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Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Martes 09 de septiembre de 2008



Lo seguro es que nadie sería capaz de escatimar reconocimiento y aplauso a Marcelo Ebrard de confirmar a plenitud que los responsables del secuestro y crimen de Fernando Martí han sido detenidos.

Lo que muchos dudan, sin embargo, es que resulte efectiva, cierta y hasta confiable la versión que ayer ofreció el procurador capitalino, Miguel Ángel Marcera, sobre la captura del jefe y miembros de la banda de La Flor. Y es que contra lo que muchos suponen, la confianza ciudadana en la eficacia de los gobiernos no es un acto de fe. Se construye de un proceso multifactorial que involucra historia, experiencia, capacitación, inteligencia…

Una revisión elemental de la historia reciente de los crímenes notorios en la ciudad de México concluye que —desde el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas hasta el de Ebrard— grandes escándalos fueron resueltos a partir de “chivos expiatorios”. No fueron resueltos en apego a la ley, sino sólo a través del cuestionable espectáculo mediático. En pocas palabras, que en muchos casos los gobiernos nos tomaron el pelo.

Pero, además, si echamos un vistazo a la respuesta que ofrecieron el GDF y la PGJDF apenas horas después de que se desató el escándalo por el secuestro y crimen de Fernando Martí, podemos encontrar una primera contradicción. En efecto, en ese momento se difundió la versión de que habían sido detenidos dos jefes policiacos del DF, presuntos responsables del crimen. Hoy ya se les olvidó esa versión —y esos policías ya son acusados de otros secuestros—, mientras que con potencia mediática se hace crecer que ahora sí los verdaderos responsables ya están detenidos.

¿Por qué tenemos que creerle a Marcelo Ebrard y/o a Miguel Ángel Mancera?

La interrogante resulta obligada, sobre todo luego que apenas hace semanas el GDF nos regaló un monumental engaño colectivo, cuando el entonces procurador Rodolfo Félix Cárdenas se lavó las manos —y la cara del GDF en el caso New’s Divine— al acusar como responsable del crimen colectivo al superpolicía, Guillermo Zayas, quien hoy está en su casa como si nada. ¿Y quién va a pagar por el crimen contra esos jóvenes? Nadie. A todos nos jugaron el dedo en la boca. ¿Quién va a hacer justicia en ese caso? Nadie.

Pero vale hacer memoria. ¿Se acuerdan de qué pasó luego del crimen de Francisco Stanley, cómico de TV Azteca asesinado en el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas? El entonces procurador Samuel del Villar juró y perjuró que los criminales eran el socios de Stanley, el también cómico Mario Bezares —quien según el procurador “puso a Stanley”— y la famosa edecán Paola Durante. Igual que hoy, autoridades del GDF y la PGJDF aseguraron haber resuelto el crimen con la respectiva detención de los presuntos responsables.

Sin embargo, de nueva cuenta todo terminó en una tomada de pelo, en un recurso mediático impulsado por el entonces procurador Samuel del Villar para justificar la incapacidad del gobierno para esclarecer el crimen de Stanley. Hoy todos los presuntos criminales del cómico están libres y fueron exonerados de toda responsabilidad.

¿Y qué decir de los videoescándalos?

¿Se acuerdan? Videos en los que el empresario Carlos Ahumada entregaba pacas de dólares a René Bejarano y a Carlos Imaz. Revuelo en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador que terminó en un montaje grosero e insultante que por semanas llevó a prisión a Bejarano —con todos los privilegios— con la presión extrema a nivel de venganza política para el señor Ahumada y el perdón para Imaz. Al final, otra colectiva tomadura de pelo. ¿Quién hizo justicia? Nadie. ¿Quién pagó por los delitos producto de los videoescándalos? Nadie.

¿Por qué tenemos que creerles al jefe de Gobierno y al procurador del DF?

Y es que desde los tiempos de Manuel Camacho como regente del DF, desde los tiempos de Cárdenas, de AMLO, de Marcelo como director de la policía del DF, lo más socorrido, la salida fácil, era y fue la creación de “chivos expiatorios” para resolver los grandes escándalos. No se recurrió a la aplicación de la ley, la investigación y el castigo de los responsables, sino a tramoyas mediáticas muy parecidas a la exhibición de ayer, cuando se presenta como jefe de la peligrosa banda de La Flor a un ex policía que podría no hablar nunca, pero que hoy vemos como principal presunto responsable del crimen de Fernando Martí.

La confianza en los gobiernos no es o no debiera ser un acto de fe. Pero la solución a los grandes crímenes no es o no debiera ser un acto mediático, sino de certeza, inteligencia, investigación, confianza…



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