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Juan María Alponte El Universal Viernes 03 de octubre de 2008 |
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En 1928, en una atmósfera de “gran prosperidad”, fue elegido presidente de EU el republicano Herbert Clark Hoover, ingeniero. Había sido secretario de Comercio. En 1925 “comenzó a preocuparse de la tendencia a la especulación del sistema”. En sus memorias hace esta observación: “Hay crímenes (se refería a la especulación) mucho peores que el asesinato y por los cuales deberían ser juzgados”. En 2008, todos han salido indemnizados con millones. El jueves (negro) 24 de octubre de 1929, 13 millones de acciones cambiaron de manos en un movimiento de pánico irreprimible en Wall Street. Al día siguiente, Hoover afirmó “que el negocio fundamental del país, la producción y distribución de mercancías, tiene seguridad y bases prósperas”. El 29 fue el día “supernegro”: más de 16 millones de acciones fueron negociadas. La pobreza y el desempleo (alcanzó 25%) se transformaron en una tragedia colectiva. En 1932, el demócrata Franklin Delano Roosevelt ganó las elecciones. Su proposición, el New Deal, el Nuevo Trato, fue un proyecto de claro intervencionismo económico del Estado —aunque no se asumió keynesiano—, lo que le deparó permanentes problemas con la Suprema Corte. No obstante, en 1937, el desempleo afectaba, todavía, a 14.3% de la población activa y solamente en 1940, 11 años después, el PIB per cápita de 1929 fue superado. Larga odisea socioeconómica. Un hecho nuevo impulsó la economía estadounidense: el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939. EU se mantuvo, por ley, neutral, pero su industria recobró un progresivo papel dominante al atender la demanda militar y económica de Europa. Todavía, en 1940, el desempleo afectaba a 9.9% de la población económicamente activa, pero en 1941, con la entrada de EU en la contienda declarando la guerra a Alemania, Japón e Italia, el proceso se revirtió. En el libro de C. A. Blyth, American Business Cycles, Praeger Publisher, se precisa: “… las grandes necesidades de armamentos elevaron, también, los niveles de inversión. En diciembre de 1941 la economía operaba ya utilizándose casi todos los recursos y expandiéndose rápidamente”. Añade el autor (en las páginas 60-62) un dato eminente: “Durante tres años y medio, de 1942 a la mitad de 1945 (la Segunda Guerra Mundial terminó, en Europa, en mayo de 1945 y en Japón en septiembre) la economía estadounidense operó a plena capacidad (full capacity) produciendo grandes cantidades de mercancías y servicios para la guerra (for war) mientras se mantenían altos niveles de consumo civil. El desempleo, en 1944, declinó al 1.2% en tanto que 11.4 millones de los 66 de la población activa estaban bajo las armas”. Añade: “Durante la segunda mitad de 1945 la producción declinó en 57 mil millones de dólares, es decir, una sexta parte”. La guerra se había terminado. Así se cerró la Gran Depresión de 1929. Esperaba la de 2008. El 7 de noviembre de 1944 Roosevelt fue elegido por tercera vez (hasta Truman no se modificó la Constitución para permitir una sola reelección) obteniendo una mayoría indudable: 25.6 millones de votos frente al republicano Dewey: 22 millones. El candidato del Partido Socialista, Norman Thomas, contó 79 mil 003 votos y el del Partido Socialista del Trabajo, Edward Teichert, 45 mil 336. Franklin D. Roosevelt murió, sin terminar su mandato, el 12 de abril de 1945. Tenía 63 años. Su vicepresidente, Harry S. Truman, de religión bautista, terminó la Segunda Guerra Mundial con dos bombas atómicas: Hiroshima y Nagasaki: 6 y 9 de agosto de 1945. Fueron las últimas cenizas de la Gran Depresión. Un año antes, en 1944, en Bretton Woods, en una conferencia de 44 países, EU instauró las instituciones (Fondo Monetario y Banco Mundial) que definirían, después de 1929 y la guerra, la “Pax Americana” que acaba de morir con Adam Smith. La guerra ¿es un término banal en las crisis económicas? Grave cuestión.
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