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Itinerario Político
Ricardo Alemán
El Universal

Martes 15 de julio de 2008



Ahora resulta que merece aplauso, temple y sensibilidad la capacidad de reacción de Marcelo Ebrard frente al crimen del New’s Divine.

Resulta que a la distancia todos debemos olvidar que desde la tarde del 20 de junio todas las instancias, las instituciones, hombres y mujeres del GDF intentaron engañar a los ciudadanos, ocultar la verdad sobre el crimen, manipular a los medios, convertirse en tapaderas y hasta alentar impunidad y corrupción con groseras maniobras de poder.

Que debemos echar tierra a los engaños que nos recetaron durante muchos días el propio Marcelo Ebrard, pasando por Joel Ortega, Rodolfo Félix y Eduardo Chíguil, y que hoy debemos aplaudir sensatez, sensibilidad y ética mostradas por Ebrard, Ortega, Félix y Chíguil, frente a una sociedad agraviada, a la que todos ellos ignoraron, despreciaron, pretendieron engañar y a la que hoy vuelven no por sus fervores éticos, sino porque los obligó la CDHDF.

No, las renuncias de Joel Ortega y Rodolfo Félix, la licencia que pidió a su cargo de jefe delegacional Francisco Chíguil, la sanción de la CNDH de que “por lo menos son responsables por la falta de ética” y el perdón que ofreció el jefe de Gobierno a los deudos del “crimen del antro”, no son producto de la formación ética de todos ellos, de un arrepentimiento real y de la vergüenza por haber fallado en sus cargos.

Les guste o no a los despedidos, a Ebrard y a Chíguil, a la llamada izquierda mexicana, a los fanáticos que cerraron ojos y oídos por defender la causa amarilla, lo saldos positivos, la alentadora resultante del crimen del New’s Divine, deben ser vistos como un triunfo de la sociedad —del DF y de todo el país—, pues a querer o no fueron posibles gracias al ejercicio insistente —cuestionado y hasta satanizado— de libertades fundamentales como la de expresión en casi todos los medios, de un saludable ejercicio de crítica en todos o casi todos esos medios, anticuerpos sociales que echaron abajo los intentos por ocultar la verdad de lo ocurrido.

Como en pocas ocasiones, la presión social, la crítica de los medios, las miradas de todos quienes sintieron lesionados sus derechos frente a un crimen como el del New’s Divine, demolieron manipulación y engaño, con lo que obligaron a otras instituciones, como la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, a no claudicar a pesar de las feroces y fuertes presiones a las que estuvo sometida.

Luego del crimen del antro, de los intentos del GDF por ocultar la verdad, de las maniobras a favor de la impunidad y la corrupción, lo que vimos fue una saludable respuesta de la llamada opinión pública, una institución social que en México no quiere ser reconocida y sus leyes tampoco son aceptadas.

Vale recordar que la opinión pública es el conjunto social que, en los hechos, conserva el poder de juzgar “la virtud y el vicio, el bien y el mal” de un gobierno. La sanción de la opinión pública a ese gobierno dado es la reprobación, en el caso de una sanción negativa, y el elogio, cuando la reacción del gobierno es positiva. Esas leyes de la opinión pública —es decir, sancionar la virtud y el vicio, el bien y el mal con la reprobación o el elogio— (según Incola Mateucci) son las leyes de la opinión pública “y se colocan junto a la ley divina y a la ley civil”.

Todos sabemos que desde la noche del 20 de junio desde la vocería del GDF se echó a caminar todo un operativo de manipulación de lo ocurrido en el New’s Divine, se editaron videos, se hizo aparecer como una tragedia producto de los dueños del antro, en tanto que se ocultó todo aquello que implicaba a la Secretaría de Seguridad Pública y a la Procuraduría del DF. Al día siguiente aparecieron las voces sociales que reclamaron reconocer lo ocurrido, renuncias por razones éticas y un perdón público.

En el Itinerario Político del 25 de junio, titulado “Es la ética, estúpidos”, dijimos: “Si las premisas de Ebrard, Ortega, Félix y Chíguil son la ética y el servicio público, ya habrían renunciado… falta de ética que se exhibe con la siguiente pregunta, que no tiene respuesta: ¿Quién de ellos ha pedido perdón a la sociedad agraviada?”. En el Itinerario Político de la víspera, titulado “PRD: fracaso cultural”, señalamos: “El único espacio posible de diversión, esparcimiento, o llanamente de ‘desmadre’ para los jóvenes son ratoneras como esa discoteca. ¿Qué han hecho por los jóvenes en 12 años de gobierno el PRD y la izquierda en el DF? La respuesta avergüenza a los que creímos y creemos en la izquierda”. La CDHDF ratificó la falta de ética, recomendó pedir perdón y la izquierda dijo que atendería a los jóvenes.

Así, luego de la presión social, de la saludable opinión pública, Ebrard no tuvo más remedio que cumplir las recomendaciones de la CDHDF. Y no, no fue por sensibilidad, sino por la presión social.

En el camino

Idéntica presión social que la opinión pública deberá expresar para censurar los fracasados operativos militares contra el narco. Hablaremos de eso pronto.



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