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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán El Universal Miércoles 10 de septiembre de 2008 |
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Ahora resulta que ante problemas extremos como la violencia y la inseguridad, gobernantes y políticos nos quieren convencer con bisutería mediática. El reino del spot. Pero lo cierto es que salvo los fanáticos amarillos, azules o tricolores —los hay de las tres religiones—, pocos ciudadanos estarían dispuestos a creer, a ciegas y sordas, en la palabra de un gobernante o político. A pesar de eso, el reputado filósofo español Fernando Savater suele decir que los políticos y gobernantes tienen en la mentira y el engaño parte esencial de su naturaleza. “Nos quejamos de que los políticos mienten, pero en forma inconsciente les pedimos que lo hagan. Nunca los votaríamos si dijeran la verdad tal cual es… de modo que aquí hay una especie de paradoja; por un lado no queremos ser engañados por los políticos, pero a la vez exigimos que lo hagan”; que nos engañen. (Los Diez Mandamientos en el Siglo XXI, pág. 47). ¿Realmente los mexicanos rechazamos el engaño de gobernantes y políticos? ¿O nos gusta porque es parte del credo partidista? A partir del espectáculo mediático que vimos con la detención de los supuestos criminales de Fernando Martí por parte de “eficientes policías” del GDF, pareciera que, en efecto, una porción de ciudadanos disfrutamos el engaño. Bueno, se llegó al extremo de sacar un spot alardeando la detención de la banda de La Flor, antes incluso de que se diera a conocer la captura. ¿Pero cuántos se atreven a expresar una duda razonable sobre la veracidad de esa “telenovela” que parece montar el GDF? Está claro que la religión política de muchos les impide la duda elemental y otros creen que es “políticamente incorrecto” cuestionar lo que haga Marcelo, porque trabaja por una causa mayor: llegar al poder. Y precisamente ahí es donde aparece el hilo fino del spot previamente preparado y los tours en radio y televisión, ya que existen muchos indicios de que hay una respuesta puramente mediática para revertir la decreciente popularidad de Ebrard. Vamos a los datos duros. Apenas el pasado lunes se difundieron encuestas —Milenio, Reforma y Excélsior— en donde la confianza ciudadana en gobernantes y políticos está por lo suelos. En Milenio, de 20 actores sociales y políticos los diputados ocupan el lugar 19 en las preferencias —más desprestigiados incluso que los policías— con 12% a favor y 53% en contra; la posición 15 la ocupan los senadores con 15% de aceptación y 46% en contra, y el sitio 11 los gobernadores, a los que reprueban 43% y avalan sólo 20%. Al mismo tiempo Reforma publica una encuesta sobre la calificación de los capitalinos a Ebrard, a quien aprueban apenas 50%, reprueban 45% y en promedio su calificación de aceptación no alcanza el 6, ya que se queda en un penoso 5.8%. En tanto, Excélsior mide la popularidad del perredismo. Revela que, en efecto, el más conocido es AMLO, pero es rechazado por casi la mitad de los que lo conocen. Según la encuesta, el primer lugar de opinión positiva en el PRD lo tiene Amalia García, a pesar del cuestionado gobierno en Zacatecas; le sigue Lázaro Cárdenas Batel; el tercer lugar lo ocupa su padre, Cuauhtémoc Cárdenas; de manera sorpresiva Ruth Zavaleta está en cuarta posición y hasta el quinto sitio aparece Ebrard, que en la encuesta de Excélsior también aparece reprobado con un 5.6% de aceptación. ¿Quién está urgido de golpes mediáticos para recuperar su imagen; detener la caída y recobrar los puntos que, dentro del perredismo, y en general, en el concierto de presidenciables lo van dejando rezagado en una carrera presidencial que es de resistencia? Ebrard, el político que pese a ser jefe de Gobierno —con todo lo que eso implica en imagen— ocupa el quinto lugar en el PRD, es rechazado ya por la mitad de los capitalinos y reprobado en su desempeño. Pero no es el único caso. También el pasado lunes el presidente Calderón dio a conocer la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos para 2009, y el rubro de “seguridad” se incrementa en 50% respecto del año anterior; la PGR eleva su partida presupuestal en casi 30% y el sector social en 26%. ¿Qué quiere decir todo lo anterior? Que también el gobierno de Calderón le apuesta todo a la seguridad. Es decir, que a través de montajes, campañas mediáticas y golpes presupuestales, las de 2009 serán elecciones de la seguridad, como aquí lo dijimos el pasado 21 de agosto. Sin embargo, para los ciudadanos la única voz atendible será la de los hechos.
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