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Los enemigos de la prensa
Fareed Zakaria
El Universal

Jueves 18 de febrero de 2010



Hacia el final de su calvario de 118 días en la prisión Evin de Teherán, el reportero de Newsweek, Maziar Bahari, tuvo un diálogo bizarro con su interrogador. Bahari estuvo en confinamiento solitario desde que fue arrestado, tras las polémicas elecciones presidenciales de junio; fue sometido a golpizas e interrogatorios prácticamente diarios, en sesiones que se alargaban por horas. Pero sus carceleros no pudieron demostrar sus acusaciones de que Bahari trabajaba como espía de las agencias de inteligencia occidentales. Así que levantaron una nueva y siniestra acusación en su contra: “Espionaje mediático”.

Según contó Bahari después, su interrogador sólo pudo hacer una analogía de tal delito. Como reportero de una organización noticiosa occidental, le dijo, a Bahari le habían pagado para enviar reportes a los extranjeros —o, como dijo el interrogador, a “los enemigos de Irán—. ¿Acaso no era eso lo que hacían los espías? Caso cerrado. Bahari se rió al contar esta historia, ya en casa, con su esposa y su hijo, en Londres. Pero lo cierto es que, como parte de la represión postelectoral, las Guardias Revolucionarias iraníes han criminalizado el periodismo.

Al igual que Bahari, varios reporteros han sido acusados de ser instigadores de una “revolución de terciopelo” en la República Islámica. Desde junio, más de 80 periodistas han sido arrestados. Un total de 23 seguían presos al finalizar el año y algunos recibieron largas condenas en prisión.

Bahari tuvo suerte. Tenía los recursos de Newsweek y de The Washington Post Company para respaldarlo. Con la ayuda del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) y otros organismos, logramos montar una campaña internacional en su nombre. Periódicos de todo el mundo publicaron anuncios y editoriales pidiendo la liberación de Bahari. Líderes mundiales presionaron al gobierno iraní, tanto en público como en privado. Pero el negocio de los medios está cambiando rápidamente. Incapaz de mantener corresponsalías en el extranjero, cada vez más periódicos y revistas dependen de reporteros freelance para cubrir noticias en otros países. Y estos periodistas no sólo despiertan las sospechas de dictadores y grupos militantes, sino que además son más vulnerables. Al finalizar 2009, Irán aún retenía a tres montañistas estadounidenses, uno de los cuales había trabajado como periodista freelance en Medio Oriente. En noviembre, otros dos reporteros freelance, un canadiense y un australiano, fueron liberados por un grupo rebelde somalí, después de 15 meses de cautiverio; sin organización mediática que los respaldara, su caso recibió poca atención.

En total, nueve periodistas freelance fueron asesinados en represalia por sus trabajos en 2009, y otros 60 estaban presos al concluir el año. En el cada vez más violento Paquistán, los reporteros locales son amenazados por igual por los talibanes y otros militantes, además del acoso que sufren por parte del gobierno y la indiferencia del Ejército ante su seguridad. La prensa somalí ha sufrido pérdidas devastadoras. Nueve periodistas locales fueron asesinados en 2009 y decenas más han huido del país.

Excepto por uno de los montañistas estadounidenses, los reporteros detenidos en Evin son iraníes que trabajaban para medios locales; muchos otros han sido acallados y otros han dejado el país. Algunos de esos prisioneros iraníes son blogueros o reporteros y editores de sitios de la oposición en internet. Y con buenas razones: en muchas sociedades represivas, donde los periódicos y las estaciones de radio y televisión suelen ser cerrados, los periodistas que trabajan en internet han sido los más hábiles a la hora de evadir las restricciones a la prensa.

En Cuba, donde hay al menos 25 blogs periodísticos cubriendo temas sociales y noticias políticas, los blogueros ensamblan computadoras con partes que compran en el mercado negro y usan sus ahorros para comprar tiempo en cafés internet. Pero al igual que otros periodistas freelance, trabajan sin gozar de las protecciones institucionales —incluyendo abogados, dinero y afiliaciones profesionales— que pueden protegerlos del asedio o de la cárcel. Este tipo de periodistas son particularmente vulnerables en China, Burma, Vietnam e Irán. De hecho, la mitad de los reporteros presos a nivel mundial son periodistas que trabajan para la red.

En este escenario, el trabajo del CPJ es más importante que nunca. Regímenes represivos como el de Irán se aprovechan del anonimato de sus víctimas y de que el mundo o desconoce o pasa por alto a quienes han sido arrestados y el por qué. Y sin gozar del respaldo que da el sello de una organización noticiosa de renombre, es muy fácil que los blogueros, periodistas locales y free-lance desaparezcan. Lo que todos ellos necesitan es el tipo de atención destacada que el CPJ puede brindar. Los gobiernos responden a la presión consistente, fundamentada y bien publicitada; de otra forma, aun un reportero como Bahari seguiría en prisión.

El activismo funciona y eso nos beneficia a todos: a quienes contratan a periodistas freelance; a quienes dependen de los blogs locales para obtener información de primera mano sobre países lejanos; a quienes trabajan con periodistas locales que tienen las conexiones y fuentes que sólo se pueden forjar al paso de los años. Y, más que a nadie, beneficia a nuestros lectores, televidentes y radioescuchas.

Al convertir a los periodistas en su blanco, Teherán espera que el mundo no vea la represión y abusos a que somete a su pueblo. Evitar que este régimen y otros similares logren su objetivo bien vale nuestros máximos esfuerzos.

 

 

* El autor es editor de Newsweek International y anfitrión del programa “Fareed Zakaria GPS”, en CNN. Ha escrito varios libros, incluyendo los bestsellers “The Future of Freedom” (El Futuro de la Libertad) y “The Post-American World” (El Mundo Postamericano). El presente artículo es un extracto del prefacio del reporte “Ataques contra la Prensa 2009”, presentado ayer por el CPJ

 



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