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Reportan más de 4 mil muertos por sismo en Indonesia
AP
El Universal
Bantul, Indonesia
Domingo 28 de mayo de 2006

Sobrevivientes escarban entre escombros para encontrar alimentos, ropa u objetos de valor

Miles de sobrevivientes exhaustos escarbaban entre los escombros de sus viviendas el domingo en busca de alimentos, ropa y objetos de valor después que un poderoso sismo mató a más de 4,200 personas en el centro de Indonesia, según las autoridades locales.

El sismo de magnitud 6.3 se produjo el sábado por la madrugada y dejó miles de heridos en el corazón de la poblada isla de Java, en el desastre más grave que sufre el país desde el tsunami de 2004. También causó temores de que un volcán cercano entre en erupción y causó graves daños al famoso templo de Prambanan, que data del siglo IX.

La zona de desastre abarcó cientos de miles de kilómetros cuadrados de la provincia de Yogyakarta, predominantemente rural. La población de Bantul resultó la más afectada, con 2,700 muertos y el 80% de las viviendas destruidas.

"Debo iniciar mi vida otra vez a partir de cero", dijo el vecino Poniran, cuya hija Ellie, de cinco años, murió en el sismo.

Poniran rescató a su hija con vida entre los escombros, pero la niña murió en el hospital donde aguardaba tratamiento entre cientos de víctimas.

"Sus últimas palabras fueron, 'papito, papito'", dijo el hombre.

La cifra de muertos asciende a 4.243, dijeron funcionarios del gobierno.

Otras 200 mil personas perdieron sus hogares, según la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja.

Decenas de miles pasaron la noche del sábado a la intemperie, en calles, campos sembrados de mandioca y en las sendas estrechas entre los arrozales. La electricidad y los teléfonos estaban interrumpidos en buena parte de la región, estremecida por réplicas del sismo de hasta 5.2 de magnitud.

Los sobrevivientes removían los escombros de sus casas el domingo en busca de objetos de valor o utilidad, y se quejaban de la falta de ayuda.

"Nos falta todo, ropa, alimentos, agua, de todo. Somos pobres, pero nuestras vidas importan", dijo Budi Wiyana, de 63 años, que perdió su casa.

Los médicos se esforzaban por atender a los heridos, cientos de los cuales estaban tendido sobre hojas de plástico, esterillas e incluso periódicos frente a los hospitales desbordados. Algunos recibían suero gota a gota de frascos colgados de los árboles.

El piso del hospital Doctor Sardjito en Yogyakarta estaba cubierto de manchas de sangre, vendajes descartados y material médico.

lv



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