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Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Jueves 11 de septiembre de 2008



Cuando la verdad mediática suplanta a la verdad a secas, y cuando el juicio mediático sustituye al juicio legal, lo menos que podemos lamentar es el fracaso de política y políticos; del Estado mismo.

Y ese fracaso de las instituciones para la persecución del delito y la justicia —vergüenza para una democracia naciente como la mexicana, y no se diga de un gobierno que se dice de izquierda como el de Marcelo Ebrard— lo comprobamos todas las noches en horario triple A de televisión, lo escuchamos en noticieros de la radio y lo leemos en los periódicos; preciados espacios ocupados por increíbles montajes de telenovela alimentados con abundantes e interesadas filtraciones de basura informativa que distrae, condiciona, engaña, distorsiona o condiciona la atención social sobre tal o cual historia política o policiaca.

Y ese es, precisamente, el caso del crimen y secuestro del joven Fernando Martí, cuyo escándalo impactó en la conciencia social y con ello arrinconó a las autoridades federales y de la capital al grado de convertir la indagatoria del caso y la respectiva impartición de justicia en un ofensivo juicio mediático, que deja muy lejos el esclarecimiento del crimen y el castigo a los responsables.

Hoy, tanto el gobierno de Ebrard —autor del montaje y presunto fabricante de los “chivos expiatorios”—, como el gobierno de Calderón —que avaló a través del secretario de Gobernación Mouriño el montaje de la detención de los supuestos jefes de la banda de La Flor y lo justificó con una perla: “En la lucha contra el crimen no habrá regateos ideológicos”— ya tienen a un puñado de culpables, a los que han sometido al rigor de la verdad mediática y al potente juicio de los medios, antes que esperar a que los presuntos culpables sean juzgados por el Poder Judicial.

Nadie sabe, legalmente, con certeza absoluta, a partir de evidencias reales, científicas y de un trabajo de inteligencia, si Sergio Ortiz es realmente el jefe de La Flor; si su familia, esposa e hijos —Guadalupe Toriello, Miguel y Sergio Ortiz Toriello— poseen una fortuna, son dueños de 2, 5, 20 o 30 casas. Ningún juez ha encontrado ni declarado a nadie culpable del crimen de Fernando Martí. Pero eso sí, el juez mediático ya dio su veredicto: Sergio Ortiz es el jefe de los criminales que ordenó el secuestro y el crimen. “¡Culpables!”, dice.

Y por obra y gracia de esa verdad y ese juicio mediáticos, el caso Martí pudo haber cobrado otras víctimas, pudo destruir otra familia. Y es que desde ayer estaban en peligro los empleos de los hijos de Sergio Ortiz; la seguridad y tranquilidad de toda su familia. Y todo eso, gracias al capricho de la verdad y del juicio mediáticos. ¿Y quién alimenta esa verdad y esos juicios mediáticos? Sí, aquel al que no le importa la verdad a secas, la real persecución y castigo de los delitos; a quienes les interesa sólo salvar el pellejo político. Y en esa calidad están Ebrard y el gobierno de Felipe Calderón, cabeza del Estado que a través de Mouriño felicitó a Ebrard por la captura de los criminales de La Flor.

¿Se merece una felicitación del jefe del Estado mexicano, quien hizo pasar su credibilidad a través del juicio mediático? ¿Por qué Felipe Calderón parece sumarse al montaje? Buena pregunta.

Casi nada. Porque son muchos los indicios de que por una extraña razón política —no podría ser otra razón que política— asistimos a un inédito proceso de acercamiento entre Ebrard y Calderón, en el cual el jefe de Gobierno del DF habría recibido todo el apoyo del presidente en su montaje sobre el caso Martí, en tanto que Ebrard daría por terminadas sus rencillas con el “espurio”. Pero no, no estaríamos ante un caso político típico de ganadores y/o perdedores. ¿Por qué? Porque aquí la urgencia de aparecer ante la opinión pública como gobiernos capaces de resolver un problema como el del crimen de Martí, no es sólo de Marcelo Ebrard; tampoco sólo de Felipe Calderón. No, aquí existe una suerte de simbiosis de poder. Si le va mal a uno, jala al precipicio al otro. Y viceversa.

Es decir, son muchas las evidencias de que asistimos a una suerte de “rescate político” mutuo, para hacer posible la convivencia mutua. A los dos gobiernos les interesa aclarar el crimen de Martí, como quiera, sea o no a través de verdades y juicios mediáticos. De esa manera los dos gobiernos habrían saltado la barrera que les marcó el padre del secuestrado para no renunciar. Al tiempo.



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