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Salvador García Soto
El Universal Martes 29 de julio de 2008 |
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Duarte y los mensajes a Peña Nieto
Lo que antes era virtud en el priísmo —experiencia, colmillo y habilidades de trapecista— hoy es visto como inconveniente Pasada por el filtro de un sondeo interno y opacada por el debate petrolero que dominó la agenda de los últimos días, la elección del nuevo presidente de la Cámara de Diputados confirmó dos cosas: primero, que en el PRI no quieren problemas ni divisiones internas y están aplicados a tejer fino para sacar consensos y evitar pugnas intestinas; y segundo, que a Enrique Peña Nieto, por muy aventajado que lo vean, los jefes de las cúpulas priístas no piensan ponerle en charola de plata la nominación presidencial. Porque contra los pronósticos, César Camacho, el hombre que impulsaba Peña Nieto para la estratégica presidencia de San Lázaro, no alcanzó la posición. Formalmente, el cargo se definió en consultas internas a la bancada realizadas por el coordinador Emilio Gamboa, pero en los hechos también influyeron las presiones de gobernadores, dirigentes y líderes parlamentarios del viejo partido que aprovecharon el nombramiento para mandar mensajes a Toluca y equilibrar el juego de fuerzas dentro del priísmo. ¿Por qué César Duarte? Es la pregunta que surge ante la elección del chihuahuense como presidente de la Cámara. Lejos del perfil tradicional que los priístas solían buscar para ese cargo, Duarte es un político joven, con trayectoria desconocida para muchos y cuya designación se aparta del prototipo del cuadro experimentado —dinosáurico y colmilludo las más de las veces— que históricamente representó al PRI en esas posiciones. Si se le pregunta al coordinador Gamboa Patrón, responde simplemente: “Así lo decidió la mayoría”. Y expone cómo desde hace dos meses se dedicó a consultar, uno a uno, en su oficina, a los 106 diputados priístas y fueron ellos los que, “con sus menciones y su voto verbal”, definieron a quien sustituirá a la perredista Ruth Zavaleta a partir del 1 de septiembre. En el círculo cercano de Gamboa, incluso, ya interpretaron el resultado de la hermética votación de la bancada. Sostienen, por ejemplo, que “la mayoría de los diputados del PRI consideraron que era importante dar impulso a figuras nuevas dentro del partido, con futuro político cercano”. Y haciendo futurismo, los asesores del coordinador priísta estiman que de este grupo parlamentario “pudieran salir algunos candidatos y futuros gobernadores”. ¿Y por qué Duarte sí y Camacho no? Dentro del grupo parlamentario del PRI se comenta que varios legisladores se opusieron a que Camacho ocupara la presidencia de la Mesa Directiva con el argumento de que ya fue gobernador, ya fue senador y ahora es momento de dar oportunidad a otros, “no a los mismos de siempre”. De ser así, lo que antes era virtud en el priísmo —experiencia, colmillo y habilidades de trapecista— hoy es visto como inconveniente. Otra versión que surge de la bancada priísta señala que hubo una intensa discusión en los círculos priístas de poder, donde decidieron que no es “conveniente” ni es momento de darle todas las canicas a Peña Nieto desde ahorita, cuando todavía faltan cuatro años para la sucesión presidencial. Además de esas consideraciones, un factor que sin duda pesó en la designación de Duarte para la presidencia de San Lázaro se llama Beatriz Paredes Rangel. El impulso de la tlaxcalteca fue decisivo para que la balanza se inclinara a favor del chihuahuense. Hay incluso entre los priístas quien afirma que la dirigente nacional del PRI reclamó su cuota, luego de que Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones ya habían tenido libertad de nombrar a los consejeros del IFE, a donde llevaron a sus cercanos Francisco Guerrero y Marco Antonio Baños, respectivamente. El problema, dicen priístas, es que en Duarte Beatriz tiene a un “empleado incondicional” y el chihuahuense recibirá “línea directa” de Insurgentes Norte. Eso hace que, a juicio de algunos de sus compañeros de bancada, Duarte se vea como uno de los presidentes “más débiles” que el PRI haya llevado a la Cámara de Diputados. Finalmente, hay una última lectura de la designación priísta. Si el PAN puso a Gustavo E. Madero en la coordinación del Senado y desde ahí piensan catapultarlo para la emblemática gubernatura de Chihuahua, el PRI responde con un movimiento similar y con César Duarte en la presidencia de la Cámara de Diputados posiciona también a un aspirante natural al gobierno del estado donde empezó el crecimiento panista con sus “Bárbaros del Norte” en los años 80; la misma tierra chihuahuense donde el PRI reconquistó el poder con muchos esfuerzos y que ahora, parece ser el mensaje, no piensan perderlo de nuevo.
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