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Dan otra ‘luz verde’ al rescate de murales
Sonia Sierra
El Universal

Jueves 14 de agosto de 2008

El proyecto, sin fecha de arranque, busca rehabilitar el entorno, así como creación de talleres para revivir el concepto cultural original

ssierra@eluniversal.com.mx

 

Muros que bloquean el paso de la gente, grafitis en medio de las obras, cochambre y humo que deforman las figuras, y locatarios que se disputan la atención de los marchantes: todo en el mercado Abelardo L. Rodríguez, que pretende ocultar los más de mil 500 metros cuadrados de murales creados a mediados de los años 30.

Tras décadas de intentos de limpieza y restauración, de proyectos como la creación de un patronato para rescatar la obra pictórica, de diagnósticos y estudios periciales o medidas urgentes como cubrir con mica las obras en uno de los pasillos, el Fideicomiso del Centro Histórico y el Instituto Nacional de Bellas Artes se han puesto de acuerdo para recuperar los murales del complejo que se ubica en las calles de República de Venezuela y Rodríguez Puebla, en el Centro Histórico.

La propuesta no sólo abarca la restauración de las obras, sino la puesta en marcha junto con la delegación Cuauhtémoc y con ex talleristas de El Faro de Oriente de más de 100 talleres que revivan el proyecto cultural, donde se ubica el Teatro del Pueblo. El titular del Fideicomiso, Inti Muñoz, no da la fecha exacta del arranque de los trabajos, sólo recalca que en breve se iniciarán. Los locatarios, por su parte, dicen desconocer el plan de trabajo.

Y aunque esta vez parece que el proyecto sí va en serio —en el cajón quedó el intento de rescate de Dolores Padierna cuando estaba al frente de la delegación Cuauhtémoc o las recomendaciones de un reporte técnico tras los sismos del 85—, la idea de recuperar la vida cultural en el sector tomará varios años porque como ocurre en todo el oriente del Centro Histórico, será necesario un rescate social y económico.

En los años 30, este mercado se concibió como modelo para otros centros de comercio en la ciudad, así como un espacio de “servicios sociales y espirituales” y “ágora popular”.

Si bien la arquitectura del complejo ha sido objeto de críticas por el “emplastamiento de estilos”, sus murales —los cuartos en importancia en la ciudad, seguidos de los que se ubican en el edificio de la SEP, en Bellas Artes y en San Ildefonso— son considerados como de gran valor histórico y artístico porque fueron creados por los discípulos de Diego Rivera, y también —como lo ha resaltado la investigadora Elizabeth Fuentes Rojas— porque concretaban “la idea de los muralistas de llegar directamente a una población más amplia y a un ambiente netamente popular”.

Las obras se han visto afectadas —en algunos casos severamente— por problemas propios del mercado como cierre o apertura de accesos, grietas derivadas de sismos, daños producidos por excremento de palomas, basura acumulada en esquinas, apertura de expendios.

En su ensayo “Estrategias para la recuperación de los murales”, el investigador Eliseo Mijango de Jesús señala que es la humedad el principal agente destructor de las obras.

Pero más severo aún es el entorno donde, además de ambulantaje, se presentan problemas de mendicidad, drogadicción y delincuencia.

 

 

 



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