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| Iglesia de Santiago, indiferente al clamor de víctimas |
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El Universal Miércoles 01 de octubre de 2008 |
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Ametralladoras del Ejército, imparables y ensordecedoras
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Fausto Trejo, quien salvó la vida porque un muchacho se interpuso entre el tirador y él, vivió los acontecimientos en la explanada. Había llegado tarde. En el caos caminó hacia el lado del Paseo de la Reforma. Los soldados con los que se cruzó iban a otra cosa: a actuar con la gente del guante blanco, en la agitación que envolvió el momento. “Una bala atravesó la cabeza del estudiante, un proyectil que, dice el siquiatra, “era para mí”. Fue de los que pidieron posada en la Iglesia del lugar, sin obtener respuesta. —¡Nos están matando!— gritaban mujeres, en la súplica estéril de que se abriera la puerta, a riesgo de ser blanco de un tiro. Las ametralladoras del Ejército, ensordecedoras, estaban imparables. —¡Abran, nos están matando! Y no hubo respuesta. —¡Maestro, vámonos, la matanza está tremenda!, le dijo un alumno a Trejo, manchado del pecho de la sangre del joven que murió y el académico abrazó. “¿Qué ganaban con matarnos a nosotros?”, pregunta Trejo, quien 40 años después guarda para Gustavo Díaz Ordaz su odio profundo. ¿Qué ganaban con matarlos? La ‘Operación Galeana’ se aplicó con una de las reglas del “Arte de la Guerra”, predominante: El engaño. Los estudiantes creían que estaba en curso negociar. Y entraron a una trampa. El régimen no optó por la regla príncipe: “someter al enemigo sin luchar”. Y utilizó a un soldado para cada tres personas, sin contar con los granaderos y policías de civil. El ataque ocurrió a la vista de periodistas extranjeros, también testigos del control del terreno de la batalla, como lo estipula Sun Tzu. Una madre del edificio Chiapas fortuitamente evitó que la gente en su casa fuera tocada por las ráfagas de la ‘Operación Galeana’, pero quedó afectada. Durante mucho tiempo se le vio recorrer los jardines de Tlaltelolco con un lamento doloroso y profundo: —¡Han matado a mis hijos! ¡Han matado a mis hijos! Moría así, el movimiento estudiantil del 68, a tiempo de cumplir los protocolos para la realización de los Juegos Olímpicos que tenían como lema: “Todo es posible en la paz”.
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