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Cierra con controversia política Feria de Fráncfort
EFE
El Universal
Fráncfort, Alemania
Domingo 23 de octubre de 2005

Entregan los libreros alemanes el Premio de la Paz al escritor turco Orhan Pamuk, acusado actualmente en su país natal de traición por sus constatación de matanzas contra armenios y kurdos

La entrega del Premio de la Paz de los Libreros alemanes al escritor turco Orhan Pamuk llevó hoy a su punto culminante a una Feria de Fráncfort teñida desde el comienzo hasta el final por el debate político.

El solo premio a Pamuk, acusado actualmente en Turquía de traición por sus constatación de matanzas contra armenios y kurdos, era ya una declaración de principios de la Feria que este año quería, como se dijo desde la inauguración, renovar su condición de plataforma de discusión política y cultural.

Pamuk, sin embargo, en su discurso de hoy, aunque no eludió la discusión política, no se refirió en ningún momento a su situación personal actual, lo que sí hizo ayer en una conferencia de prensa.

En el discurso, Pamuk abordó materias como la relación entre la novela y la política, la tradición novelística como uno de los elementos fundamentales de la identidad europea y el camino de Turquía hacia el ingreso a la Unión Europea (UE).

Para Pamuk, el tipo de actividad política que verdaderamente le corresponde a un escritor no está en el trabajo para una causa, partido o grupo determinado sino en su "imaginación y su capacidad de ponerse en la posición de otros".

"Esa energía le permite no sólo sacar a la luz verdades antes no expresadas en palabras sino también convertirse en portavoz de todos los que logran hacerse oír cuya ira no se percibe y en abogado de la palabra oprimida y nunca articulada", dijo.

Pamuk se refirió al caso de Los demonios de Dostoievski que el escritor turco ve como la mejor novela política que se ha escrito.

Independientemente de la intención de Dostoievski, que escribió la novela como un panfleto contra la occidentalización de Rusia y el nihilismo, Los demonios se lee como la expresión de la contradicción interna de un escritor que no se sentía plenamente perteneciente a occidente pero estaba cegado por su brillo.

En las novelas de Dostoievski, Pamuk cree percibir cierto sentimiento de "vergüenza" que tiene que ver también con la situación turca de los últimos doscientos años en la medida en que la búsqueda de occidentalización implica también una confrontación crítica con particularidades del propio país.

"El problema entre el occidente y el oriente o, como prefiero llamarlo, entre la tradición y la modernidad, tiene que ver con cierto sentimiento de vergüenza que nunca se puede eliminar por completo", dijo Pamuk.

Lo opuesto a la vergüenza, sin embargo, es el orgullo y muchos que se sienten humillados quieren reaccionar ante ello con un "nacionalismo orgulloso".

El puente entre los humillados y avergonzados, que pueden caer en el orgullo del nacionalismo, y los otros, según Pamuk, puede tenderlo la novela a través de la capacidad que tiene de "ponernos en la posición del otro".

La tradición novelística, además, considerada por Pamuk junto con la música orquestal y el arte del renacimiento como uno de los tres pilares de la identidad europea, enseña, según el escritor turco, que Europa no se define tanto a través del cristianismo, como insisten muchos críticos del eventual ingreso turco a la UE, sino a través del individualismo.

"Europa se me hizo atractiva a través de héroes de novela que luchaban por su libertad. Europa merece crédito por haber llevado más allá de occidente los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad", dijo el escritor.

Ni Europa, según Pamuk, se puede definir sólo a través del cristianismo ni Turquía puede "nutrir su fuerza sólo de la religión" porque, si así fuera, se convertiría en "una fortaleza que no miraría al futuro sino al pasado".

En cambio, "si Europa está poseída por el espíritu de la ilustración, la igualdad y la democracia, entonces Turquía tiene que tener su puesto en esa Europa".

Pamuk subrayó que no sólo gente como él, crecido en una familia laicista y moderna, cree en la UE sino también la gran mayoría de los turcos conservadores y religiosos, así como sus representantes políticos, que están convencidos de que Turquía debe tener su puesto en Europa.

Pamuk lamentó también que algunos políticos alemanes, en la última campaña electoral, hayan hecho una campaña que no se limitaba a criticar al estado turco por su déficit democrático sino que atacaron la cultura turca en su totalidad, lo que causa una reacción negativa hacia Europa en Turquía.

vgt



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