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Salustio
El Universal

Domingo 16 de noviembre de 2008



"No hago las reglas, sólo las disfruto"
Frasier Crane


'EL SEÑOR DE LOS OFIDIOS'

La tercera fue la vencida. Nunca se rindió. Don Chucho Ortega rompió con el estigma de segundón en la comarca perredista. Ejemplar, el alumno de Rafael Aguilar Talamantes finalmente triunfó. Proeza que merecería llegar a la pantalla grande, quizá con el título de
El Señor de los Ofidios, por el conocimiento del perredista sobre la anatomía de las víboras.

Primera parte/El hobbyEn marzo de 1999, Jesús Ortega descubrió su pasión por las luchas en el lodo; se batió con Amalia García por la dirigencia perredista. Las prácticas dolosas fueron tantas y tan tontas que la elección fue invalidada. Cuatro meses después, y sin la ayuda del Trife a don Chucho, la zacatecana fue nombrada dirigente del PRD.

Segunda Parte/¡En la torre! Marzo de 2002. En una trama rica en trampas, pierde Ortega la dirigencia perredista ante otra dama, Rosario Robles. Entonces, don Chucho culpó al líder moral del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, de obstáculo para su pretensión de llegar a la cima. Otra vez sin magistrados que lo coronaran, el inmaculado capo di tutti chuchi sólo atinó a denunciar "actos dolosos y pandillerismo".

Tercera parte/El retruécano de la ley Nueva elección en 2008. Lucha en el "lodazal" contra Alejandro Encinas. Casillas fantasma y zapato, boletas quemadas, compra de votos, guerra sucia en los medios. En la desesperación, don Chucho mandó al diablo a las instituciones partidistas que calificaron los comicios internos de fraudulentos, y buscó la protección judicial al "chuchinero", como fue calificada la disputa por su rival.

Fue difícil. Pero se le hizo. Tres elecciones después, don Chucho perfeccionó sus artes: sin buscarle chichis a las víboras, como aconseja el perredista, el Tribunal Electoral federal reconoció al “cochinero” como una de las formas de la democracia en México.


Así, a los gritos desaforados de detractores de que gana como pago a los servicios prestados al gobierno de Calderón, El Señor de los Ofidios, sin vergüenza, puede simplemente responder: "Haiga sido como haiga sido".

GANAR AL ESTADO

Casi todas las fuerzas políticas y mediáticas del país se inclinaron ante la decisión de Felipe Calderón de nombrar a Fernando Gómez Mont sucesor del fallecido Juan Camilo Mouriño en la Secretaría de Gobernación.
El currículum del abogado panista fue motivo de elogio. Particularmente, se resaltaron sus litigios exitosos contra el Estado, al que ahora representa.

Así, más meritoria parece su carrera cuanto más merma se causó al Estado en los tribunales al defender a personajes como Rogelio Montemayor, Carlos Romero Deschamps, Raúl Salinas y Carlos Cabal Peniche, entre otros acusados por la PGR por asuntos como el Pemexgate, delitos de cuello blanco e incluso asesinato.

Ante tal bienvenida al abogado Gómez Mont, el ocupante de Los Pinos debiera aprovechar e iniciar otros ajustes en su gabinete. Siguiendo la lógica del nombramiento en Gobernación, he aquí algunas sugerencias:

PGR Por qué no designar como titular a la abogada Silvia Raquenel Villanueva, cuyos clientes no tienen que envidiar la fama pública a los de su colega panista. Entre otros, ha defendido a Carlos Reséndez Bortoloussi, acusado por la PGR de ser cerebro financiero del cártel del Golfo.

SEP Por qué no nombrar de una vez por todas a Elba Esther Gordillo, lideresa del sindicato del magisterio. Aunque, para ser justos, allí se ha avanzado. No olvidar que el yerno de la profesora ocupa la subsecretaría de Educación Básica.

Energía Candidato natural a ocupar la secretaría, tras la reforma petrolera, es, ni dudarlo, Carlos Romero Deschamps, quien cuenta entre sus méritos estar involucrado en el Pemexgate, haber sido cliente VIP del nuevo secretario de Gobernación y vivir como millonario, siendo un simple "chofer" en Pemex.

Trabajo ¿Le gusta Napoleón Gómez Urrutia, alias Napito?

SSP federal Bueno, allí ya ni le muevan.
La “nueva generación” de políticos esperanza para México, a la que aludió Calderón en el homenaje luctuoso a su amigo Mouriño, puede esperar, por el bien del país.




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