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A Javier Beristain y su flecha con destino cósmico
Jorge A. Chávez Presa
El Universal

Sábado 04 de julio de 2009



Hasta en los últimos momentos de su vida, Javier Beristain Iturbide nos mostró por qué además de economista era esencialmente un maestro. Su vocación de enseñar economía e historia del pensamiento económico rebasaba las aulas. La actividad magisterial la practicaba en cada lugar al que llegaba.

El pasado domingo 21 de junio dejó de estar con nosotros después de sostener una lucha contra el cáncer. Javier habrá partido, pero su esencia permanecerá en quienes lo conocimos. Se quedan con nosotros su ejemplo y los efectos de sus contribuciones, por lo que quiero compartir algo de lo que aprendí de él.

La preocupación intelectual de Javier era abordar los problemas económicos, políticos y sociales de México con la caja de herramientas que proporciona la economía.

Su compromiso con México, su ciudad, su colonia, los vecinos de su calle, su comunidad, que lo llevó del ITAM a otras universidades y a otros profesionistas, lo hacía con proyectos concretos. Creía en los enfoques multidisciplinarios para resolver problemas reales.

A lo largo de su vida profesional nos mostró que lo importante no era ocupar un cargo público de alto rango, sino concretar transformaciones que mejoraran la realidad de millones de personas. En particular siempre atendía a la preocupación de cómo podía beneficiarse más a quienes menos tienen y menos pueden. Por ello su interés constante en la distribución del ingreso que puede observarse en sus publicaciones.

Como secretario de Planeación y Finanzas del Departamento del Distrito Federal, durante dos administraciones distintas (1992-1997), Beristain fue un estudioso de los problemas urbanos. Además de haber dejado las finanzas de la capital como nunca antes habían estado, ahí buscó soluciones para lograr un menor desperdicio del agua. Cuidó el interés público sobre todas las cosas y mostró cómo podía participar la inversión privada para que los escasos recursos del DF pudieran aplicarse a otros proyectos. Esta modalidad en la administración de la red de agua ha trascendido hasta nuestros días. Recuerdo también cómo se preocupó por buscar soluciones al problema de los residuos sólidos y la localización de opciones para los rellenos sanitarios que demanda la generación de basura de la gran metrópoli, e impulsó la construcción de la línea B del Metro.

Fue un mexicano excepcional a quien recordaremos con cariño, respeto y admiración, porque hasta el último momento de su vida antepuso el interés de los demás al propio. Javier Beristain continuará con nosotros a través de los proyectos que inició. Ahora ha pasado la estafeta para que nos preocupemos y ocupemos y que nuestro país avance, ese a fin de cuentas es el espíritu que anima al Grupo Huatusco que fundó hace siete años.

Me llamó siempre la atención su insistencia en que al abordar un problema de política pública no sólo importaba el análisis y el diagnóstico, sino el cómo concretar la medida. Por ello su énfasis en analizar y diseñar los procesos que aseguraran el resultado. Javier Beristain fue un hombre de visión, propuesta y acción. Lo demostró en cada una de las posiciones que ocupó, desde la rectoría del ITAM hasta como director general de Afore XXI.

El mejor homenaje que se le puede hacer a una persona como Javier es continuar los proyectos que inició. Al recibir del ITAM el grado de doctor honoris causa, dedicó su discurso a la construcción de un mejor futuro. Ahí compartió la visión de “que todos los niños y jóvenes de México, sin distinción de etnia, género, lugar de nacimiento y situación socioeconómica, tengan las mismas oportunidades de recibir una educación de calidad”; y su propuesta: “Que el ITAM haga algo para hacer realidad esa visión”. A esto lo llamó una flecha con destino cósmico, que precisamente por ese deseo tan ambicioso nos concierne a todos, especialmente porque “en México se ha creado, además, una peligrosa brecha entre la educación pública para las mayorías y la educación privada para las élites que contribuye a perpetuar la inmovilidad social y la desigualdad”.

Lo recordaremos también por su gran generosidad. Él y su esposa María Elena Juárez son practicantes de la auténtica filantropía, ésa en la que haces el bien sin mirar a quién. El día de su velorio llegaron decenas de niños sordos que con su mirada decían todo. Javier era el presidente del patronato de esa escuela, en la que contribuyó no sólo para financiarla sino también para mejorar el programa de estudios. El trabajo en tareas de gobierno de Beristain es una inspiración para quienes hemos considerado que el servicio público, además de vocación, requiere dedicación y compromiso. Javier, te extrañaremos muchísimo.

Economista



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