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| Invade la desesperanza a las viudas de mineros |
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Hilda Fernández Valverde
El Universal Sábado 18 de marzo de 2006 |
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Reciben apoyo de expertos de la Sociedad Española de Tanatología
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SAN JUAN DE SABINAS, Coah.- Lo que más impacta en el drama que viven las familias de los 65 mineros es que dejaron 128 hijos biológicos o de crianza huérfanos; las viudas se sienten desesperadas y no saben cómo los van a sacar adelante solas, y su mayor angustia en su desgracia es que ni siquiera tienen una tumba dónde llorarle a quien fue su amor, su vida, su todo. La falta de cadáver les impide a ellas y sus hijos vivir un duelo normal. Tardarán de uno a dos años en aceptar y resignarse a que el hombre de la casa ya no está, que deben hacer su vida sin él, y para que puedan enfrentar la realidad y superar la pérdida reciben apoyo de expertos de la Sociedad Española e Internacional de Tanatología (SEIT). Este domingo se cumplirá un mes que ocurrió la explosión en la mina Pasta de Conchos, donde quedaron sepultados 65 trabajadores. Los parientes de las víctimas -de la mayor tragedia minera ocurrida en este país, porque no se ha logrado recuperar ni un solo cuerpo-, se niegan a abandonar las instalaciones hasta que les devuelvan algo qué enterrar y rechazan tramitar las actas de defunción. El presidente de la SEIT en México, Mario Guerra Rojano, coordina al grupo de especialistas que visita cada uno de los hogares de los carboneros para hablar con sus deudos y brindarles el apoyo emocional. Destaca que los niños resienten mucho la muerte del padre, pero les cuesta procesar el duelo pues lo hacen en forma retardada. Los problemas de conducta, aprendizaje, de lenguaje, aparecen aproximadamente dos años después. La comprensión de la muerte es distinta para los niños. Por eso se les debe atender por edades, pues ven la muerte como algo reversible, como en las caricaturas. Teresa Aldrete Alcaraz, sicóloga egresada de Universidad del Valle de México, (UVM), asegura que la labor que realizan podrá sentar un precedente en el país, pues es la primera vez que una empresa, en este caso Grupo México, se ocupa de la atención a largo plazo de los efectos que causa la muerte de un ser querido en sus familiares. Tradicionalmente se pagaba la indemnización (de 50 mil a 150 mil pesos máximo) y nadie se preocupaba por el daño emocional ni los posibles trastornos que sufrían los familiares directos, señalaron. "Afortunadamente esta vez es distinto; en la primera fase hemos evaluado a las 65 familias, de las cuales detectamos a 32 que necesitan tener un seguimiento en su proceso de duelo, y al menos cinco de ellas tienen indicadores que pronostican el desarrollo de un duelo complicado porque fue una muerte violenta y su futuro económico es incierto". Hay sentimientos de culpa en algunos casos donde las esposas se lamentan: "No fui para mi marido la mujer que él quería", dicen. También los jóvenes sienten como si se les hubiera acabado el mundo porque ya no está el que era su confidente y las hijas resienten mucho porque el papá las protegía, se sabían seguras y ahora se sienten solas, desamparadas, comentan. En la muerte "normal" sólo 38% de los deudos requieren un seguimiento; el resto va superando la pérdida en forma natural, conforme pasa el tiempo, pero como se trata de una muerte masiva ese porcentaje se incrementa al 50%; la mitad se repondrán por sí solos, y la otra mitad va a requerir de un proceso de asesoramiento preventivo para que el duelo no se vuelva complicado. La sicóloga narró que Óscar, un chico del poblado de Palau, dice que come no por ganas, sino porque tiene que hacerlo. Estaba acostumbrado a comer con su padre y se siente culpable de su muerte porque trabajaba doble turno para que él estudiara la preparatoria y una carrera técnica. "Uno de los sobrevivientes, que junto con su mujer son de Chiapas, nos dio las gracias porque -apuntó- ´ahora sé que a alguien le importo, de que cuento, que no soy un número más de los sobrevivientes, sé que soy alguien que tiene un nombre, estoy ocupado por mi futuro, quiero aliviarme rápido para regresar a trabajar; si no, ¿qué será de mis hijos?´" "´Fui al hospital que me mandaron y el doctor me dijo: ´¿Sabes qué?, tú lo que quieres es una incapacidad para estar de flojo´. Esto que me pasó no se lo deseo ni a mi peor enemigo, cree que yo quería que explotara eso (la mina) y salir volando de ahí y que ahora tenga la espalda lastimada, claro que no´", aclaró. Eso que hizo el médico (del IMSS) no se vale, afirmó el tanatólogo, al indicar que esas aparentemente "pequeñas tragedias", porque no lo son, es lo que les toca atender. Cuando la tragedia acaba de pasar todo mundo está en los reflectores, pero al paso del tiempo los verdaderamente afectados se van olvidando.
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