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Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Domingo 19 de octubre de 2008



La posible, la mejor

¿Se quedará quieto AMLO?

El 27 de noviembre de 2007 titulamos el Itinerario Político de esa fecha de la siguiente manera: “Si privatizas lo haces presidente...”. Nos referíamos a una conversación que en los primeros meses del nuevo gobierno sostuvieron el presidente Calderón y los nuevos jefes del PRI.

En el encuentro, el mandatario expuso a los tricolores su deseo de reformar el 27 constitucional, “para abrir Pemex a la inversión privada”. Y al final, se alzó la voz de Manlio Fabio Beltrones: “Si propones una reforma constitucional para privatizar, no cuentes conmigo”. El Presidente quiso saber la razón de esa tajante negativa, y el líder de los senadores del PRI fue contundente: “Si vamos por la reforma constitucional, y si privatizas Pemex, en ese momento haces presidente a López Obrador”. Ahí terminó la reunión.

un año de espectáculo

De octubre de 2007 —cuando empezó la discusión pública de una eventual reforma petrolera— a octubre de 2008 hemos visto de todo en torno a la reforma; desde la presión del PRI para que el gobierno de Calderón fuera el responsable de enviar la iniciativa, pasando por quienes argumentaron que fue tardía la presentación de la misma por parte del gobierno, sin olvidar la guerra desatada contra Juan Camilo Mouriño por parte del legítimo —Mouriño fue llevado a Gobernación a negociar la reforma petrolera—, el asalto a la tribuna por los amloístas dizque para evitar el albazo, los amagos de una revuelta, el inútil e interminable foro que llevó a cientos de opinadores cuyos puntos de vista nadie tomó en cuenta.

Aquí regresamos al tema el 10 de abril de 2008 y —en medio de severas críticas— concluimos que al final del circo mediático que desató el tema petrolero, de los intentos de venganza contra el gobierno, al que desde entonces pretendían derribar, de la polarización y el odio social, los tres principales partidos llegarían a un acuerdo y habría reforma. Así lo dijimos. “Al final, y a pesar de jaloneos, gritos y sombrerazos, la reforma petrolera será aprobada por PRI y PAN, y avalada por un grupo de los amarillos: Los Chuchos. Y si no, al tiempo”. Y el tiempo nos dio la razón. Y es que a partir de mañana lunes, y acaso en las próximas dos semanas, el Congreso de la Unión —sus cámaras de Diputados y Senadores— vivirá un momento histórico cuando una mayoría abrumadora —si no es que hasta por consenso— apruebe un paquete de siete reformas a igual número de leyes reglamentarias de las industrias petrolera y energética, que no significará privatización alguna, que será una plataforma de contención de lo que para muchos es la ruina de Pemex, y que confirmará que, a pesar de todo, existe vida en instituciones como el Congreso, que no es una sucursal de Marte. Sí hay vida, algo se mueve.

En tanto no se conozca el paquete completo de reformas, nadie estará en condiciones de pulsar, evaluar, analizar y concluir sobre el tamaño, los alcances y el horizonte de la reforma. Algunos dicen que será una reforma “deslavada”, “descafeinada”, que “será la reforma del PRD”, que “no queda nada de la de Calderón”, que el “PRI es el gran ganón”… Misa si se quiere.

todos ponen…

Por los indicios no creemos que sea una reforma menor. Está claro que no es lo que muchos habrían deseado, lo ideal para azules, lo deseable para amarillos, y hasta lo tolerable para tricolores. Lo que se quiera y mande. Pero también es cierto que la mejor reforma es la reforma posible, por un lado. Y por otro, la reforma posible es mejor que nada. Mejor incluso que una revuelta o un trampolín político.

