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No somos narcos ni mentirosos: náufragos
Alejandro Suverza y Francisco Gómez
El Universal

Sábado 26 de agosto de 2006

Lluvia de preguntas y mar de dudas, a su llegada. En San Blas, repicar de campanas, escolta y cohetes, durante la recepción

La travesía continuó para los tres pescadores que pasaron nueve meses a la deriva. Lucio Rendón, Jesús Eduardo Vidaña y Salvador Ordóñez naufragaron sobre un mar de dudas al llegar al aeropuerto de la ciudad de México. Ni en sus peores momentos soportaron una tormenta como la de ayer.

Cuando aparecieron en el salón de usos múltiples para responder a preguntas de la prensa, una lluvia de preguntas cayó encima y de presuntos sobrevivientes pasaron a la categoría de presuntos sospechosos.

Los náufragos negaron que su odisea haya sido un invento del gobierno para desviar la atención o que se hayan perdido mientras estaban traficando con drogas.

Se mostraron dispuestos a ser sometidos a la prueba del polígrafo para demostrar que su historia es real.

Los reporteros insistieron en que su estado de salud era, en apariencia, muy bueno para haber estado nueve meses en alta mar. Jesús y Salvador respondieron que en la lancha llevaban una cobija de Lucio, la cual cortaron para que cada uno se protegiera del sol y que los 11 días a bordo del barco taiwanés que los rescató fueron suficientes para reponerse.

Tras el interrogatorio, cada uno tomó su vuelo a Nayarit, Sinaloa y Oaxaca.

Lucio Rendón llegó a San Blas, de donde partieron los tres en noviembre del año pasado.

Ni en sueños se imaginó un regreso así: todo el pueblo en las calles aplaudiéndole, las campanas repicando, escoltado por la policía, la banda de música sonando a todo lo que daba, salvas de cohetones y entre vivas de la gente.

En la iglesia del puerto nayarita se realizó una misa de acción de gracias.

Salvador llegó a Huatulco, donde familiares y amigos lo recibieron con gritos de júbilo. De ahí se dirigió a Puerto Ángel.

"Voy a estar dos o tres días, voy a convivir con mi familia y después regreso a Nayarit, para volver al mar, porque el mar es mi pasión", afirmó.

A Jesús lo recibió una valla humana de casi 3 kilómetros de longitud en la localidad Las Arenitas, en Sinaloa.

(Con información de Liliana Alcántara, Alberto López Morales, Arturo Soriano y Javier Cabrera, reportera y corresponsales)



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