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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán El Universal Miércoles 16 de julio de 2008 |
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Toda la clase política mexicana sabe que la narcopolítica existe. Pero muy pocos, entre ellos el primer círculo presidencial, saben bien dónde está, los niveles a los que ha llegado y quiénes tienen “cola que les pisen”. Y en efecto, esa información está bajo el estatus de “seguridad nacional”. Y no, contra lo que muchos suponen, esa información no será divulgada, y menos usada como parte de una batida pública, a diestra y siniestra. No, al parecer será usada en una “operación quirúrgica” para desactivar a las mafias criminales y del narcotráfico. Por eso, porque son muchos los que saben que algo deben, políticos de todos los partidos, entre ellos alcaldes, diputados federales y locales, senadores y hasta gobernadores se dicen agraviados cuando en un diario europeo se presume lo que aquí todos saben; la creciente relación de la narcopolítica y el poder. Y no sabemos si es piel delgada, si pretenden rasgarse las vestiduras o, en una vertiente nada desechable, la clase política mexicana nos quiere dar una muestra de la sublimación del cinismo. ¿Por qué? Porque para nadie es una novedad que el narcotráfico y el crimen organizado penetró desde hace años a los tres órdenes de gobierno —municipal, estatal y federal—, y a los tres poderes de la Unión. Y eso lo saben todos en la clase política. Frente a esa realidad, sin embargo, pareciera que asistimos a una nueva temporada del peculiar desgarre de vestiduras, golpes de pecho, jaculatorias de pureza institucional que llevan a los políticos a gritar: “¡pruebas, pruebas, pruebas!”, cuando se le ocurre a algún burócrata de la seguridad nacional declarar que el narcotráfico y el crimen organizado están tocando a la puerta de los partidos, los congresos locales y el federal, los gobiernos estatales, los poderes de la Unión. Y la más reciente temporada del espectáculo empezó con una bobada que algunos se tragaron completa. El Cisen espía al Congreso. Espantajo que cumplió su función; esa, la de espantabobos. Luego apareció el cuento de que el Cisen espía a Manlio Fabio Beltrones. ¿De verdad, alguien con un milímetro se sensatez puede sostener que la basura que le llegó al poderoso Beltrones salió del Cisen? Dar crédito a la sola posibilidad ofende no al Centro de Investigación, sino al sentido común, a la inteligencia ciudadana básica. Y al final de cuentas apareció la especie de que Guillermo Valdés, el director del Cisen, le habría dicho a un diario londinense que el Congreso mexicano habría sido penetrado por el narco. En realidad el señor Valdés nunca dijo lo que dicen que dijo. Sin embargo, lo que parece realmente interesante es, en primer lugar, la forma en que se convierte en escándalo nacional todo lo que tiene que ver con la llamada seguridad nacional, con la recopilación de información —legal o no—, y con la existencia de un fenómeno que a todos desagrada, el llamado espionaje. A pesar de que muchos, si no es que toda la clase política, se dijo dueña del caso del espionaje, lo cierto es que los dardos envenenados parecían tener un destinatario bien claro; el poderoso líder del Senado de la República, Manlio Fabio Beltrones, no sólo el hombre más poderoso en la política mexicana —luego del presidente Calderón, claro—, sino potencial presidenciable para 2012. Pero a reserva de que pronto nos ocuparemos de las embestidas políticas contra Beltrones, lo cierto es que por debajo de todo el ruido mediático en torno a la relación narcotráfico-poder-Cisen, existe información real, puntual y sistematizada, en manos del gobierno federal, sobre los vínculos y la creciente relación del crimen organizado, su brazo armado del narcotráfico, no sólo con alcaldes, diputados locales, federales, gobernadores, y hasta líderes políticos; sino con gobernadores y hasta iglesias y ministros de culto. El flagelo ha alcanzado a todos o casi todos los sectores sociales, en mayor o menor medida, en distintas formas y modalidades, con diversas expresiones. Pero el tamaño del problema no quiere ser visto y menos entendido y atendido por los sectores políticos, por los partidos y sus representantes en el Congreso, en donde más bien pareciera que los partidos opositores le apuestan a la destrucción del Estado —por supuesto por parte del narco y el crimen organizado—, que a la colaboración que se espera de una oposición leal. El flagelo criminal no será derrotado por los azules, los amarillos o los tricolores, sino por todos juntos. Y más vale entenderlo, antes de que sea tarde. Al tiempo. En el camino Candorosa la respuesta de Polo Gómez, de Televisa, a la censura que le aplicaron a Santiago Creel. Dijo que fue “un error de edición”. Mal chiste. Lo que es en serio es el mejoramiento en la atención en el IMSS. Lo pudimos comprobar. En Manzanillo, Colima, se alistan para los nuevos parques industriales, con la nueva planta almacenadora de gas licuado, que llevará industrias hasta de China, como la automotriz.
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