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| Slim, la estrella en Palacio Nacional |
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Juan Arvizu Arrioja
El Universal Jueves 08 de enero de 2009 |
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Al hombre de semblante despejado, de sonrisa fácil, atento a quienes lo saludan, le abren paso hasta su lugar señalado al centro de la primera fila. Es Carlos Slim, el artífice de la riqueza
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juan.arvizu@eluniversal.com.mx
Al hombre de semblante despejado, de sonrisa fácil, atento a quienes lo saludan, le abren paso hasta su lugar señalado al centro de la primera fila. Es Carlos Slim, el artífice de la riqueza. Su presencia en el salón de la Tesorería genera una reacción de aliento, como si hubiera llegado la solución a los problemas de la crisis global, que reúne a los poderes, los de la Unión, los del billete y del trabajo en el campo y la ciudad. Es la mañana siguiente al día de los Reyes Magos. El presidente Felipe Calderón decreta el renacer de los pactos de sectores, como aquellos de los desastres económicos de los años ochentas y noventas. Y como primer acto de magia, anuncia que congela el precio de la gasolina, y titula el esfuerzo como Acuerdo Nacional en Favor de la Economía Familiar y el Empleo. Parece que rebasa por la izquierda al FAP y su movimiento en defensa de la economía popular. El salón de la Tesorería es insuficiente. Treinta minutos antes de la hora de la cita, hay senadores y empresarios en busca de un asiento. Alejandro Werner, subsecretario de Hacienda, brazo derecho de Agustín Carstens, o sea, operador de los acuerdos anticrisis, quitado de la pena, divertido, se acomoda en la antepenúltima fila. Mientras, el hombre más rico del mundo (versión 2008), ha entrado al recinto. Como que nada le preocupa. ¿Los problemas no le quitan el sueño? “¿Tendrían que quitármelo?” Habla por teléfono celular; responde a los saludos. Slim, Slim, Slim, se oye decir a su paso. Es Slim. Allá va Slim. El éxito económico con un bronceado 2009. El cacho de mundo que aparece ante él a las 8:35 horas se pone a sus pies. Otro telefonema vuelve a iluminar su rostro. Frente al artífice de la riqueza se acomoda el gabinete legal, los 31 gobernadores, representantes del sector privado, de campesinos, obreros, los líderes de diputados, César Duarte, y de senadores, Gustavo Madero. Los presidentes de la Corte, del IFE y el gobernador del Banco de México. Calderón anuncia 25 medidas anticrisis. La Conago, por conducto de Natividad González Parás, gobernador de Nuevo León, apoya. José Luis González Aguilera, presidente del Congreso Agrario Permanente (CAP), señala que el mejor diálogo es la producción de alimentos, y aprovecha para decir a los banqueros que son “abusivos, agiotistas”. Armando Paredes Arroyo (CCE) “cierra filas a favor de México”, pero dice que el IETU no es para los tiempos de recesión que vienen. Joaquín Gamboa Pascoe (CTM), decano de los pactos económicos, sucesor de Fidel Velázquez, da las gracias al Presidente por el acuerdo. Exculpa a los empresarios de los despidos que hayan y aboga por ellos: —Es necesario darles la oportunidad y la restauración económica. Se levantan tímidos murmullos. Y cuando dice que la huelga es un “accesorio”, una silbatina le responde. Reprueba a las fuerzas políticas que obstruyen las calles de la gran ciudad cuyo jefe de gobierno, Marcelo Ebrard, es el ausente del día. Cuando todos se han ido, afuera del Palacio Nacional, Slim gasta, ¿o invierte?, 40 minutos en explicar las oportunidades que hay debajo de los problemas. Cerca de un laurel habla como maestro de la riqueza. Sin prisa sube a su Mercedes, al volante. —¡Es Slim! ¡Sin chofer! Sonríe al presente y se va solo.
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