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Campos Elíseos
Katia D Artigues
El Universal

Viernes 22 de agosto de 2008



“¡Qué bueno que viniste!”, le dijo Marcos Fastlicht (presidente del Consejo de Participación Ciudadana de la PGR) a Marcelo Ebrard en cuanto lo vio llegar. Era demasiado temprano, llegó casi a barrer, y durante los 15 minutos que tardó el resto de los gobernadores en arribar, él se mantuvo en una esquina del salón de la Tesorería como no queriéndose mover. Se veía incómodo.

Agustín Carstens le puso el ejemplo y él lo siguió: se bajó del presídium en forma de herradura a saludar a los invitados en la primera fila, sobre todo a Alejandro Martí.

Había dos líderes sindicales en esa zona VIP —ambos abucheados a la hora de firmar el acuerdo—: Carlos Romero Deschamps y, por supuesto, Elba Esther Gordillo quien, con el nombramiento de Roberto Campa como secretario ejecutivo del Consejo de Seguridad, tiene más fuerza que nunca.

Durante la presentación de los más de 70 puntos, era curioso ver a Ebrard. Jugaba con su pluma, con sus manos apuntaba, pero, sobre todo, parecía hipnotizado por las plantas que estaban al centro del presídium.

Había términos que se repitieron como mantras: la creciente y descarada impunidad y la necesidad de promover la cultura de la legalidad, denuncia, participación ciudadana. También, para todo, tiempo de ejecución.

Para el punto 50 la sorpresa de todos era mayúscula y faltaban más de 20. La pregunta inevitable: ¿y quién va a supervisar el cumplimiento de todo esto? Es obvio, el Observatorio Ciudadano, pero, ¿quién lo integrará?

Había muy pocas mujeres sentadas: María Elena Morera, las gobernadoras Ivonne Ortega, Amalia García y por supuesto Ruth Zavaleta, quien al hablar fue la primera en agradecer que miembros de su partido, como Ebrard, Carlos Navarrete y Javier González Garza, estuvieran ahí.

La sorpresa vino cuando habló Alejandro Martí. Lo pasaron de último minuto, poco antes de que hablara, al presídium. Fue el único que improvisó, pero que también dijo de manera más clara lo que la ciudadanía siente.

—Si no pueden, renuncien —los retó.

El auditorio le aplaudió de pie.

Después de todo, esta reunión tiene un nombre extraoficial: es la Cumbre Martí. La Cumbre de Fernando Martí.

Calderón lo escuchaba con la cabeza baja; Ebrard, sentado a la extrema derecha de Calderón, seguía hipnotizado con las plantas.

Morera les dijo que había cosas que no habían incluido, como unificar leyes procesales, e hizo énfasis en que no quieren módulos de secuestradores, sino cárceles completas para que no contaminen a otros.

Les pidió no esperar más de 100 días para volverse a reunir. Aunque hizo un reconocimiento de que el acuerdo tiene tiempos y responsables.

Yo espero que no sean tiempos irresponsables.

Genaro García Luna será muy buen policía pero muy mal lector. Abrió la mesa a los gobernadores que quisieran hablar. Marco Antonio Adame fue el primero en levantar la mano. Pidió una reunión en un mes. Después supimos que ya estaba acordado previamente en la comida que Calderón tuvo con algunos gobernadores.

Luego habló Marcelo Ebrard. Le dijo a Alejandro Martí que aceptaba el reto de renunciar si las cosas no mejoraban. Claro, lo hizo para presumir la revocación de mandato que contempla en su plan de trabajo, e iba con jiribilla al resto de gobernadores.

Afuera, el Zócalo estaba prácticamente amurallado. El desfile de escoltas, carros blindados y granaderos demuestra el tamaño del miedo de los que están adentro y de los que estamos afuera.

Mañana arranca la Asamblea Nacional del PRI en Aguascalientes.

Mientras, se preparan para evitar otros Elbazos. Hasta se quieren volver ¡socialdemócratas!

Ellos lo dijeron:

—(¿Elba Esther Gordillo es dueña de Panal?) No, ni siquiera milita aquí: Jorge Kahwaghi, quien dice que no lloró cuando le pidió a ella ser líder de ese partido.

—Podría ser que, en lugar del Día del Presidente, sea hoy el Día de la Presidenta: mal chiste de Ruth La Chica Dorada Zavaleta, al presentar su informe de labores. Entre las invitadas estuvieron otras “Z”: Margarita Zavala y otra Zabaleta… Susana, la actriz.

Qué bien se nos da eso de desaparecer célebres fechas, pero qué rápidos somos para reaparecerlas con otro nombre.

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