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La nave caída cobró más vidas al paso del tiempo
Icela Lagunas
El Universal

Jueves 13 de noviembre de 2008

Un trabajador de la construcción murió de un infarto fulminante, horas más tarde de presenciar la tragedia

icela.lagunas@eluniversal.com.mx

Mario Abonza Rojas no aparece en la lista de víctimas mortales del avión federal que se desplomó en Lomas de Chapultepec. Sin embargo, el hombre de 61 años murió a consecuencia de un infarto al miocardio, al parecer provocado por el susto de escuchar el estallido en la zona donde trabajaba.

La noche del martes en que cayó el jet, Mario y su hijo terminaban de trabajar como contratistas del hierro en una empresa de Polanco. Juntos vieron la explosión y la enorme bola de fuego que iluminaba parte de esa zona de la ciudad.

“Lo vi descolorido, pálido, sudaba mucho y estaba muy nervioso”, recuerda Cristina Trejo, quien fuera su esposa y que lo vio morir horas después del avionazo en el que falleció el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño.

Tras el estallido, Mario comentó a su hijo que el corazón le latía mucho, con fuerza y rapidez. Menos de 24 horas después de aquellas palabras, cuando reposaba en su casa, se “apachurró el corazón y se estaba ahogando”.

Cristina llamó al doctor al ver que su marido no podía respirar y su rostro se tornaba morado. “Le vino un infarto y luego el paro respiratorio”, le explicó el doctor que acudió en su auxilio.

Conmoción

La mujer de este empleado de la construcción dice que su marido quedó “conmocionado desde la noche del martes”, en que escuchó un estruendo y supo luego del avión de la Secretaría de Gobernación que se desplomó en la zona donde trabajaba.

“Volvimos a nacer mi hijo y yo, decía mi esposo una y otra vez antes de morir”, relató Cristina. El doctor dijo que la causa del infarto fue una impresión muy fuerte.

Al morir, Mario Abonza Rojas dejó a su esposa y tres hijos, uno de ellos menor de edad; él los mantenía a todos. Ahora sus familiares buscan que el gobierno lo considere una víctima mortal más del accidente aéreo ocurrido el pasado 4 de noviembre.

Su hijo Jesús Abonza Trejo, quien lo acompañaba la noche en que ocurrió el avionazo, recuerda el intenso tráfico que había en las inmediaciones de las fuentes de petróleos. Iban en Periférico, rumbo a Cuemanco, cuando escucharon el estallido y a la distancia vieron una enorme luz roja.

“Se fue la luz y de inmediato mi padre pensó que era un transformador. Vimos como bomberos y policías pasaban a toda prisa”, detalla. Al encender la radio, padre e hijo quedaron impactados. “Nos salvamos”, dijeron. Pero horas más tarde, Mario perdía la vida.

 



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