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José Carreño Carlón
El Universal Jueves 09 de octubre de 2008 |
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Quien desordena su casa hereda viento, advierte el texto bíblico que inspira la obra de teatro y las dos versiones de la película Heredarás el viento. Es ésta una advertencia que podría hacerse a los líderes mundiales y nacionales ante la crisis de la inseguridad económica global, que en nuestro país viene a sobreponerse a la crisis de la inseguridad física de la población. Tardíamente, las autoridades financieras reaccionaron a la caída del peso con la inyección de 2 mil 500 millones de dólares por parte del Banco de México. Más tarde aún, Hacienda y Banxico parecían ayer dispuestos a deponer sus diferencias y recelos y a enviar un mensaje conjunto de tranquilidad, que debió haberse producido después del envío de este texto. Y habrá que ver si ese mensaje está en línea con el que dio después de mediodía el presidente Felipe Calderón, quien finalmente reconoció el impacto de la crisis internacional sobre la economía nacional, y con el que el propio Calderón produciría en la tarde-noche. El mayor riesgo, en términos de comunicación, es que se produzca una decodificación aberrante de esos mensajes, como llama Umberto Eco al fenómeno por el cual las audiencias los interpretan de manera contraproducente respecto al sentido buscado por los emisores. Ello ocurre cuando emisores y receptores parten de códigos contrarios. Y allí están las autoridades financieras estadounidenses y su amargo descubrimiento de que no hay mensaje que logre paliar el colapso y de que sus mercados seguían hundiéndose a pesar de un nuevo anuncio de reducción de tasas. Y de que no basta la lógica cuando el miedo toma la delantera. Y de que en este estado los inversionistas primero huyen y después averiguan, como lo ilustra la portada de The New York Times de ayer. Banalidades anticrisis Pero a diferencia del resto del mundo, donde la tormenta financiera ha desplazado de la agenda la mayor parte de las veleidades (incluso el debate Obama-McCain de anteanoche pasó en EU a segundo plano), aquí se sigue convirtiendo en viento el legado de los mexicanos mientras nuestra agenda cumplía ayer, hasta antes de la corrida contra el peso, una semana atrapada en el tema de los chavos que le gritaron al Presidente en Palacio. Menos que el viento, en un primer sentido, los encargados de la gestión de las crisis parecen dispuestos —en todos niveles— a heredar el caos a sus descendientes. Pero también lo heredarán —en el sentido de que recibirán esa herencia desastrosa— los políticos que en su ambición de poder se montan en las crisis nacionales como si fueran a sacar alguna ventaja de ellas, por el daño que ciertamente les acarreará a los gobernantes de hoy y a su partido. En ese cálculo suicida están quienes saturan la agenda con el futurismo político más banal, a partir de un confuso ruido mediático para ganar espacios informativos y de opinión con lugares comunes y frases hechas en forma de propuestas presupuestales y planes anticrisis. Cuentas de lecheras En el mismo sentido de este futurismo banal, acaso heredará el caos entre las matracas de las típicas campañas del PRI un aspirante a quien la agenda mediática le cruzó ya la banda presidencial a raíz del éxito de su grupo en una elección municipal. Mientras en el PRD se disponen a heredar el mismo caos, pero acrecentado por sus cabezas en conflicto, lo mismo en su competencia para definir quién es más corrupto o más traidor, que en su conmovedora disputa por el fichaje del joven pelirrojo que le gritó a Calderón. Todo ello, al tiempo que en el gobierno del PAN amanecen cada día ante una nueva especulación de cambios en el gabinete, con la fantasía de poner a alguien en posición de conservar para ese partido el desvencijado púlpito presidencial. Son cuentas de lecheras, pero de lecheras que llevan el cántaro roto y vacío, sin otra cosa que vender que especulaciones o mensajes memorizados para irrumpir en los medios.
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