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| El mejor gol mata a México |
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Abraham Guerrero G.
El Universal Leipzig, Alemania Domingo 25 de junio de 2006 |
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Sólo un golazo, la jugada más bella y dolorosa en este Mundial, pudo con el espíritu verde; Maxi Rodríguez, el héroe albiceleste
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Echarle un vistazo al reloj significaba hundirse en la impotencia. El zurdazo de Maxi Rodríguez había apagado los ánimos de un equipo que luchó hasta los calambres. El corazón de los miles de mexicanos en Leipzig latía tres veces más rápido de lo normal. Los oídos habían perdido sensibilidad, eran momentos en los que el bullicio del estadio los tenía apartados de todo, menos de lo que veían en la cancha. Drama, rabia, adrenalina. Mucha tensión, tanta que las palabras se quedaban atoradas en la garganta. Ellos, los jugadores que Ricardo La Volpe decidió que eran los mejores para defender la camiseta de México, fueron los responsables de marcar las emociones, de mostrar que no era cuestión de un milagro y tampoco de achacarle al conjunto Tricolor alguna frase trillada. No, "jugaron como nunca", simplemente se brindaron, hicieron lo mejor que ofrecieron sus piernas y su corazón. En ningún otro partido de esta Copa, el balón había corrido tanto. De un área a otra y con muy pocos segundo de descanso. Ambos equipos se derritieron sobre la cancha. El Tri salió al terreno de juego con la intención de no complicarse de más. Y qué mejor que un gol al minuto 6 para regalar confianza. Quién mejor que el capitán Rafa Márquez para darle seguridad a sus compañeros. Así fue, en jugada a balón parado, el defensor mexicano entró solo tras la peinada de Méndez y abrió paso a la locura. Luego, un accidente que envolvió a Borgetti, a quien la única culpa que se le puede achacar es el afán por defender su meta. Lamentablemente para él y los mexicanos, su cabezazo, que de intención era salvador, igualó el marcador al minuto 10. México no tuvo la suerte de su lado. Cierto, en el futbol no se gana con fortuna, pero sí se pierde cuando no está de tu lado. La Volpe debió afrontar las lesiones de Pardo y Guardado, quienes jugaban un partidazo. Casi nadie reconocerá el mérito del técnico, pero el Tri no se desdibujó. Corroboró que el trabajo era global, completo, la idea futbolística estaba aprendida. Para colmo, el árbitro hizo valer el peso histórico de Argentina: balón dividido era para Argentina. Jugador que caía por nada, era falta en favor de Argentina. Amonestaciones, todas para México. Tarjeta roja, se la perdonó a Argentina cuando Heinze perdió el balón con Fonseca y en jugada clara de gol derribó al mexicano. Pekerman, técnico albiceleste, estaba desesperado, ingresó a sus delanteros nucleares: Messi y Tévez, pero nada, no había claridad ante un equipazo verde. Llegaron los tiempos extras y no había cuartel en la batalla. Todo indicaba que México estaba en desventaja por las circunstancias del juego: dos lesionados que no permitieron hacer cambios tácticos, sí por necesidad y un desgaste bárbaro. Sin embargo, nada cambió, México defendía con criterio y mantenía esa idea, siempre plausible de salir con el balón desde atrás, al pie y de lado a lado. Sólo un golazo, la jugada más bella y dolorosa en este Mundial pudo con el espíritu verde. Maxi Rodríguez bajó y acomodó de pecho un cambio de juego de Sorín y colocó el balón abajo del ángulo de la portería de Oswaldo. Un gol espectacular, bello y mortífero como el canto de una sirena. |
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