Formato de impresión patrocinado por


Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Domingo 24 de agosto de 2008



Divorcio de Calderón

Defiende a Marín y Ulises

En las semanas recientes, hemos visto una guerra abierta entre los verdaderos centros de poder del PRI y el presidente Felipe Calderón. Y la pregunta parece obligada: ¿qué razones existen detrás de ese divorcio?

Son muchas las respuestas posibles. Unos dicen que la repentina fobia tricolor a los azules se debe a un acto reflejo del PRI frente a su 20 Asamblea Nacional; otros, que el pleito se debe a que desde la casa presidencial se excluyó al tricolor de la toma de decisiones en torno al pacto sobre seguridad; en tanto que los de más allá ponen en el fondo del pleito a la reforma petrolera.

Como sea, el poderoso PRI, otrora fiel de la balanza en el nuevo gobierno, envía mensajes en torno a que el de Calderón es un gobierno ineficaz, fracasado en seguridad pública, una de las grandes prioridades nacionales. Más aún, los jefes del partido parecen reaccionar a una sola voz para combatir a su otrora aliado, el gobierno de Calderón.

LA 20 ASAMBLEA

Tiene sentido la primera hipótesis, que acredita que los jefes reales del tricolor, Beatriz Paredes, Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón, habrían cerrado filas contra del gobierno para dar la imagen de partido opositor y hasta radical frente a los asambleístas del PRI en Aguascalientes. Es decir, que esos jefes no quieren aparecer como aliados del gobierno Calderón, al que combaten ferozmente en un tema que tampoco los gobiernos del PRI fueron capaces de resolver: la inseguridad pública.

Ese puede ser el origen de la pelea y lo que parece un divorcio entre azules y tricolores. Pero de ser real esa hipótesis, entonces supone que los jefes del PRI en todo el país son estúpidos, ya que todos saben que el tricolor es el principal aliado del gobierno, y que justo gracias a esa alianza han alcanzado el peso de partido confiable, capaz de regresar en 2009 y 2012 por el control del Congreso y del Ejecutivo federal.

De igual manera tiene sentido el hecho de que frente a su 20 Asamblea Nacional, el PRI quiere mostrar su rostro de partido opositor, radical al gobierno de Calderón, para atemperar con eso a un electorado que se dice inconforme con azules y amarillos y que ve al PRI como la alternativa real, a pesar de la historia de siete décadas del PRI.

De nuevo, si esa teoría es real, entonces la estupidez estaría entre los simpatizantes tricolores, que verían a un PRI radical frente a un gobierno de derecha como el de Calderón, y al que el Revolucionario debía combatir. Bien, pero entonces estaríamos ante la noroñización del PRI. Es decir, que el PRI habría asumido el papel de Fernández Noroña como instrumento de presión política. ¿De veras ese es el PRI que nos quieren mostrar los líderes del tricolor? No lo creemos.

EL DIVORCIO

Lo que sí creemos es que existe un divorcio real entre el gobierno de Calderón y el PRI, que presiden esos políticos de largo y retorcido colmillo a los que muchos motejan como los tres fantásticos: Paredes, Beltrones y Gamboa. Entonces la pregunta es otra. ¿Por qué se produjo el divorcio, sobre todo ante los ojos de todos, que al mismo tiempo habían sido testigos no sólo del matrimonio entre el PRI y el gobierno de Calderón, sino de un verdadero amasiato?

Lo más creíble, en todo caso, es que el divorcio entre el PRI y el gobierno se produjo por un asunto más mundano y que tiene que ver con el control de los órganos de poder: el manejo de la fuerza policiaca, de los recursos para esa tarea y de la elección federal por venir. Es decir, que una vez que el gobierno federal reaccionó al clamor social por los elevados índices de violencia e inseguridad, casi echó por tierra la reciente reforma sobre seguridad, diseñada, cabildeada y aprobada por el PRI, como si se tratara de la panacea en materia de seguridad.

