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Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Domingo 26 de octubre de 2008



Calderón felicita al PRD

AMLO va contra su partido

Desde que hace poco más de un año arrancó la discusión pública de una eventual reforma petrolera, los ciudadanos hemos sido víctimas de una grosera simulación en la que han participado desde el gobierno federal hasta el más pequeño de los partidos políticos.

Y es que tanto azules como amarillos y tricolores, y sus respectivos centros de poder —gobiernos y grupos parlamentarios— fueron parte activa de la discusión y debate de la casi concluida reforma petrolera que, al final de cuentas y a la distancia, aparece como una gran simulación en la que todos jugaron con el dedo en la boca de los ciudadanos. ¿De qué estamos hablando?

Poca cosa. Los tres grandes partidos, sus gobiernos, liderazgos y legisladores usaron el tema petrolero —más que para resolver el mayor de los problemas nacionales— para escenificar una escaramuza de vencidas políticas que —ante la menguada reforma de Pemex resultante— terminó en batalla campal de suma cero. Pero vamos por partes.

HISTORIA SIN PASIÓN

Si dejamos atrás pasión, fanatismo y religión en que se convirtió la disputa petrolera, veremos que “el parto de los montes” que presenciamos estaba anunciado desde hace más de un año. Aquí revelamos una de las primeras escaramuzas entre AMLO y Los chuchos por una iniciativa petrolera que desde mediados de 2007 habían pactado PRI y PRD, y de la cual estaba muy cerca el PAN. Va la evidencia.

En el Itinerario Político del 28 de mayo de 2007, titulado “¡Qué se hunda Pemex!”, expusimos parte de lo que hoy es esa reforma. En un encuentro con sus leales, en los primeros meses de 2007, AMLO peleó fuertemente con los senadores Graco Ramírez y Carlos Navarrete —a los que hoy se acredita buena parte de la paternidad de la reforma— porque, igual que hoy, se negó a aceptar una reforma negociada con el PRI para reformar Pemex, en idénticos términos a los que hoy se aprobaron en el Congreso.

Así decía el texto: “Los senadores le habían explicado a AMLO que estaba terminada una propuesta de reforma para fortalecer las finanzas de Pemex, para reorganizar su estructura, su relación con el sindicato, su papel en el mundo… en términos generales, para salvarlo de la quiebra. Y lo más importante, que en el proyecto estaba de acuerdo el PRI y la reforma incluía una buena parte de las propuestas de campaña de AMLO… los senadores Carlos Navarrete y Graco Ramírez argumentaron sobre la urgencia de rescatar a Pemex, sobre la posibilidad de ‘jalar al PAN’, la conveniencia de arrebatarle al gobierno de Calderón ‘la joya de la corona’ que es Pemex, y romper el binomio PRI y PAN en el Congreso”.

Con muy pequeñas variantes, ese mismo acuerdo que le mostraron los senadores a AMLO a principios de 2007 es el que se aprobó el pasado jueves en el Senado. Es decir, durante más de un año, PRI, PAN y PRD pelearon no por mejorar Pemex, sus finanzas, sus reservas, sino por hacerse el mayor daño posible, por un lado, y por evadir los golpes del adversario, por el otro.

SECRETO A VOCES

Bueno, el asunto estaba tan claro —por supuesto, para aquellos que quisieran verlo— que el Itinerario Político del 28 de febrero de 2008 —hace ocho meses— fue titulado de la siguiente manera: “Pemex, la reforma va”. Y no, no se trataba de una premonición y menos de una visión con bola de cristal —a pesar de que muchos nos insultaron—, sino de exhibir las evidencias sobre un acuerdo que por lo bajo muchos conocían, pero que todos negaban.

Dijimos ese 28 de febrero de 2008: “Contra lo que muchos suponen, la reforma energética que anunció el gobierno de Felipe Calderón está más viva que nunca. El problema y la discusión a futuro no será si habrá o no reforma energética, sino que el debate estará en el tipo de reforma que se pudiera construir; si la enmienda será del alcance que muchos suponen, si cumplirá los requerimientos del país o si de plano terminará en un mero ‘brochazo’ o ‘una manita de gato para taparle el ojo al macho’… porque hoy los perredistas de casi todas tendencias tienen claro que sería suicida alejarse del diálogo y los acuerdos con PRI y PAN”. Y en efecto, así ocurrió.

El 31 de marzo de 2008 regresamos al tema, y entonces el Itinerario Político se llamó: “Minirreforma vs. golpe de Estado”. Dijimos: “Sí se aprobará una reforma energética sin cambios a la Constitución, que no incluirá los llamados contratos de riesgo y tampoco meterá mano en la denominada renta petrolera… y no sabemos si es miedo, y aunque mueve a risa, tampoco sabemos si es precaución. Pero lo que sí se sabe es que ni el PRI y menos el PAN —y tampoco el gobierno de Calderón— van a caer en la provocación de lo que ya identifican como un ‘golpe de Estado’ promovido por ‘el legítimo’”. Hasta aquí la cita.

La estrategia del gobierno de Calderón, como queda claro con las evidencias mostradas hace ocho y siete meses, respectivamente, fue de un manejo doble. Por un lado apareció la estratagema mediática del “techo” —con el tesorito y todo—, que pretendió elevar el costo de la reforma, al hacerla ver como la más perversa de las propuestas entreguistas y privatizadoras. ¿Para qué dar esa imagen? Simple, porque era el “techo” del PAN para la negociación y que, como puede verse, es del mismo tamaño que la rebelión de AMLO. Es decir, la reforma propuesta por Calderón sería del tamaño de la rebelión de AMLO. Sólo de esa manera sería canjeable la una por la otra. Y lo curioso es que la fanaticada amarilla se tragó completito el anzuelo.

Al margen del escándalo mediático, lo cierto es que en las negociaciones duras, a nivel del suelo, el PAN le entregó al PRI —y de éste pasó al PRD— lo que sería su “piso” de la reforma. Es decir, el extremo de lo mínimo que estaría dispuesto a aceptar en la reforma. Y entre esos mínimos estaba que el Presidente no reclamaría paternidad alguna de la reforma. Y si se dieron cuenta, apenas el pasado viernes Calderón le dio todo el mérito de la reforma a legisladores del PRD y del PRI.

BERRINCHE ANUNCIADO

El 27 de marzo de 2008 volvimos al tema en este espacio, para aportar más elementos de lo que ya para entonces era “un circo”. Dijimos: “Se puede presentar la reforma que se quiera, incluso una inocua, pero AMLO gritará lo mismo: ‘¡privatización, privatización!’… mientras que está claro que el presidente Calderón quiere ganar la imagen y la popularidad de haber derrotado al legítimo. Y como los azules no son suicidas ni comen lumbre, van a presentar una reforma ligera, suficiente para ganar la partida”.

López Obrador cumplió, hizo otro de sus simpáticos berrinches, simuló una votación de “la gente” para rechazar la reforma, y sigue en lucha —ahora contra la crisis financiera global—, mientras que Calderón aceptó una reforma ligera, que anula la confrontación, y hasta se da el lujo de felicitar al PRD por la reforma. ¿Quién gana y quién pierde? Al tiempo.

EN EL CAMINO

Buenas noticias mediáticas. El Proyecto 40, de Televisión Azteca, cumple tres años, se consolida como “La voz ciudadana” y es alternativa a la televisión abierta… Al tiempo, Grupo Milenio incursiona en la televisión de paga, con una propuesta basada en la información las 24 horas del día y los 365 días del año. Muy pronto aparecerá la propuesta televisiva de EL UNIVERSAL.



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