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Vida
Silvia Ojanguren
El Universal

Jueves 18 de septiembre de 2008



Los cambios sociales han permitido conocer muchas cosas que las antiguas costumbres impedían, algunas de ellas tan elementales como la higiene íntima de las mujeres. Apenas hace unos cuantos años que los genitales femeninos son considerados parte importante del cuerpo, no obstante su imprescindible función reproductora.

Ésa zona del cuerpo era receptora de poca atención, de allí que se pasara por alto la aparición de enfermedades por atender. La percepción generalizada de esto ha sido como de una parte anatómica sucia, la cual amerita esconderse e higienizarse bajo circunstancias extremas.

Cambio de canal

Recientemente, gracias a la investigación científica, es que se ha entendido la fisiología vaginal y vulvar desde un punto de vista serio y útil, por lo cual se han abandonado múltiples hábitos higiénicos y sexuales equívocos y dañinos, sustituyéndose por otros mucho más saludables.

Las nuevas prácticas están enfocadas a la prevención del desequilibrio y enfermedad, como —por ejemplo— la utilización de sustancias adecuadas en sus ingredientes, composición y presentación, para la manutención del delicado equilibrio biológico genital de la mujer.

Para entender el tema hay que iniciar por definir cuál es su fisiología, su funcionamiento como parte de nuestro organismo no como un término médico, sino como algo cotidiano.

Los médicos especialistas dicen que los genitales externos femeninos son la estructura que se puede visualizar desde el exterior a nivel de la pelvis y se denomina vulva.

La vulva está compuesta por el monte de Venus, labios mayores y menores, clítoris, vestíbulo, meato urinario, glándulas de Bartholin y de Skene, introito vaginal, himen, horquilla y periné. La piel aunque no se menciona como estructura, juega un papel muy importante en esta zona.

Cuestión de hormonas

Los especialistas indican que la influencia hormonal es diferente en cada etapa de la vida y en cada mujer. La piel en su superficie tiene millones de orificios pilosebáceos, células, glándulas productoras de sebo y sudor.

El sudor está formado en 99% por agua, el resto por cloruro de sodio, cloruro de potasio y urea. Es un regulador del metabolismo del equilibrio hidroelectrolítico y de la temperatura.

El sebo es producido, predominantemente, por los genitales, se compone de ácidos grasos esterificados, saturados, no saturados, colesterol, fosfolípidos y vitamina E.

La evaporación del sudor provoca el manto grasoso que proporciona la suavidad, protección y evita el roce.

La piel nos proporciona la sensibilidad, el dolor, calor, frío, tacto, presión, protección, sexual y social.



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