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Entre nos
Claudia Pérez
El Universal

Lunes 14 de julio de 2008



Desde nuestros ancestros, hemos sido conscientes del ciclo lunar. Dividimos los años antes y después de Cristo. Celebramos nuestro cumpleaños, bodas de plata y, con suerte, las de oro. Académicamente, cada grado implica mayor o menor preparación.

Es más sencillo distinguir el principio y el fin de cada etapa cuando están marcados por fechas, pero al tratarse de un asunto emocional, nos resulta difícil reconocer los límites.

Por ejemplo, la actriz principal de una película tiene que filmar una escena muy triste en la que tiene que llorar. Cuando el director dice ¡acción!, ella desarrolla el conflicto conforme a las emociones que produce y las circunstancias de la historia; vive intensamente la situación en el presente hasta que escucha una voz que dice ¡corte!, momento en el que se desconecta de la emoción experimentada.

Lo anterior sucede en la ficción, el problema es que en la realidad no tenemos quien nos diga ¡corte!, sólo nuestra conciencia nos indica cuando un sentimiento no debe prolongarse más de lo debido para que el dolor no se transforme en sufrimiento, la risa en histeria o la inactividad en depresión.

Cualquier deportista después de entrenar o competir, limpia el sudor de su cuerpo, ¿cuántos de nosotros lavamos nuestra alma después de una pelea con un ser querido?

Incluso es importante saber hasta qué punto disfrutar del éxito para plantearnos nuevas metas. El olor a sucio se elimina con agua, jabón o perfume; el rencor, la ira y el resentimiento, profundizando en nuestro interior para dejar de “apestar” a los demás con nuestros problemas.

Alto en el camino

Pero, ¿cómo identificar el final de una situación? Agotemos nuestras experiencias hasta el punto que sea imposible seguir reaccionando, hagamos un alto para asimilar lo sucedido y sigamos adelante, abiertos a lo desconocido.

En el amor de amigos, parejas y hermanos, es normal que existan discusiones y desacuerdos. Lo que nos cuesta trabajo es dejar el orgullo a un lado para pedir perdón.

El enfrentamiento es positivo cuando hay una lección para ambos, pero nos falta usar la inteligencia emocional para madurar en nuestras relaciones.

Nos defendemos agrediendo al otro, haciéndole ver sus defectos. El casco de mugre que cubre nuestra alma se llama ego, y nos impide aceptar que estamos equivocados, convirtiendo la convivencia en demostración de razón y poder, en lugar de mostrar las necesidades del espíritu, que es uno e indivisible.

Cada que tus sentidos se vean alterados por el exterior, las sensaciones repercutirán en tu interior.

Procura buscar el silencio para confirmar que lo recibido sea tan puro que no contamine colores pasados, ni aromas futuros.

lahojaenblanco@gmail.com



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