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La incapacidad al desnudo
Enrique F. MolineroCorresponsal
El Universal

Viernes 26 de diciembre de 2008

No cumplió las promesas, ambiciosas, que hizo al llegar al gobierno. Ahora, un país entero le pasa la factura

 

Cuando Costas Karamanlis fue electo, por primera vez primer ministro de Grecia, además de obtener una sólida victoria en las urnas y de llevar al partido conservador Nueva Democracia de regreso al poder, se atrevió a prometer un nuevo futuro para su país.

“Es el comienzo de una nueva era para Grecia”, dijo el político en un lejano mes de marzo de 2004. No fue todo. Karamanlis, el último descendiente de una de las dinastías políticas más importantes del país en ocupar un alto cargo en el gobierno griego, juró que durante su mandato “reinventaría” el Estado, eliminaría la corrupción e iniciaría una reforma radical en la educación.

Como suele ocurrir muchas veces en la política, Karamanlis nunca cumplió con sus promesas y el precio lo está pagando ahora, cuando una violenta revuelta juvenil que se originó por la muerte de un joven de 15 años, puede acabar con su gobierno.

Cuatro años después del glorioso triunfo electoral de Karamanlis, el Estado griego sigue siendo un instrumento para otorgar favores, la corrupción en el sector público es endémica y todos los intentos para reformar la educación fracasaron rotundamente.

La muerte de Alexandros Grigoropulus, que cayó abatido por el disparo de un policía en circunstancias poco claras, provocó un estallido de violencia en el país que desbordó al gobierno y que ha hecho temer que la violencia juvenil se extienda a otros países europeos.

Aunque Karamanlis ordenó el arresto inmediato de los dos policías envueltos en el asesinato, ofreció disculpas a la población e intentó sin éxito disculpar a las fuerzas de orden, el político de 52 años fracasó totalmente en restaurar el orden en el país, por una razón tan simple como es el balance de sus cuatro años de gobierno.

Los graves incidentes que pueden acabar con la gestión de Karamanlis, es cierto, nacieron como una protesta espontánea por la brutal represión de la policía en Atenas, pero rápidamente se convirtieron en un amplio movimiento nacional de descontento, que pretende denunciar cuatro años de inmovilismo político.

En las últimas dos semanas, los griegos han quemado locales comerciales, se han enfrentado a la policía, piden la renuncia del gobierno y gritan consignas revolucionarias, sobre todo para expresar su descontento con la economía, una sociedad inmóvil que ofrece pocas posibilidades y una cultura política marcada por la corrupción.

Hace cuatro años Grecia votó por el cambio generacional y el mensaje de regeneración enviado al país por Costas Karamanlis fue escuchado y aceptado por una amplia mayoría. Claro, eran otros tiempos, y el líder conservador era conocido en la población como un trabajador, adusto, serio e inteligente, pero también nadie lo consideraba un político brillante.

Pero Costas Karamanlis, sobrino del legendario Constatino Karamanlis, el líder conservador que restauró la democracia en Grecia en 1974, se ganó la confianza de sus compatriotas gracias al tesón demostrado durante los ocho años que vivió su partido en la ingrata esquina de la oposición. En septiembre de 2007, el partido Nueva Democracia volvió a obtener un triunfo en las urnas y su líder repitió la promesa hecha en 2004. “El país nos ha dado un mandato claro para continuar con los cambios, con las reformas que se necesitan”, dijo Karamanlis. “Me siento profundamente responsable de ser más eficaz y evitar errores”, añadió.

La pasividad mostrada por el gobierno en las últimas dos semanas, además de reflejar una mala gestión de a crisis, dejó al desnudo una profunda incapacidad para responder con ideas a la revuelta de los jóvenes, el peor balance de la gestión de Costas Karamanlis, un político que parece estar condenado a la jubilación.

 

 

 



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