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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán El Universal Martes 29 de julio de 2008 |
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La genial y simpática impostura
Más que el “NO”, se confirma el “SÍ” a la destrucción de la izquierda Nadie puede comprobar los 800 mil votos, porque fue otro cochinero Los críticos de los excesos, despropósitos y hasta de las locuacidades de Andrés Manuel López Obrador podrán —podremos—, argumentar mucho y en todos los tonos y formas, pero seguramente nadie podrá regatear genio y humor —acaso involuntarios—, en la impostura del tabasqueño. Hombre fuertemente dotado con esa “bendición” casi sobrenatural para la impostura genial, simpática y humorística, que convierte a aquellos agraciados —políticos y gobernantes— en imán irresistible para multitudes que una vez entregado su amor incondicional, cierra ojos, oídos y las más elementales “entendederas”. Se produce, de ese modo, un amor ciego, sordo y en donde la pasión mata todo residuo de razón. Pero el caso de López Obrador ni es nuevo y tampoco es un caso único. En realidad en los años recientes hemos visto tres ejemplos formidables, no por ello menos penosos. Como se sabe, el 1 de enero de 1994 la sociedad mexicana toda y una buena parte del mundo se estremecieron cuando un puñado de indígenas del más olvidado rincón de la patria le declaró la guerra al Ejército Mexicano. Apareció el EZLN, sus fusileros con armas de palo y su genio para la imagen, Marcos. La causa y los motivos del alzamiento eran impecables. La levadura, la sal y la pimienta corrieron a cargo del genial, simpático, inteligente impostor. Se juntaron el hambre y las ganas de comer y en pocos días los mexicanos ya tenían un nuevo ídolo. “Todos somos Marcos”, gritó la masa. Zócalos llenos, kilómetros de papel y millones de litros de tinta para elogiar al nuevo ídolo. Turismo revolucionario, ejército de intelectuales que sin más se enlistaron, y periodistas que caminaban casi con su fusil y su pasamontañas. Bastaron las leyes de la gravedad y la capilaridad para que lo que subió, bajara y el vacío se llenara. Marcos quedó arrumbado. Y es que desde 1997 y hasta julio de 2000 las multitudes dijeron haber descubierto a otro genio de la impostura y el humor. Huérfanos de líderes, al parecer los mexicanos nos “agarramos” del primero que no se parece al PRI —o que dice que no es del PRI—, y le entregamos todo sin ninguna condición. Vicente Fox, el ranchero dicharachero, hablantín, retador, malhablado, galán de rancho, antipriísta y bonachón. Eso sí, un bulto para todo, menos para la imagen y el rating. Fue amor a primera vista. Y por eso se vino la cascada del voto útil de esa izquierda inútil y de sus intelectuales sumados todos a la genial impostura de Vicente Fox, el único capaz de sacar al PRI de Los Pinos. Ese PRI que hoy, casualmente, está en el PRD y en el PAN. Pero bueno, entre 1997 y 2003 nos mentaban la madre por criticar a la genial y grandota impostura. En el fondo, el desencanto social por el fracaso de Fox como presidente echó a las masas y sus amores de ocasión a los brazos de otra genial impostura, la de López Obrador, ciclo que está por concluir. Pero viene a cuento el extenso y acaso aburrido recuento, porque cuesta trabajo creer que a pesar de las experiencias de Marcos y Fox, de la tragedia de la izquierda con López Obrador, existan intelectuales, periodistas, cartonistas, editores y ciudadanos de a pie que le sigan creyendo y haciendo el juego a la genial, simpática y humorística impostura del “presidente legítimo” y su movimiento por la defensa del petróleo. Todos, o casi todos los que están detrás de esa impostura que fue la consulta petrolera son los mismos que estuvieron detrás de Marcos, de Fox, del “indestructible”, del “legítimo” y hoy son parte de esa lastimosa farsa que para nada confirma el “no” a la reforma petrolera, sino que ratifica el “sí” a la destrucción del más acabado proyecto que haya construido en su historia la izquierda mexicana. Dicen que la consulta convocó a 800 mil y pico de ciudadanos. Cifra imposible de auditar y que quién sabe de donde sacaron. Pues bien, en julio de 2006 en el DF, AMLO obtuvo 2 millones 800 mil votos, y Marcelo 2 millones 200 mil votos. Ahora bien, el 30 de julio de 2006, en la Tercera Asamblea Informativa de Andrés Manuel López Obrador, llegaron al zócalo, según la Secretaría de Seguridad Pública, 2 millones 200 mil personas. Y 3 millones según los organizadores. ¿Qué pasó de julio de 2006 a la fecha? ¿Dónde están las simpatías perdidas? Se derrumbó la genial impostura. Pero hay más, intramuros del Partido de la Revolución Democrática se sabe que es falsa la cifra que dio Manuel Camacho. Muy pronto se va a comprobar que los números fueron manoseados. ¿Por qué? Porque la consulta fue otro cochinero. No existió control de nada, y ya no se diga de votos, sino al momento de llenar las actas. Pero para efectos metodológicos, vamos a dar por buenos los 800 mil votos en la consulta. Sólo que en las elecciones de julio de 2003, en el DF, el PRD alcanzó una votación de un millón 270 mil votos. Si tomamos en cuenta que la consulta fue una elección financiada, preparada y promovida por el GDF, y que su clientela eran los militantes amarillos, entonces podemos concluir que fue un fracaso. ¿Y cuidado, en 2009 podrían andar en una votación de 800 mil sufragios? ¿O no? Pero hay mucho más.
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