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¿Sabe o no sabe?
El Duende Preguntón
El Universal

Martes 29 de julio de 2008



Consulta ciudadana ¿éxito o fracaso?

Dice una frase, atribuida a mi gran amigo John F. Kennedy, que “el éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano”, y creo que todos ustedes pajarracos, habrán tenido ocasión de comprobar en sus vidas la certeza de esas palabras. Yo mismo he visto, cómo muchos se quieren colgar los méritos de algo que resulta exitoso, pero muy pocos asumen con dignidad sus responsabilidades cuando hay un fracaso.

Pero lo que no me había tocado ver en mis 602 años de existencia, pajaritos, es que hubiera humanos que se pelearan por la paternidad de un fracaso, mientras otros pregonan un supuesto éxito. Porque ese absurdo enfrentamiento es lo que estamos presenciando con la “Consulta ciudadana sobre la reforma energética” que se realizó el pasado domingo a iniciativa del PRD y del jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard.

Mientras los perredistas se afanan en hacernos creer que su ejercicio fue todo un éxito porque salieron a emitir su opinión 1 millón 300 mil ciudadanos en todo el país, y de esos 826 mil lo hicieron en el DF, el PAN y el gobierno están empeñados en convencernos de que la consulta perredista fue un estrépitoso fracaso e intentan aparecer como los autores del revés político para los opositores a la iniciativa energética del presidente Calderón.

No sé ustedes pajarillos, pero a mí me parece que ni unos ni otros tienen toda la razón. Es cierto que la consulta perredista no tuvo la participación que ellos esperaban, y que tan sólo en el DF no fueron capaces de movilizar siquiera al “voto duro” que ellos mismos dicen tener en la ciudad y que llega a 1 millón 300 mil capitalinos; incluso puede cuestionarse que la gran mayoría de los que dijeron “No” a la iniciativa petrolera de Calderón (85% en promedio en las dos preguntas), eran casi todos militantes perredistas y gran parte de ellos pertenecían a las redes clientelares que maneja el partido gobernante en la ciudad.

Pero con todo y eso, la consulta del PRD logró su objetivo, que era más bien político. Documentar, con el aval de intelectuales y organismos prestigiados, que hay un rechazo de una parte de la población a la propuesta de Calderón, era lo que buscaban los perredistas y, por más que se cuestione el método y el sesgo de la consulta, esa parte la lograron. Visto así, la consulta fue un éxito, aunque carezca de efectos reales u obligatorios en la discusión de la reforma energética que se resolverá en el Congreso.

Ahora que si se toman en cuenta los tamaños del padrón electoral en la ciudad de México y en los 10 estados donde también se realizó la consulta, la participación de los votantes resultaría muy poco representativa para decir que demuestran un rechazo de la mayoría de los ciudadanos que pueden votar en este país. Además, para presentarlo como un ejercicio de democracia directa, quedan muchas dudas y sesgos desde la organización, la transparencia, los controles y la imparcialidad de quienes organizaron la consulta.

Desde esa óptica, lo que afirman los panistas y el gobierno tiene también lógica y hay elementos para descalificar el ejercicio de consulta o poner en tela de duda la total representatividad de sus resultados.

Hasta ahí puedo entender los argumentos de unos y otros, los promotores y los dretractores de esta consulta. Lo que ya no me parece válido, pajarracos, es que ambos bandos, los del PRD y los del gobierno panista, actúen con el mismo encono que mantiene dividido a este país desde las elecciones del 2 de julio, y en su disputa, ahora con el tema de la reforma petrolera, pretendan engañar a los ciudadanos con argumentos maniqueos y falaces, sobre todo lo que gira en torno de estos cambios legales a Petróleos Mexicanos.

Para decirlo claramente unos y otros deforman y acomodan la realidad a su conveniencia y pretenden que, como mansos borregos, los ciudadanos les creamos y caigamos en su juego de polarización y división que en ambos casos esconde intereses de todo tipo y ambiciones de poder. Yo, por eso, me quedo con otra frase del asesinado JFK: “Se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”. Y va para los dos.



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