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| Itinerario Político |
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Ricardo Alemán El Universal Lunes 14 de julio de 2008 |
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Durante meses, cuando arrancó el frenesí petrolero en el PRD, aquí dijimos que el pataleo no era más que un ardid político-electoral y que, en el delirio, “el movimiento soy yo” sería capaz de oponerse, incluso, a una reforma petrolera salida de su propio partido. Y en efecto, ocurrió lo inevitable, el tiempo nos alcanzó y el legítimo se aventó la puntada de “mandar al diablo” lo más sensato que se ha escuchado sobre la industria petrolera y la reactivación de Pemex; una propuesta de diálogo entre PAN, PRI y PRD para encontrar una solución real, de fondo, de consenso, a uno de los grandes problemas nacionales: el de Pemex. ¿Y qué creen? Esa propuesta la hizo nada más y nada menos que el presidente de los amarillos, Guadalupe Acosta Naranjo. En realidad se trata de la ruta de la política y el sentido común: hablar, poner los intereses de cada uno y de los ciudadanos sobre la mesa, hablar y al final negociar. ¿Y qué dijo AMLO? Que no, porque todo intento de diálogo es sinónimo de transa. ¿Qué tal? Es decir, ninguno de los 110 millones de mexicanos tiene derecho a hacer una propuesta sobre la forma en que debe resolverse la crisis de Pemex, porque estaría intentando transar. Salvo, ¡claro!, el señor legítimo. AMLO incluso llamó a Calderón a dialogar sobre la reforma petrolera. Pero ay de aquel que se atreva a pensar con cabeza propia, que sin su “legítimo permiso” proponga otra cosa, porque entonces es un transa. Pemex los ha enloquecido, y tienen razón quienes insisten que en casos como el de “el movimiento soy yo”, el análisis político ya no es suficiente; ahora es indispensable el análisis siquiátrico. Y es que si los especialistas serios ya echaron abajo el mito del “fraude electoral de 2006”, sobre el que se construyó otro mito, el del grotesco “presidente legítimo” —también ya derruido—, hoy empieza el derrumbe del tercero de los grandes mitos creados en torno al más mitómano de los políticos: el de la privatización de Pemex. ¿Por qué la dirigencia del PRD propone un diálogo serio entre los jefes políticos de los tres grandes partidos para impulsar una reforma petrolera conjunta? ¿Por qué la llamada “consulta petrolera” de AMLO se va a realizar en tres fechas distintas? ¿Por qué se organiza una grosera transferencia de dinero público, de municipios, congresos y gobiernos estatales amarillos —igual de ilegal y nada ética que las transferencias de gobiernos azules a la Iglesia católica— para financiar la consulta petrolera? Las tres interrogantes anteriores tienen una respuesta en común, única. Porque entre los propios amarillos tienen pruebas de que la consulta nacional será un fracaso. Por eso y porque existen evidencias del rechazo social a un partido que bloquea todo y se niega a atender el problema petrolero —y para salvar la imagen del PRD frente al electorado en julio de 2009—, la actual dirigencia desempolvó una propuesta de reforma petrolera muy parecida a la de Calderón, acordada en casi 100% con el PRI, que en un momento de grandeza podría ser aprobada en septiembre. Por eso, desde el bando de AMLO, la consulta petrolera fue diferida a tres fechas y a realizarse en tres regiones distintas, no sólo porque tienen claro que será un fracaso, sino porque así AMLO gana tiempo político y obliga a gobiernos municipales y estatales a aportar cifras millonarias para rescatar lo que sea posible. En ese caso a los amarillos no les importa hacer el ridículo, ya que por un lado critican con ferocidad que los gobiernos azules regalen limosnas millonarias a la Iglesia católica, pero por otro lado ordeñan el dinero público para su propia Iglesia, la causa personalísima de AMLO, el iluminado que cree que su misión divina es salvar a los mexicanos, y a México. Y claro, para ello debe ser presidente. En el fondo, lo que vemos intramuros del PRD son los efectos y reacomodos producto del “cochinero” del 16 de marzo pasado; una elección que ante los ojos de todos quiso ser arrebatada a la mala por AMLO, y que al final de cuentas —y gracias a la intervención del Tribunal Electoral—, quedó en manos de Los Chuchos. De esa manera, ya sin el control del partido en manos del “legítimo”, se produjo una dualidad en la percepción de la realidad del PRD frente al 2009 y 2012. AMLO ya no puede seguir usando las siglas del amarillo para su beneficio personalísimo, porque Los Chuchos lo quieren para su proyecto —igualmente personalísimo— que no tiene otra divisa que la supervivencia en 2009 y 1012. El grupo de Los Chuchos va por la reforma petrolera que salve al PRD, en tanto que los talibanes van por todo lo que sea necesario con tal de rescatar el liderazgo de AMLO. Ya hay una luz al fondo del túnel. ¿Quién ganará? Al tiempo.
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