Lo que pocos saben —y los que lo saben se hacen desentendidos— es que en todos los congresos del mundo las iniciativas de reforma que llegan —que se discuten, analizan y aprueban— son muy distintas a las que salen. En no pocos casos, el resultado es un verdadero Frankenstein legislativo, porque la pluralidad permite que todos le metan mano y los equilibrios políticos imposibilitan que se alcance una reforma ideal. En el caso de la petrolera, hablamos de una reforma que desde hace meses había sido trabajada por el PRI y un sector del PRD —sobre todo Los Chuchos—, a partir de dos razones político estratégicas. Resulta que esos “primos hermanos” que son los amarillos y tricolores sabían desde el gobierno de Fox que el tema petrolero era inevitable; conocían de manera puntual el diagnóstico y entendían que si no hacían algo, era inevitable la ruina de Pemex en sólo un quinquenio.

Los dueños del PRI intentaron vender caro su amor petrolero al PAN y al gobierno de Calderón —porque sabían que ha sido la diosa del Estado—, en tanto que los amarillos y su legítimo creen que se trata de una herencia cardenista que sólo ellos saben cómo atender. Pero en lo que puede ser la más importante decisión de Estado en décadas —la reforma petrolera— gravitaba un riesgo que pocos vieron, pero que el grupo de Los Chuchos —antagónico al legítimo—, no sólo vio, sino que evaluó y encaró de manera frontal. Nos referimos a la decisión estratégica que asumieron Los Chuchos de romper la alianza PRI-PAN en materia de reforma petrolera. Es decir, que cuando ese sector de los amarillos se metió a la reforma petrolera en el Congreso, no sólo rompió la alianza entre azules y tricolores, entre el PRI y el gobierno de Calderón, sino que convirtió al PRD en el verdadero “fiel de la balanza” en la materia. Y es que más allá de estridencias y perorata callejera, de ridículas adelitas, de fascistoides desplantes contra las instituciones y trasnochados nacionalismos, en un gobierno panista como el de Calderón —en donde los opositores son el PRI y su primo el PRD—, la alianza natural en temas históricos como el petrolero era precisamente entre amarillos y tricolores. Pero cegados por los odios, los radicales amarillos se negaron a ver esa realidad. Hoy el PRI y el PRD son el motor de una reforma que Calderón envió al Congreso. Todos resultarán gananciosos.

…Y QUÉ HARÁ AMLO

Esa es la gran pregunta. Por un lado, como se perfila la reforma, está claro que le habrán quitado todo el parque al legítimo, ya que en las partes delicadas donde pudiera hablarse de privatización, los legisladores harán un trabajo fino para darle la vuelta. Por el otro extremo —como ya lo dijo Carlos Navarrete— todo indica que lo que sería un triunfo legislativo para el PRD —la reforma petrolera— será una derrota política y estratégica para AMLO. ¿Por qué? Porque lo realmente importante para el tabasqueño no era que en una eventual reforma petrolera se pusiera el peligro la “renta petrolera”. No, lo importante para él era la “renta política de la reforma petrolera”. En realidad AMLO le apostó —desde el inicio de la discusión— a que el PRD se saliera del debate petrolero y de la reforma —por eso habló de cero negociación con el gobierno, a lo que hoy Carlos Navarrete ha respondido con “una interlocución con el gobierno en materia petrolera”— porque AMLO mantenía viva su lucha rumbo al 2012, con un partido amarillo polarizado de la alianza PRI-PAN.

Pero cuando Los Chuchos rompieron la alianza PRI-PAN, y cuando se apoderan del estandarte y las negociaciones de la reforma petrolera, en realidad lo que consiguieron fue reventar la renta política que buscaba AMLO con la reforma petrolera. Ya no tendrá estandarte rumbo al 2012. ¿Y entonces qué hará? Recurrirá a la estrategia de “Pedro en La Pasión de Cristo”. Es decir, negará al PRD, el triunfo legislativo de ese partido, si no es que satanizará a Los Chuchos. Saldrá a la calle para gritar algo, lo que sea contra la reforma. ¿Por qué? Porque otra vez, igual que en julio de 2006, no reconocerá que se equivocó. Y es que otra vez fue derrotado. Al tiempo.



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