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| Mirada al mundo |
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Paul Krugman El Universal Martes 21 de octubre de 2008 |
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Ahora está claro que rescatar a los bancos es sólo el principio: la economía no financiera también necesita ayuda desesperadamente. Y para proporcionar esa ayuda, tendremos que hacer a un lado ciertos prejuicios. Es políticamente rentable despotricar contra el gasto del gobierno y demandar responsabilidad fiscal. Pero por ahora, incrementar el gasto del gobierno es justo lo que recetó el doctor, y las preocupaciones sobre el défict presupuestario deben ser desechadas por el momento. Antes de llegar ahí, hablemos de la situación económica. Tan sólo en esta semana, nos enteramos de que las ventas minoristas se despeñaron, al igual que la producción industrial. El desempleo se ubica en niveles de recesión, y el índice de manufactura de la Fed de Filadelfia está cayendo a su ritmo más fuerte en casi 20 años. Todos los indicios auguran una depresión económica que será desagradable, brutal y larga. ¿Qué tan desagradable? La tasa de desempleo ya está por encima de 6% (y medidas más amplias de subempleo se ubican por encima de 10%). Es prácticamente seguro que la tasa de desempleo superará 7%, y muy probablemente 8%, lo que convertirá a esta recesión en la peor en un cuarto de siglo. ¿Por cuánto tiempo? De hecho puede ser bastante. Piense en lo que pasó en la última recesión, que siguió a la explosión de la burbuja tecnológica de finales de los 90. En la superficie, la respuesta de política pública a esa recesión aparentemente fue un éxito. Aunque hubo temores generalizados de que Estados Unidos experimentaría una “década perdida” estilo Japón, eso no sucedió: la Reserva Federal instrumentó una recuperación de esa recesión recortando las tasas de interés. Pero la verdad es que nos parecimos a Japón durante mucho tiempo; la Fed sufrió para hacer funcionar las cosas. A pesar de repetidos recortes a los intereses, que redujeron la tasa de fondos federales a apenas 1%, la tasa de desempleo simplemente siguió aumentando; pasaron más de dos años antes de que el panorama laboral comenzara a mejorar. Y cuando finalmente llegó una recuperación convincente, fue sólo porque Alan Greenspan se las arregló para reemplazar la burbuja tecnológica con una burbuja inmobiliaria. Ahora la burbuja inmobiliaria también explotó, dejando un panorama financiero caótico. Incluso si los actuales esfuerzos por rescatar al sistema bancario y descongelar los mercados de crédito funcionan —y, aunque es demasiado temprano para decirlo, los resultados iniciales han sido decepcionantes—, es difícil imaginar que el mercado inmobiliario se recupere pronto. Y si hay otra burbuja esperando para hacer su aparición, esto no es algo obvio. Por lo tanto, esta vez será aún más difícil para la Fed hacer funcionar las cosas. En otras palabras, no hay mucho que Ben Bernanke pueda hacer por la economía. Puede y debe recortar las tasas de interés todavía más, pero nadie espera que esto tenga más resultados que un ligero impulso económico. Por otro lado, hay mucho que el gobierno federal puede hacer por la economía. Puede extender los beneficios a los desempleados, lo que ayudará a las familias en problemas a enfrentar la situación y pondrá dinero en manos de la gente con probabilidades de gastarlo. También puede ofrecer ayuda de emergencia a gobiernos locales y estatales para que no se vean forzados a aplicar recortes al gasto severos, los cuales degradan los servicios públicos y destruyen trabajos. Puede adquirir hipotecas (pero no a valor nominal, como propuso John McCain) y reestructurar los términos para ayudar a las familias a conservar sus casas. Y también es un buen momento para gastar seriamente en infraestructura, que de cualquier manera necesita mucho el país. El argumento más común contra el uso de la obra pública como estímulo económico es que tarda demasiado: para cuando se completa la reparación de un puente y la mejora de las vías férreas, la crisis acabó y ya no se necesita el estímulo. Bueno, ese argumento actualmente no tiene fuerza, dado que las posibilidades de que esta crisis termine pronto son prácticamente nulas. Entonces echemos a andar esos proyectos. ¿Hará la próxima administración lo necesario para resolver la crisis económica? No si McCain logra una sorpresiva victoria. Lo que necesitamos en estos momentos es más gasto del gobierno, pero cuando a McCain se le preguntó en uno de los debates cómo enfrentaría la crisis económica, respondió: “bueno, lo primero que tenemos que hacer es poner el gasto bajo control”. Si Obama se convierte en presidente, no adolecerá de la misma acción refleja de oposición al gasto. No obstante, enfrentará a un coro de viejos miembros del sistema diciéndole que tiene que ser responsable, que los grandes déficits que sufrirá el gobierno el próximo año si hace lo correcto son inaceptables. Debe ignorar a ese coro. Lo responsable, en estos momentos, es darle a la economía la ayuda que necesita. No es éste el momento de preocuparse por el déficit. (Traducción: Mariana Toledo)
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