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Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Martes 07 de octubre de 2008



El habilidoso Manlio Fabio Beltrones lo hizo de nuevo. Lo consiguió en Acapulco, en todo Guerrero, donde el PRI barrió al PRD de su propia casa.

Pero el tricolor no sólo se llevó Acapulco —la joya de la corona en la elección local del pasado domingo—, sino dos de cada tres municipios y la mayoría del Congreso. El PRI gobernará a 80% de los guerrerenses, entidad emblema para la izquierda mexicana, cuna de no pocos de los movimientos guerrilleros estandarte de esa izquierda y escenario de la brutal guerra sucia emprendida por los gobiernos represores y autoritarios del PRI.

Por todas esas razones, la disputa político-electoral del estado de Guerrero resultó mucho más que una batalla por ganar puestos municipales y locales de elección popular —alcaldes y diputados—, sino que para el PRI se convirtió en pelea simbólica en su incontenible carrera rumbo a julio de 2012 —una vez pasada la aduana de 2009—, para cerrar viejas heridas que antaño lo convirtieron en la imagen del caciquismo estatal, despótico y nada democrático, perseguidor de los opositores. Las elecciones del pasado domingo en Guerrero se llevaron a cabo con nuevas reglas y los alcaldes electos lo serán por cuatro años, igual que el Congreso electo. Saldrán hasta el año 2012.

Por eso, recuperar alcaldías como Acapulco, Zihuatanejo, Iguala, Chilpancingo y Taxco, entre otros municipios y la mayoría del Congreso estatal, no sólo era fundamental para enviar el mensaje de que las entidades concentradoras de la pobreza en México ya no creen y menos están con la izquierda partidista. El mejor ejemplo es que la simbólica alcaldía de Teloloapan —que en 1989 fue ganada por el FDN— fue perdida por el PRD y ganada por Alternativa, y presuntamente con el apoyo del narcotráfico.

La elección del domingo no sólo pretende hacer creer que Guerrero es ejemplo de que el PRD ha perdido divisas fundamentales y que el voto de las entidades pobres ha regresado al PRI, sino que colocan al tricolor en la antesala de recuperar una entidad estratégica para 2012, ya que Guerrero aporta poco más de 3% del padrón electoral. ¿Pero qué fue lo que pasó?

El triunfo del PRI y la derrota del PRD en Guerrero no eran novedad. En el Itinerario Político del 1 de octubre dijimos: “La pelea entre los amarillos podría terminar con el triunfo del candidato del PRI en Acapulco, Manuel Añorve Baños, hombre de Manlio Fabio Beltrones. Es decir, el PRD trabaja para el triunfo del PRI. Al tiempo”. Lo confirmó el tiempo.

Pero para entender la debacle que vive el PRD, primero debemos ver el fracaso de los gobiernos del ex panista y perredista Zeferino Torreblanca, y del alcalde Félix Salgado Macedonio, ex periodista, ex diputado, ex actor y al final alcalde de Acapulco. Esos gobiernos son ejemplo de la improvisación y el oportunismo que campea en el PRD, en donde no sólo se reprodujeron los vicios del viejo PRI, sino que traicionaron a grupos históricos nacidos de la guerrilla.

Así, frente a una profunda crisis de ingobernabilidad en Guerrero —que debemos entender como la ausencia de resultados en el ejercicio de poder—, de criminalidad y narcotráfico, llegó la elección intermedia para renovar 81 alcaldías y el Congreso locales. En el PRD nunca se buscó el fortalecimiento unitario, sino que la codicia por el poder desató una división espejo de la disputa por la dirigencia nacional.

En el fondo, los gobiernos dizque de izquierda de Torreblanca y Macedonio nada tenían ni tienen de izquierda, y son producto de un “sancocho” ideológico cuyo objetivo único era el poder por el poder. Lo que menos importaba era la ideología y la congruencia doctrinaria. En esa división el grupo hegemónico del PRD, Los Chuchos, apoyó al gobernador Torreblanca y a su candidata para Acapulco, Gloria Sierra, en tanto que Andrés Manuel López Obrador saltó las trancas y brindó todo su apoyo a ese mismo cargo al senador de Convergencia, Luis Walton, ex priísta, poderoso gasolinero al que la voz popular moteja como el “Juan Camilo” de Andrés.

Esa pelea rompió toda la estructura electoral del PRD no sólo en Acapulco, sino en todo el estado, al grado de que los amarillos afines al gobierno y a Los Chuchos acusaron a AMLO de la debacle y lo motejaron como “el jugo gástrico”. ¿Por qué el “jugo gástrico”? Entre risas explican: “Porque desde el 3 de julio de 2006, todo lo que toca lo convierte en excremento”. Y es que en efecto, uno de los grandes derrotados en Guerrero fue Andrés Manuel López Obrador. Eso si no es que el objetivo hubiere sido ese: dividir al PRD para impulsar el triunfo del PRI en Guerrero. Y frente a esa realidad, el fanatismo se convertirá en insulto.



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