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Estación DF
Amilcar Salazar
El Universal

Martes 25 de noviembre de 2008



A los peatones de esta sufrida ciudad debe darles mucha flojera atender los pleitos en los que —para presumir quién hace mejores pistas para coches— suelen enfrascarse políticos y seguidores de distintos partidos.

Esta semana, por ejemplo, funcionarios “de izquierda” del gobierno del Distrito Federal zancadillean a la delegada panista en Miguel Hidalgo, Gabriela Cuevas, buscando que se tropiece por la derecha y no alcance su rara y poco ecologista obsesión: construir pasos a desnivel para los elegantes coches que van y vienen de la zona residencial de Polanco, Lomas y Santa Fe, así como de Huixquilucan, Bosque Real y anexas mexiquenses.

No deja de ser curioso que ante un proyecto que licitan las mismas constructoras que hicieron las obras emblemáticas del perredismo (el distribuidor vial San Antonio o el segundo piso del Periférico), se oponga un grupo de vecinos que pertenece al sector que resultaría agraciado: el de los automovilistas.

Curiosa clase de oposición motorizada, misma que antes impidió la creación de la torre Bicentenario; como también operó contra los hoy tan utilizados segundos pisos y que ya comienza a quejarse del Periférico de cuota que, allá por Ciudad Satélite, ha iniciado el gobierno priísta del estado de México.

Con el perdón de los automovilistas, pareciera que muchos de ellos son inconformes por naturaleza: la clase política se desvive por agradarlos y todavía se quejan.

Ya quisieran miles de transeúntes de la Miguel Hidalgo que su autoridad rescatara los peligrosos puentes y túneles peatonales de Tacubaya y de Parque Lira o los andadores de la calzada México-Tacuba.

Por otra parte, cientos de seres de a pie se identificarían un poco más con el llamado partido de las mayorías si éste comenzara a hacer todos los puentes peatonales que, olímpicamente, ignoró para sus magnificentes autopistas.

Y ojalá que los pleitos no fueran por asuntos que fomentan al uso del auto, sino por el paupérrimo transporte público:

Que pelearan por mejorar el ya lentísimo Metro (privado de refacciones durante todo un sexenio dedicado a “los pobres”); por un mejor Metrobús (uno que sí pudiera hacerse rapidito, con calidad y que no usara gasolina importada); por nuevos trenes suburbanos (hechos en forma y con estudios de afluencia), por camiones y taxis dignos (apartados de líderes y ruteros mafiosos); por el regreso de los trolebuses (opción más sensata que los ya inviables tranvías), etcétera.

Pero… claro, en esta ciudad encajonada es mucho soñar.

amilcarsalazar@yahoo.com



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