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La noticia cimbró a su gran amigo
Sergio Javier Jiménez Enviado
El Universal

Miércoles 05 de noviembre de 2008



sergio.jimenez@eluniversal.com.mx

 

ATOTONILCO EL ALTO, Jal.— El presidente Felipe Calderón se llevó la mano a la cabeza, dio un leve traspié, se dirigía al helicóptero. La noticia lo cimbró... Juan Camilo Mouriño ha muerto, le susurraron al mandatario, después de encabezar la entrega de viviendas en este municipio.

La noticia conmocionó. Una aeronave cayó en Reforma y avenida Ferrocarril de Cuernavaca. En ese momento Calderón ya hacía uso de la palabra y, por prudencia, no fue avisado en ese momento.

Su equipo esperó a recibir más información y calculó a que Calderón bajara del templete y entregara una vivienda para, después, ya de camino al helicóptero, darle la noticia.

 

Minutos antes, Aitza Aguilar y Alejandra Sota, coordinadora de Estrategia y Mensaje Gubernamental fueron informadas del accidente mientras Calderón emitía su discurso. Ellas velozmente dejaron el acto para, en la parte posterior del lugar del acto, hacer llamadas telefónicas. El mandatario no lo detectó.

 

Todavía hubo tiempo para que Calderón entregara las llaves de una de las casas a una familia de este lugar y, ya enfilado hacia el llano donde aterrizaron los cuatro helicópteros, se le acercó seria, sin perder la serenidad, Aitza Aguilar.

 

Calderón, enfundado en una chamarra café, informal, con camisa azul, recibió la noticia y quedó pasmado, con la boca entreabierta por una fracción de segundo. Siguió caminando mientras le daban más datos y todo el equipo de Los Pinos recibía llamadas hasta en tres teléfonos al mismo tiempo.

 

La oscuridad ya había caído y el camarógrafo de Cepropie, Arturo Garay, diligente, encendió la lámpara de su equipo para alumbrar el camino. Con los zapatos embadurnados de lodo —pues se riega agua en el helipuerto para no levantar tolvaneras— Calderón subió a la aeronave para recibir los reportes a detalle.

 

Fueron 35 largos minutos de vuelo. La noticia se la dieron segundos después de las 19:20 horas.

 

Ya en el aire seguían las llamadas. Fue un largo recorrido hasta llegar al hangar presidencial, en donde el mandatario ya había ensayado sus palabras, las frases con que recordaría a Juan Camilo quien, más que su colaborador, su compañero de partido, era su amigo.

 



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