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Paul Krugman El Universal Martes 15 de julio de 2008 |
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Este hecho, más que cualquier otra cosa, hace difícil imaginarse cómo podrían los demócratas perder esta elección. Pero, ¿tiene razón la gente de estar tan disgustada con el manejo económico de Bush? No exactamente. La situación de la economía es realmente pésima, hecho del cual Bush parece estar espectacularmente poco consciente. Pero eso no es lo mismo que decir que la mala economía es culpa de Bush. Por otro lado, hay una cierta justicia cruel en esta actitud de la gente. Otros políticos además de Bush comparten la culpa por el desastre en el que estamos, pero la mayoría son republicanos. Primero lo primero: no preste atención a los apologistas que pretenden defender el historial económico de Bush. Desde 2001, las condiciones económicas han fluctuado entre lo regular y lo francamente malo; una recesión, seguida por una de las expansiones más débiles de la posguerra, y luego otro declive laboral que aún no es oficialmente una recesión aunque ciertamente se siente como una. En general, Bush tendría suerte si deja el cargo con una ganancia neta de cinco millones de empleos, muy lejos del número necesario para mantenerse al ritmo del crecimiento de la población. En comparación, Bill Clinton dirigió una economía que generó 22 millones de empleos. ¿Y qué dice Bush sobre este funesto historial? “Creo que cuando la gente mire atrás a este momento de nuestra historia económica, reconocerá que los recortes fiscales funcionan”. Atolondrado hasta el final. Sin embargo, hasta los economistas liberales tienen problemas para argumentar que el atolondramiento de Bush de hecho provocó el pobre desempeño económico que se ha registrado durante su presidencia. Los recortes fiscales no funcionaron, pero tampoco crearon el desplome de la era Bush. Entonces, ¿qué fue? En lo más alto de mi lista de las causas de la pésima economía están tres factores: la burbuja inmobiliaria y sus efectos, el alza en los costos del cuidado médico y el disparo de los precios de materias primas. He escrito mucho sobre vivienda, así que hoy hablemos de los otros. La mayor parte de la discusión pública sobre el sistema de salud se centra en los problemas de quienes carecen de seguro, o tienen uno insuficiente. Pero las primas de seguro también son un importante gasto corporativo: es famoso el hecho de que los fabricantes de autos gastan más en cuidado médico que en acero. Una de las claves del auge de la época de Clinton de las que no se habla mucho fue la forma en que el costo del cuidado de la salud se estabilizó entre 1993 y 2000. Por un tiempo, la proliferación de organizaciones para el cuidado de la salud creó una barrera a las primas, lo que alentó a las compañías a expandir su fuerza laboral. Pero las primas volvieron a subir en 2000, imponiendo nuevas y pesadas cargas a los negocios. Es casi seguro que esto jugó un importante papel en la débil creación de empleos. ¿Y qué pasa con los precios de las materias primas? Durante los años de Clinton los productos básicos se mantuvieron baratos comparados con los estándares históricos. Desde entonces, empero, los precios de los alimentos y de la energía se han disparado, absorbiendo directamente alrededor de 5% del ingreso real de la familia estadounidense típica y elevando los costos para las empresas en toda la economía. Gran parte de este problema pudo ser evitado. Si el intento de Bill Clinton de reformar el sistema de salud hubiera tenido éxito, la economía de Estados Unidos estaría hoy en mucho mejor forma. No obstante, el intento fracasó y recordemos por qué: sí, la administración Clinton se equivocó en su estrategia política, pero fueron los republicanos del Congreso quienes bloquearon la reforma, como parte de la estrategia de “coagulación” perseguida por Newt Gingrich con el fin de “alejar a todos” de Clinton. En cuanto a los altos precios de los alimentos y los combustibles, son fundamentalmente resultado de la creciente demanda de China y otras economías emergentes. Pero los precios del petróleo no serían tan altos, y Estados Unidos hubiera sido menos vulnerable a la actual alza, si en el pasado hubiéramos tomado medidas para limitar nuestro consumo de petróleo. Bush ciertamente merece algo de la culpa en este caso, y no sólo por su destructiva adopción del etanol como la respuesta a nuestros problemas energéticos. Después del 11 de septiembre de 2001 pudo fácilmente haber solicitado aumentos en los impuestos a la gasolina y mejores estándares de eficiencia en el consumo de combustibles como medidas de seguridad nacional, pero al parecer esa idea nunca cruzó por su mente. No obstante, tanto en energía como en cuidado de la salud las oportunidades perdidas más grandes se presentaron hace 15 años o más, cuando Gingrich y otros legisladores republicanos conservadores, ayudados por demócratas con vínculos con industrias de uso intensivo de energía, bloquearon las medidas en favor de la conservación. La conclusión de todo esto es que Bush merece una parte de la culpa por el precario desempeño de la economía durante su mandato, pero buena parte de la culpa corresponde a otras figuras políticas del pasado que desperdiciaron las oportunidades para emprender reformas. Pero sucede que la mayoría, aunque no todos los políticos responsables de nuestras actuales dificultades económicas han sido republicanos. Y tenga presente que John McCain se ha esmerado en reafirmar su apoyo a la ortodoxia económica republicana. Así que no tendrá motivos parta quejarse si, como parece probable, pierde las elecciones debido a la economía. (Traducción: Gregorio Narváez)
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