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Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Jueves 16 de octubre de 2008



Pocos saben que luego de meses de discusión pública, la pelea por la reforma petrolera ya no es de los opositores amarillos y tricolores contra el gobierno de Calderón.

Más aún, de la iniciativa que envió al Congreso el Presidente queda muy poco, si no es que nada. Lo que está cerca de ser aprobado por una mayoría en el Congreso —en las dos cámaras— es lo más parecido a una iniciativa que desde los primeros meses de 2007 acordaron un puñado de legisladores del PRD y el PRI, quienes estuvieron a punto de enviarla al Congreso, incluso con el apoyo del PAN, que no la veía mal. ¿Pero entonces qué fue lo que pasó?

Pues resulta que en el extremo de la locuacidad y las ambiciones desmedidas —comprobadas en la descarnada pelea por Guerrero, que dejó hecho jirones al PRD—, la disputa que hoy endereza Andrés Manuel López Obrador contra la dizque privatización de Pemex no es contra la iniciativa de Calderón, sino contra la reforma negociada por el PRD —Los Chuchos y aliados— que, muertos de miedo armaron la reforma, la negociaron, pero al final se negaron a votarla en comisiones. No sea que si votan a favor de su reforma, desaten la furia divina.

Y si existen dudas, sólo basta con hacer un seguimiento elemental de las declaraciones de diputados y senadores amarillos —entre ellos Carlos Navarrete y Graco Ramírez— quienes recio y quedito, en voz baja y a gritos, reclaman la paternidad de la reforma que la semana entrante será enviada al pleno en el Senado, y que pudiera ser aprobada por PRI, PAN y PRD. Carlos Navarrete ha advertido, incluso, que no volverán a perder lo que ya es un triunfo, en relación a que AMLO pretende derribar la reforma diseñada, articulada y negociada del PRD.

¿Por qué entonces la reforma petrolera es impugnada por AMLO, si es producto de las propuestas del PRD o de Los Chuchos?

Porque como lo hemos dicho aquí desde hace por lo menos 15 meses, a López Obrador no le importa ni Pemex ni la privatización de la empresa petrolera, ni el saneamiento petrolero, ni el PRD, y menos la supervivencia de su partido, ni nada. Lo que le importa es su proyecto político personalísimo. Es decir, que estaría de acuerdo sólo con una reforma petrolera; la suya. No importa la del PRD, ni la del PRI y menos la del PAN.

¿Y por qué sólo le importa su iniciativa? Porque AMLO se cree el salvador de la patria —si no es que de la humanidad— y pregona que se avecina el fin del mundo, de México, salvo, ¡claro!, si los insensatos reconocen que él es el iluminado, el que debe ser ungido como mesías, el salvador de la patria, en su modalidad de presidente de los mexicanos. “Ciudadanos necios que no entendéis que Andrés es el único salvador de la patria y que Pemex se hundirá si no llega la salvadora mano tabasqueña”.

En realidad vivimos la confirmación de lo que aquí revelamos en el Itinerario Político del 28 de mayo de 2007 —con el título: “¡Que se hunda Pemex!”, que reproducimos en sus partes medulares.

“Apenas cerró la puerta del pequeño despacho, López Obrador estalló furioso: “¿Qué les pasa... trabajan para el espurio o para el movimiento?”. Los senadores le habían explicado que estaba terminada una propuesta de reforma para fortalecer las finanzas de Pemex, para reorganizar su estructura, su relación con el sindicato, su papel en el mundo... en términos generales, para salvarlo de la quiebra. Y lo más importante, que en el proyecto estaba de acuerdo el PRI, y la reforma incluía una buena parte de las propuestas de campaña de AMLO.

“¡No, no... no se metan con Pemex, ese es mi tema! A Pemex lo vamos a arreglar cuando lleguemos a la Presidencia”, reclamó agitado. Pero en el otro extremo no todos se quedaron callados. Carlos Navarrete y Graco Ramírez argumentaron sobre la urgencia de rescatar a Pemex… de romper el binomio PRI-PAN en el Congreso.

A gritos, López Obrador insistía: “¡No, no, no, nada que fortalezca al espurio!”, mientras que los senadores insistían en fortalecer Pemex. “¡No, Andrés, no podemos permitir que se hunda Pemex... por el bien del país, por el bien de todos!”, dijo Navarrete en abierto reto al presidente legítimo. Pero la respuesta de Obrador dejó fríos, paralizados a sus interlocutores. “¡No me importa que se hunda Pemex... si se tiene que hundir, que se hunda... si tenemos que incendiar pozos, los incendiamos...! pero no vamos a hacer nada que fortalezca al espurio”. Hasta aquí la cita.

Hoy AMLO lanzará su movimiento contra una iniciativa del PRD para “rescatar Pemex”. Porque si no es él, nadie salvará a Pemex. Mejor que se hunda… ¿No que no?



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