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Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Martes 02 de diciembre de 2008



Como resulta natural, nadie sabe a ciencia cierta lo que pasará en las urnas en los procesos electorales de julio de 2009 y 2012.

Pero lo que muchos creen, suponen, imaginan y hasta esperan es el inminente regreso del PRI a la mayoría legislativa en San Lázaro —en las intermedias de 2009—, y al poder presidencial en 2012. Debemos insistir: hoy no se sabe lo que ocurrirá en esas dos elecciones, a pesar de que son muchos los inconformes con las gestiones de gobiernos azules y amarillos.

En todo caso, pareciera que lo importante es el diagnóstico sobre la creencia, suposición, imaginario y hasta la esperanza que mueve a amplios sectores sociales sobre el potencial regreso del PRI; apenas a 11 años de perder la hegemonía en la Cámara de Diputados y a ocho años de ser echado del poder presidencial. ¿Por qué se produce ese fenómeno en la conciencia colectiva del electorado?

Primero debemos recordar que la caída del PRI en el Congreso, como en el poder presidencial, no es producto de un hecho definitivo y único. En realidad es un proceso que viene desde los crímenes de Estado de 1968 y la primera gran derrota electoral que sufrió el tricolor en 1988. Es decir, se trató de un largo proceso iniciado hace cuatro décadas.

Sin embargo, el momento electoral determinante se produjo en 1968; no sólo por la mayor ruptura del PRI, sino por la unificación de la disidencia tricolor con la izquierda mexicana —por un lado—, y por el otro, por el fortalecimiento del mayor movimiento opositor de la derecha. Entre 1988 y el año 2000 se produjo una intensa disputa entre la izquierda agrupada en el PRD, y la derecha reunida en el viejo PAN.

Una exitosa alianza del PAN y el PRI gestada en 1988 —exitosa para el PAN, claro— determinó que al final la disputa por llegar primero a la alternancia y la transición fuera ganada por el PAN y por un candidato carismático como Vicente Fox. Muchos mexicanos entregaron su amor político a un producto de la mercadotecnia y el marketing, que al final de cuentas defraudó a todos. Hoy pocos de los que votaron por Fox se quieren acordar. ¿Por qué llegó Fox al poder en el 2000 y no Cárdenas?

Creemos que la razón es que muchos electores se decepcionaron del PRD y de la izquierda —luego de la explosiva candidatura de Cárdenas en 1988—, porque no vieron más que una mala copia del viejo PRI. En el Itinerario Político del 14 de febrero de 2005 —titulado: “PRD y AMLO: ‘síndrome de Estocolmo’”—, dijimos que el partido amarillo había sido víctima del “síndrome de Estocolmo”.

Así lo expusimos: “Resulta que el perredismo todo, o casi todo, junto con su líder más popular y aventajado presidenciable, Andrés Manuel López Obrador, pasaron de la histórica crítica a las prácticas antidemocráticas del viejo PRI; de los cuestionamientos por la grosera imposición de líderes partidistas y candidatos a puestos de elección popular por parte del “jefe máximo”; de la crítica por la inmoral manipulación del partido en el poder, a ser los más fervientes practicantes de todo lo que criticaron. El PRD y su nuevo “jefe máximo” se enamoraron de las prácticas priístas que secuestraron, pervirtieron y envilecieron la política. El PRD y AMLO terminaron como víctimas del síndrome de Estocolmo’”.

Era febrero de 2005. No habíamos visto el proceso de autodestrucción del PRD en 2006, y menos las crisis amarillas de 2007 y 2008. Los electores terminaron hartos de esa dizque izquierda que no era más que una vulgar copia del PRI más cuestionable.

Pero si bien el PAN también se enamoró de las prácticas del PRI, el fenómeno que lo llevó a decepcionar a los electores —por lo menos al segundo año del segundo gobierno azul— es el “fenómeno Patton”, de mal gobierno. ¿De qué estamos hablando? Bueno, quienes hayan visto el clásico de Schaffner, interpretado por George C. Scott —elogiado por la crítica y que ganó ocho premios Oscar—, recordarán que el general que fue el coco de los nazis, era pródigo en frases célebres, puntuales y harto pragmáticas.

Hacia el final de la película, una vez derrotados los alemanes, ante los ojos aterrados de los aliados, Patton reincorpora a no pocos de los criminales nazis en el gobierno de transición. La respuesta deja helados a todos: “… son los que saben gobernar” —traducción libre, claro—, lo que justifica su regreso al poder. Es decir, que los ciudadanos mexicanos prefieren “a los rateros, antes que a los pendejos”, dice una encuesta aplicada en Hidalgo, antes de las elecciones locales. Al final de cuentas queda claro que el PRD y el PAN promueven —con sus fracasos culturales e ineficacia en el gobierno—, el regreso del PRI. Pero al final la decisión está en los electores. Al tiempo.



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