizarnos: un método ciudadano que, ahora sí en serio, lo apoyen todas las instancias gubernamentales y privadas —argumenta. Y es que este ingeniero en electrónica y trabajador de Pemex nunca ha andado con medias tintas a raíz de la propuesta gubernamental de abrirse paso sobre dos ruedas en esta encajonada ciudad. Un día, siendo automovilista, creyó que se volvía loco, atrapado en el embotellamiento que causaba una de tantas obras públicas mal señalizadas. Y pareció protagonizar su propia versión de la conocida película del actor Michael Douglas, Un día de furia, con la diferencia de que —tras abandonar el coche en que iba— no arremetió contra sus semejantes provisto de una maleta repleta de armas, sino cargando una bolsa de lona que contenía… una bicicleta desplegable. Así, de lunes a viernes, a cuestas con su curiosa bici (un modelo Folding Bike de 12 kilogramos de peso, marco a base de aluminio, tamaño equivalente al diámetro de ruedas de 30x30, precio en México de 2 mil 500 pesos), Leonel va y viene entre su casa y el trabajo sin más dificultades que el riesgo físico o la consabida falta de respeto al ciclista en el medio urbano, situación que —supone— “se irá resolviendo conforme tengamos mayor educación”. Eso sí, a este europeizado profesionista no le cuadra que, brindando estas modernas bicicletas desplegables la oportunidad de subirlas al transporte público, los policías a cargo de los torniquetes del Metro les prohíban el paso. –Las bicis… sólo en domingo —dicen los uniformados, aduciendo que sólo acatan instrucciones de la Dirección del Sistema de Transporte Colectivo en esta ciudad. Y a Leonel no le queda otro remedio que… meterla a escondidas, compactada dentro de su maleta. Un volumen que, por otra parte, cabe bien debajo de los asientos, al tiempo que en los pasillos no ocupa más espacio que, por ejemplo, todo el que abarca —ostensiblemente ruidoso— un vendedor de discos pirata provisto de reproductor digital, maleta estereofónica y garganta sorprendente. Cosas que uno aprende hasta que alguien nos las dice. amilcarsalazar@yahoo.com
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