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| Economía Informal |
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Macario Schettino El Universal Jueves 06 de noviembre de 2008 |
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Le comentábamos el martes sobre el origen del orden “Bretton Woods” y de cómo éste se derrumbó al inicio de los 70. Y la pregunta con que nos quedamos es por qué, si ese orden permitió crecimiento con baja inflación, fue abandonado en medio de una profunda crisis mundial en los años 70. El problema de ese orden es relativamente sencillo de encontrar. Estados Unidos tenía una ventaja sobre el resto de los países al ser el único que tenía un tipo de cambio fijo con respecto al oro. Todos los demás países lo tenían con el dólar, de forma que la asimetría del sistema le permitía a Estados Unidos varias ventajas, desde financiarse con más facilidad hasta ganar el señoriaje, que es la ganancia por imprimir dinero. Sin embargo, esta asimetría también ponía en riesgo al gobierno de Estados Unidos, puesto que mantener el tipo de cambio fijo contra el oro (35 dólares la onza) le obligaba a no utilizar su política monetaria. Dicho de otra forma, Estados Unidos no podía hacer más dinero del que sus reservas le permitieran, lo que implica que, en cierta forma, quedaba amarrado. Ahora bien, a la mitad del periodo de Bretton Woods, hacia 1958, el panorama cambia de manera muy significativa. Después de 12 años de terminada la Segunda Guerra, el sistema de convertibilidad (oro-dólar-los demás) queda instalado en forma, y al mismo tiempo empieza a extenderse la idea de que el Estado es responsable del bienestar de las personas de una forma que nunca antes se había alcanzado. No es que por primera vez se achacara al Estado el bienestar, sino que ahora se exigía que hubiese un compromiso concreto del Estado. Es muy posible que esta idea haya crecido conforme la política económica activa tenía resultados, fortaleciendo la creencia en que bastaba con que el gobierno decidiera gastar para que la economía creciese. Había, sin embargo, una confusión entre el crecimiento y la productividad que se ha quedado en la mente de muchas personas. Se puede crecer sin ser más productivo cuando existen recursos de sobra. Si un país tiene tierra disponible, mientras la va ocupando crece sin ser más productivo, sino sólo porque usa más tierra. Lo mismo ocurre cuando hay maquinaria ociosa, cuando se empieza a utilizar se produce más, pero no por ser más productivo, sino porque se utilizan más recursos. El caso es que después de la Segunda Guerra hay recursos disponibles, en tierra, capital y trabajo, que conforme se van utilizando producen crecimiento económico, pero no mayor productividad. El problema de esta confusión es que, cuando los recursos se utilizan por completo, deja de haber crecimiento, y todo mundo se sorprende. Para el inicio de los 70, pues, la exigencia de que el Estado se haga cargo del bienestar de sus pobladores implica un gran crecimiento en el gasto público. El Estado será responsable de la educación, la salud, la seguridad social e incluso en algunas partes de que haya empleo para todos, o vivienda. Demandas muy grandes, que normalmente van acompañadas de una mayor recaudación de impuestos (en México no, pero no hablamos de México ahora). Pero cuando el Estado se obliga a cumplir con todas esas obligaciones, hay un problema de planeación muy serio, al que entonces nadie hizo caso. Si los servicios de salud mejoran, entonces la gente no se muere, y cuesta mucho más atenderlos. Puede sonarle feo, pero así es. Si un gobierno es exitoso en dar servicios básicos de salud, la gente deja de morir de enfermedades infecciosas, pero sólo para tener enfermedades crónicas, mucho más costosas y duraderas. Y algo parecido ocurre en educación; mientras mejores resultados se tengan en los niveles básicos, mayor será la demanda de educación superior, mucho más costosa. Y para los países comprometidos a dar empleo, el tamaño del problema es inmenso. Durante la década de los 60 los gobiernos incrementaron su gasto para cubrir estas demandas, y algo parecido hicieron con los impuestos, pero con mayores dificultades. Muchos empezaron a tener un déficit demasiado grande, que tuvieron que financiar imprimiendo más dinero. Esto no provocaba un gran crecimiento en los precios porque, al tener todas las monedas un tipo de cambio fijo con el dólar, y éste con el oro, aparentemente no había un exceso de dinero en circulación. Pero Estados Unidos también había entrado en el proceso del Estado de bienestar, aunque en su caso sea mucho menos extenso que en Europa. En los años sesenta, Estados Unidos incrementa notoriamente su gasto en cuestiones sociales, a lo que se suma el gasto de la guerra en Vietnam. Para 1971, Estados Unidos no puede sostener más la convertibilidad del dólar en oro, y el sistema se derrumba. Dicho de otra forma, Bretton Woods termina porque todos empiezan a gastar más de lo debido. Porque creían que eso significaba crecer, cuando sólo significó acabar con los recursos ociosos. Para el inicio de los 70, todas las economías estaban excedidas, y la inflación se salió de control. El fin de un sistema que tantos añoran, pero que no podía funcionar con demandas tan grandes. Y de eso, la verdad, nunca se acuerdan.
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