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Campos Elíseos
Katia D Artigues
El Universal

Viernes 07 de noviembre de 2008



Ayer Calderón dio el último adiós a su amigo Juan Camilo Mouriño en el Campo Marte.

Toda —en serio— la clase política estuvo ahí en señal de unidad en el duelo: gobernadores —incluido Marcelo Ebrard—, ministros, embajadores, líderes sindicales, presidentes de partidos. Todo el gabinete.

Una pregunta incómoda: ¿cuándo termina el duelo y comienza la política? ¿Cuándo hay nuevo secretario de Gobernación? A eso llegamos después…

En la mañana, en el centro del campo estaban féretros de los funcionarios federales y de la tripulación; recibieron los honores correspondientes (de los otros, que murieron en tierra, poco se acuerdan las autoridades). Menos mal que fue en la mañana: en la tarde hubiera sido imposible por una falsa alarma de una megafuga de gas por la zona.

El discurso fue emotivo, pero de Estado, por llamarlo así. Supongo que escucharemos a otro Felipe Calderón el domingo en el PAN, en otro homenaje programado (además del que harán en Campeche) para el único secretario de Gobernación muerto en funciones tras el caso de Héctor Martínez Pérez, en el sexenio de Miguel Alemán… curiosamente, también campechano (eso lo recordó ayer el memorioso Miguel Ángel Granados Chapa).

No era para menos.

Con un rostro que dejaba ver que hubo llanto, Calderón dijo bíblicamente (paráfrasis del Evangelio de San Mateo) que Mouriño fue objeto de críticas y calumnias:

—Son bienaventurados los limpios de corazón, bienaventurados los pacíficos, bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, bienaventurados los que por causa de lo alto son insultados y se diga toda clase de calumnias en su contra, porque su recompensa será grande.

También —y eso es importante— que él es uno de los principales interesados en saber qué pasó.

En ese sentido hay pasos claros. Insisto en la importancia de acabar con cualquier duda de que haya existido un sabotaje. Ya se ha dicho mucho, pero es importante recalcar que es un asunto de seguridad nacional. Hablamos del segundo de a bordo del gobierno nacional.

Y si le sumamos que los mexicanos, lo sabemos, somos sospechosistas (Creel dixit), pero con motivos de casos pasados. Mmm.

Además, el contexto que no se puede evitar: estamos en una guerra contra el narco. Y en el avión en que viajaba Mouriño iba —error de seguridad básico— José Luis Santiago Vasconcelos.

¿Quién era él? Se le recuerda como el zar antidrogas. El que se aventó la “bronquita” de extraditar a narcos importantes. Que tuvo muchos atentados en su contra (sabíamos de algunos, de otros seguramente no). Que un cártel ofreció 5 millones de dólares por él. Dejó a un lado las sospechas sobre él con un solo hecho: si así hubiera sido, ¿lo velarían en una instalación militar?

Luis Téllez dio un dato importante: las instalaciones donde estuvo el avión siempre estuvieron resguardadas. Esa era otra duda.

En este caso es interesante lo que ha hecho el gobierno. La PGR con su Operación Limpieza no está para bollos y entonces llamaron a expertos internacionales, así como autoridades de la empresa Lear Jet.

Prometió que habría más datos de las investigaciones en cinco días, un récord internacional. Pero ahora, ¿si los distintos peritajes dicen cosas contrarias? Ya veremos, porque este tipo de investigaciones —al menos en el estándar— suelen tardar no semanas, sino meses. Ana María Salazar —experta en estos temas— decía que puede tardar hasta un año: es decir, en 2009, fecha de guerra, digo, elecciones intermedias…

Ahora, la vida del país sigue. Hay un proceso electoral en marcha y una guerra contra el narco. Será interesante ver cuál será la apuesta de Calderón del próximo o próxima secretari@ de Gobernación. Puede tener cuatro alternativas:

Uno.— Alguien del círculo cercano. Es su “marca”. Así llegaron Mouriño y Gerardo Ruiz Mateos a carteras. Entonces, el candidato más lógico sería César Nava. Y un error, creo yo. Se desprotege en Los Pinos…

Dos.— La apuesta “dura”, casi militar. Pasaría si tras algunos días tiene la sensación —no la prueba— de que hubo algo raro en el avionazo.

Tres.— La experiencia. Aquí hay un candidato que se menciona: Diódoro Carrasco, ex secretario de Gobernación y recientemente llegado a las filas del PAN, aunque sin afiliarse.

Cuatro.— La búsqueda del consenso. Alguien que pueda, más que nada, dialogar (algo que ha buscado Calderón). Ahí hay dos: Josefina Vázquez Mota o Juan Molinar Horcasitas.

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