Formato de impresión patrocinado por


Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Lunes 01 de septiembre de 2008



Desde hace por lo menos dos décadas era un reclamo generalizado. Hoy ya no existe más el fastuoso “Día del Presidente”, en que convirtió la clase política el anual Informe de Gobierno. ¿Pero qué hay en su lugar?

En efecto, los genios de la clase política mexicana, los siempre responsables y respetables legisladores de todos los partidos nos llevaron de un extremo harto cuestionable, el “día del presidente”, al otro no menos criticable, “el día de la opacidad presidencial”. Y bueno, el desbordado talento de diputados y senadores los llevó incluso a cuestionar —y por eso se canceló de última hora— una suerte de informe del Ejecutivo que hoy ofrecería el presidente Calderón frente a los dueños, concesionarios y editores de medios de comunicación del país.

En pocas palabras, que los señores legisladores demolieron el fastuoso, ofensivo, costoso, inútil y cortesano informe presidencial y lo cambiaron por nada. Una gigantesca laguna de opacidad, en donde el jefe del Ejecutivo en turno no está obligado a informar nada. ¿Pero por qué ocurre algo así en los tiempos de la cacareada democracia? Buena pregunta. Por lo pronto, queda claro que son muchas las respuestas y aún más las explicaciones que nos deben los legisladores de todos los partidos.

Pero primero debemos reconocer que en su formato vigente hasta antes de las más recientes reformas constitucionales en la materia, el informe presidencial era obsoleto. Durante años fue una muestra nada democrática del sometimiento de los poderes Legislativo y Judicial a los designios del todopoderoso Ejecutivo, cuyo titular ratificaba cada año su poder imperial. Incluso la picaresca popular acuñó a partir del informe gracejadas como el “besamanos”, el “aplausómetro” y el “día del presidente”.

A lo largo de casi dos décadas, cada septiembre era creciente la crítica al “formato” del informe, hasta que en el sexto informe de Vicente Fox —y luego de las elecciones presidenciales de julio de 2006 y frente a la polarización social— las fracciones radicales del PRD y el PRI impidieron a Fox el ingreso al Congreso General. En el fondo era una grosera y muy silvestre venganza contra Fox, motejado durante todo su sexenio como “el tonto del pueblo”, y que al final de cuentas le hizo la faena al PRI y al PRD.

El naciente gobierno de Calderón pareció actuar con sensatez al renunciar al ceremonial, ya que envió el texto político y los anexos al Congreso y realizó su propia ceremonia —con besamanos, aplausómetro y todo— frente a los suyos. Es decir, inauguró el “nuevo día del presidente”. A partir de ahí, los genios del Congreso promovieron las reformas necesarias para acabar con el formato tradicional del informe. Pero olvidaron un pequeño detalle. Sí, no existe aún una reglamentación al respecto.

Y frente a ese vacío, los genios de la tienda de enfrente, de Los Pinos, decidieron que el Presidente rindiera informes parciales, por capítulos, en horario estelar por la cadena nacional. Así lo que debía ser una responsabilidad democrática y republicana de informar ante la representación popular y del pacto federal, terminó en un mero acto de propaganda oficial.

El informe convertido en un spot grandote, de siete, ocho o 10 minutos, en entregas diarias, al estilo de telenovelas, en donde todo se convierte en promesas, buenas intenciones y mucha retórica. Pero nada más. Los legisladores dejaron un vacío de transparencia y la rendición de cuentas, lo que permite al gobierno de Calderón pasar sin ningún problema los obstáculos del primero y el segundo años de gobierno, sin obligación para explicar o aclarar nada, aclarar nada frente al Congreso. Curioso. ¿No que PRI y PRD están muy cuestionadotes del mal gobierno de Calderón?

A partir de las reformas que desaparecieron el viejo formato del informe, en la teoría se debía dar paso a una transparencia y rendición de cuentas en un encuentro de pares, donde el Legislativo interrogaría a los encargados de despacho —secretarios de Estado—, quienes comparecerían bajo la premisa y la promesa de decir verdad. En caso de dudas, el Legislativo preguntaría por escrito al jefe del Ejecutivo.

Pero hoy el presidente Calderón no está obligado a nada en cuanto a rendición de cuentas, información sobre el estado de su gobierno, y menos sus colaboradores. La movilización social del pasado sábado mantuvo el reclamo: “Si no pueden, renuncien”. ¿Cómo pedir la renuncia, si ni el Legislativo se atreve a pedir cuentas?

EN EL CAMINO

El derrocado rector de la UdeG, Carlos Briseño, decidió la pelea legal, no el pleito de taberna. Exhibió el tamaño del gorilazo… y el rostro de los golpistas. Y luego se quejan de la calidad educativa.



© 2009 Copyright El Universal-El Universal Online