![]() | Formato de impresión patrocinado por | ||
| Itinerario Político |
|
Ricardo Alemán El Universal Domingo 05 de octubre de 2008 |
|
|
|
Gritan “espurio” a Calderón El “fraude” como religión Apenas transcurrido el emblemático 2 de octubre —que recuerda la irreverencia juvenil de los años 60—, pareciera que cuatro décadas después del memorable 1968 no hubiera pasado nada. Un joven le grita “espurio” al Presidente, luego de recibir el Premio de la Juventud y de negarle el saludo. Otro interroga a Felipe Calderón sobre las libertades que pregona, como si se viviera una dictadura. En el Zócalo capitalino, el GDF captura a un grupo de vándalos juveniles que pelearon con la policía, asaltaron comercios y mancharon la celebración del 2 de octubre. Según videos, son porros a sueldo. Y un par de ladrones jóvenes son capturados por la policía, dentro de una bóveda que robaban y que por accidente se cerró. Los cuatro ejemplos —más allá de la consabida carga mediática de cada uno de los casos, y que brinda los cinco segundos de fama a cada cual— dejan ver que, según la óptica juvenil, la realidad de hoy no está lejos de la realidad de hace cuatro décadas. EL ESPURIO Más que sorpresa, curiosidad, noticia o mero espectáculo, el que un joven grite “espurio” al Presidente debía ser visto como una expresión natural, incluso saludable en alguien de la edad y el talento de Andrés Gómez. La irreverencia, la escasa sensatez, el arrojo y la temeridad son parte natural de las mocedades y debían ser vistas como eso, como una expresión juvenil natural —empezando por el presidente Calderón y pasando por las voces timoratas que se escandalizan porque un joven le grita “espurio” al Presidente. Más que una supuesta falta de respeto —que fue lo primero que algunos argumentaron, como si decir lo que se piensa y lo que se cree fuera un pecado que deba esconderse—, lo que debe preocupar al gobierno, a los partidos y, sobre todo, a los competidores en las elecciones de julio de 2009 es que el engaño colectivo del supuesto fraude —sembrado a partir del 2 de julio para justificar una derrota dolorosa para millones de seguidores— sigue vivo en amplios sectores sociales, en muchos jóvenes, que lo han transformado en religión. El odio sembrado, la polarización, el resentimiento por una derrota explicada no por los errores propios ni por los desaciertos y el liderazgo autoritario y la soberbia mesiánica, sino por el supuesto fraude, parece que se convirtió en faro que marca el rumbo de sectores amplios para los que no existe argumento que valga, sino que sólo vale su convicción personalísima de que Calderón no pudo haber ganado por otra vía que no fuera la del fraude. Y por eso es un presidente espurio. El caso de Andrés Gómez —como el de muchos otros mexicanos de todas las edades, géneros y credos— confirma que la pasión suele aplastar la razón. Pero, sin duda, expresar lo que se piensa y se cree es una de las libertades fundamentales en una democracia —sea expresado ante el presidente Calderón o ante quien sea—: la libertad de expresión que, como vimos, en México goza de una salud que nadie puede negar como aceptable. ¿NO HAY LIBERTAD? Lo preocupante, en todo caso —y justo al conmemorar el 40 aniversario de la matanza del 2 de octubre de 1968— es que otro joven, y en el mismo evento, también gritó que en México no existen libertades, al tiempo que el Presidente hablaba de las libertades ganadas luego de la noche de Tlatelolco. ¿De verdad alguien puede decir que no hay libertades en México? ¿Con las libertades de qué democracia podíamos comparar las libertades que existen en México? Si retrocedemos cuatro décadas, no existe punto de comparación entre las libertades que existían en el México de Díaz Ordaz en 1968 y en el de hoy. Pero tampoco podemos cuestionar a Marco Virgilio Santiago —quien gritó que en México no hay libertad—, porque a pesar de que la naciente democracia electoral mexicana detonó el ejercicio de libertades básicas ausentes apenas hace unas décadas, para los jóvenes el futuro —en México y en casi todas las partes del mundo— es incierto y nada halagüeño. Hace 40 años, concluir una carrera universitaria —en casi cualquier disciplina— era no sólo símbolo de estatus y ascenso social, sino que para buena parte de los profesionistas era garantía de empleo bien remunerado. Hoy no basta con licenciatura, maestría y doctorado, porque las oportunidades de empleo y desarrollo para los jóvenes son limitadas, ya no se diga para aquellos que no cuentan con una carrera. ¿A qué libertades se refería Marco Virgilio Santiago? Parece que el problema no está en la carencia de libertades, sino en lo limitado de los derechos. ¿De qué hablamos? Está limitado el derecho de todos los ciudadanos, por ejemplo, a un empleo bien remunerado, mejores condiciones de vida, una casa, niveles de bienestar básicos para todos, sobre todo para los jóvenes y recién egresados de una carrera. Está claro que el “candidato del empleo” no se transformó en el presidente del empleo y que esa promesa de campaña no fue más que un mensaje demagógico. Fracasó el presidente del empleo. Pero la carencia de empleos, de mínimos de bienestar, de oportunidades de desarrollo para todos, no significa la inexistencia de libertades. PORROS A SUELDO Y justo durante una de las manifestaciones para conmemorar el 40 aniversario del 2 de octubre de 1968 —y para recordar a los caídos—, apareció una expresión que pretendió mostrarse como espontánea y producto del hartazgo juvenil. Un grupo bien identificado, liderado —entre otros— por Didier Salgado, agredió a la policía, a otros manifestantes y causó destrozos y robos a comercios del Centro Histórico. Al parecer el GDF sabía de la existencia de esos porros a sueldo, y por ello diseñó un operativo policiaco para detener a los responsables, a quienes se identificó mediante una bien diseñada estrategia mediática para filmar lo que ocurría al paso de la manifestación. Se descubrió que los provocadores no eran un grupo espontáneo de jóvenes en protesta, sino verdaderos porros a sueldo, que se movían con una logística ya prevista, que luego de las agresiones se concentraron en lugares determinados, donde se mudaron de ropa y hasta se pintaron el pelo, para luego pasar inadvertidos entre la manifestación. ¿Quién paga a esos provocadores? ¿Para qué? ¿Quién está detrás? Queda claro que existen grupos de poder a los que importa hacer creer a la sociedad que entre sectores juveniles hay inconformidad y un germen de violencia. Por fortuna, el gobierno de Marcelo Ebrard no se tragó el anzuelo y diseñó un operativo que llevó a prisión a una veintena de vándalos a los que someterán a proceso judicial. Pero además, según Ebrard, se investigará hasta dar con los autores intelectuales. LADRONES BOBOS Pero tampoco se puede negar que amplios sectores sociales, sobre todo jóvenes, han sido empujados a la delincuencia en mayor o menor escala. El crimen organizado, y su brazo más violento, el narcotráfico, disponen de un ejército de jóvenes dispuestos a todo por salir de la miseria; incluso se juegan la vida, si se trata de dinero fácil y abundante. Pero la impunidad en la persecución de los delitos ha llevado a otros al robo y el asalto en menor escala, como es el caso de dos jóvenes ladrones que entraron a la bóveda de una casa de empeño, para robar las joyas, pero quedaron atrapados cuando cerró la puerta.
|
|
© 2009 Copyright El Universal-El Universal Online |