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El mundo según Guerra
Gabriel Guerra Castellanos
El Universal

Lunes 25 de agosto de 2008



El sábado por la mañana millones de mensajes SMS pulularon por la estratosfera estadounidense dando a conocer la noticia de la que sin duda es la decisión más importante de Obama de aquí al día de las elecciones.

Como de costumbre, la logística de la campaña del virtual candidato demócrata fue impecable. Ni filtraciones previas ni detalles embarazosos ni momentos de duda que se hayan dado a conocer en los medios. El reloj suizo en que se ha convertido el cuartel general de Obama funcionó a la perfección.

Barack Obama llega a este punto como el abanderado del cambio y de la esperanza, contrastando su biografía y sus posiciones con las mucho más tradicionales de su rival republicano John McCain. Con o sin razón, Obama y sus partidarios han pintado a su contrincante como una segunda parte de la presidencia de George W. Bush, cada vez más desacreditada tanto por su política exterior y sus guerras como por el manejo de la economía.

En su selección de compañero de fórmula, Obama enfrentaba numerosos y contradictorios retos. Por una parte, necesitaba a alguien que compensara las muchas novedades que él mismo representa. Su biografía puede encantar a muchos, pero es demasiado atrevida para un gran sector del electorado: un candidato afroamericano venido de una familia poco convencional, hijo de una madre soltera, casado con una mujer activa y activista, con un historial político verdaderamente breve y —para colmo— con nombre y apellido “raros”. El perfil personal de Obama, urbano, moderno y sofisticado, no cuadra con las expectativas de sectores de la población que lo ven con recelo.

Las primarias de su partido sólo sirvieron para complicar aún más el proceso, no sólo por lo cerrado de la contienda contra Hillary sino también por el hecho de que quedaron muchas heridas sin cicatrizar con los Clinton (a quien ningún político en su sano juicio puede desairar) y con el sector femenino de los demócratas, que se sintió agraviado por las muchas cosas que se dijeron (y por las que no se dijeron) durante la precampaña. Así las cosas, Obama necesitaba un compañero de fórmula que le agregara experiencia, serenidad, conocimiento de algunos temas como el internacional o el económico y que, de paso, le ayudara a tender puentes con esa nada despreciable mitad del electorado demócrata que se resiste a votar por el hombre que derrotó a Hillary.

¿La respuesta? Para Obama, ese compañero es Joe Biden, senador por Delaware desde 1971, presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Senado y uno de los demócratas más conocidos y respetados en Washington.

Biden es un hombre con orígenes de clase trabajadora y con un discurso un tanto populista en cuestiones fiscales y económicas, pero lo cierto es que el senador de Delaware es un moderado en muchos asuntos, incluido el de la inmigración (en favor de la regularización y de un programa de trabajadores temporales); la pena de muerte (en favor) y el matrimonio entre homosexuales (se opone al matrimonio pero favorece las uniones civiles). En cuanto al voto femenino, Biden es reconocido como uno de los principales impulsores de temas de género en el Senado, incluida legislación para prevenir y castigar la violencia contra las mujeres.

Los muchos años que le lleva de ventaja a Obama servirán para balancear un poco la percepción de excesiva juventud que algunos tienen del candidato a la Presidencia, y su protagonismo asegura que no será simplemente un convidado de piedra a la campaña.

Biden no es ni con mucho un típico demócrata, y bien puede resultar un valioso activo para una campaña que no acaba de consolidar su ventaja en las encuestas, que sigue siendo mínima y por demás vulnerable.

gguerra@gcya.net

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