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| Dirigen mexicanos exitoso negocio de tortillas en Sudáfrica |
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Notimex
El Universal Johannesburgo, Sudáfrica Sábado 01 de octubre de 2005 |
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Considera el embajador mexicano Mauricio de María y Campos, que la familia Agraz es un ejemplo de las oportunidades de negocio que otros mexicanos pueden hallar en esta nación
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Aunque esté a miles de kilómetros de distancia de México, en Sudáfrica podrá encontrar auténticos platillos mexicanos como nachos, tostadas y, por supuesto, tortillas de maíz y de trigo, producidas por una pareja de mexicanos. El próspero negocio empezó hace ocho años, cuando el matrimonio Agraz decidió comprar al Grupo Industrial Maseca una máquina para hacer tortillas de maíz que había enviado a esta ciudad para un festival organizado por la embajada mexicana. La feria, en la que participaron una amplia variedad de empresas mexicanas de distintos rubros -como bebidas, artesanía, juguetes, textiles- fue todo un éxito. Sin embargo, la propuesta de Maseca de introducir el producto mexicano en el mercado local se desplomó debido al elevado costo de la tortilla en comparación al pap, un platillo regional a base de maíz sin sal con el que los sudafricanos acompañan sus comidas. "La tortilla resultó muy cara", 10 veces más que el producto tradicional sudafricano, explicó Gaby Agraz, quien operó junto a su esposo Héctor la máquina durante la semana de la exhibición mexicana. Además de la desventaja del precio, la tortilla mexicana difícilmente podría ser introducida de manera masiva en el mercado sudafricano como sustituto del pap, ya que se trata de "conceptos diferentes", a pesar de que la base es el maíz. Frente a este escenario, el matrimonio mexicano y un sudafricano y una colombiana propusieron al Grupo Industrial Maseca comprar la máquina por ocho mil dólares. Así nació la empresa Azteca en un país donde hay un "conocimiento nulo de la auténtica comida mexicana" y sin que ninguno de sus dueños tuviera experiencia en el negocio de las tortillas. Lo cierto es que Gaby reconoce que su experiencia era nula en el mundo de los negocios, tanto en México como en Sudáfrica, a donde llegó a vivir en 1996 después que su esposo aceptó ser trasladado por una firma de productos alimenticios estadounidense. Aunque siempre le gustó la "vendimia", esta mexicana de 38 años de edad pasó de la Neurolingüística -estudios que cursó en México-, a la producción de tortillas y totopos, que al principio fue lo que "más pegó". Desde 1998, los totopos son vendidos en todos los centros de autoservicios del país, a través de la marca Banditos, así como en una amplia variedad de restaurantes que ofrece nachos en su menú. Al cabo de dos años y medio en el negocio, la pareja mexicana se quedó con el 100% de la empresa, que registró un importante crecimiento en 2001, tras la introducción de la tortilla de harina de trigo. Al notar que había mercado para la tortilla de harina de trigo, los Agraz decidieron comprar la máquina en Guadalajara, en el occidental estado mexicano de Jalisco, e incorporarla a su oferta de productos. La decisión fue acertada, toda vez que representa uno de sus mejores productos, con una fabricación diaria de ocho mil tortillas para abastecer una cadena de restaurantes que cuenta con 300 establecimientos en este país, Namibia y Mozambique. Además de la venta a otras cadenas de restaurantes, Azteca distribuye a unos 60 establecimientos independientes tortillas de cuatro tamaños diferentes, nachos de distintos sabores, así como tostadas tradicionales. La producción de totopos oscila entre los 250 y 300 kilos diarios, mientras la de tortillas de maíz varía entre las 500 y mil a la semana. Gaby espera aumentar la producción de tortillas de maíz, tostadas y totopos cuando pongan a funcionar el molino para nixtamalizar que adquirieron en fecha reciente. A partir de entonces, Azteca dejará de importar la harina para fabricar sus productos de maíz y ello abaratará de inmediato sus costos, haciéndolos más competitivos en ese rubro. Entre las principales dificultades que encontró para vender sus productos, Gaby señaló el escaso conocimiento de la auténtica comida mexicana y la creencia de que todos los platillos son picosos. Ya al interior de la fábrica, donde laboran ocho mujeres, una persona que maneja las máquinas y un supervisor, mencionó la barrera del lenguaje, porque "aunque mi inglés no es malo, no es el que ellos están acostumbrados a oír". "Vender algo de tu país, te abre las puertas", resaltó Gaby, quien señaló que la "vida les ha cambiado" desde que producen tortillas. A decir del embajador mexicano Mauricio de María y Campos, los Agraz -quienes llegaron al país con sus dos hijos- son el centro de la comunidad mexicana en Sudáfrica y ejemplo de las oportunidades de negocio que otros mexicanos pueden hallar en esta nación. evam |
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