¿Qué pasó? No hay que buscar mucho. Como todo grupo político, el del Presidente tiene diversos aliados. Y en este caso específico, el conflicto empieza porque la profesora Gordillo es aliada fundamental del gobierno de Calderón, y algunos de los suyos se quedaron con el control de la nueva estructura para combatir al crimen organizado.

¿Quién condujo buena parte del evento en que se firmó el Acuerdo Nacional por la Seguridad? Si pensaron que fue Roberto Campa, están en lo correcto. ¿Por qué él? Porque en el jaloneo por el control de las nuevas estructuras de seguridad pública, el PRI quedó fuera del reparto. En realidad, el tricolor buscaba quedarse con el control de los nuevos organismos encargados de articular la seguridad en los tres órdenes de gobierno y los tres poderes de la Unión. Y la pelea fue de tal magnitud, que hasta hoy no han designado al “secretario ejecutivo” del Consejo Nacional de Seguridad Pública.

EL PRI Y NOROÑA

Por lo pronto, el PRI se corrió a una postura radical, más que ideológica, que lo coloca cerca de caricaturas de políticos como Fernández Noroña, del PRD. Según los priístas, el gobierno de Calderón fracasó en materia de seguridad. Y en eso tienen razón los tricolores. Luego, en voz de Beltrones, el gobierno de Calderón debía reconocer el fracaso de sus estrategias de lucha contra el crimen, porque, dijo, “hasta los alcohólicos” primero reconocen la enfermedad y luego la combaten.

Pero, en los hechos, el PRI está adoptando una postura radical que a nadie gusta y que puede resultar en una peligrosa pérdida de potenciales preferencias electorales. Al excluirse de los acuerdos firmados el jueves, el tricolor parece marchar junto al ala radical del PRD, sobre todo se coloca del lado de AMLO, cuyos enviados encabezados por Fernández Noroña realizaron una protesta poco efectiva y nada benéfica para los ciudadanos en materia de seguridad pública.

¿Qué significa que los extremos del PRI y del PRD aparezcan juntos no a favor del las políticas públicas contra el crimen, sino contra un clamor popular a favor de la eficacia del gobierno y del Estado frente a un flagelo que desbarata familias, enluta a muchos, crea zozobra e inseguridad y que, al final de cuentas, no es más que una muestra del terrorismo al que han llegado los criminales organizados?

El PRI parece jugar con fuego ante un problema prioritario para amplios sectores sociales como el de la violencia y la extensión del narcotráfico y el secuestro. Porque si bien en los más recientes ocho años, los gobiernos más importantes del país han estado en manos de azules y amarillos, el PRI estuvo en el poder siete décadas y nunca resolvió el problema de fondo. En realidad, lo contuvo y lo mantuvo fuera de los grandes centros urbanos. ¿Qué es lo que quiere el PRI?

Pretende impunidad de algunos de sus gobiernos, como el de Puebla, con Mario Marín, y el de Oaxaca, con Ulises Ruiz. En los dos casos todo indica que el gobierno de Calderón no estaría dispuesto a mantener una alianza frente a dos hechos contundentes: Marín sigue desatado como una amenaza para los ciudadanos de Puebla —que lo quieren, pero fuera del estado—, en tanto que a causa de la indagatoria sobre el origen de dos dirigentes del EPR, el gobierno federal parece dispuesto a responsabilizar de “desaparición forzada” al gobierno de Oaxaca.

Es decir, que el PRI pelea con el gobierno de Calderón no sólo por jugar sus cartas en las reformas petrolera y de seguridad, sino por mantener con vida a dos de los suyos: los gobernadores Marín y Ruiz. Y si el PRI defiende a esos nefastos gobernantes y políticos, es capaz de defender lo que sea, con tal de ganar el poder. Al tiempo.



© 2009 Copyright El Universal-El Universal Online