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Tiene Medellín últimos minutos con sus padres
Jonathan Tapia, enviado
El Universal

Martes 05 de agosto de 2008

El reo sufre ataque de desesperación; le retiran máquina de escribir y libros

HUNTSVILLE, Texas.— Ernesto Medellín Rojas tuvo cinco minutos de oscuridad dentro de la luz que representó la visita de sus padres, ya que por momentos sufrió un ataque de desesperación al saber que era la última vez que los iba a ver, y que el atardecer de este lunes sería el último de su vida, de acuerdo con información confidencial proporcionada a EL UNIVERSAL.

El lunes no se le ofreció ningún alimento especial en la prisión de Polunsky, en Livingston. Al igual que los demás días, la dieta fue la básica de las prisiones: por la madrugada —entre las 02:00 y 03:00 horas—, café y pan o cereal; a mediodía, verduras y un guisado con carne, y por la tarde, en la cena —a las 17:00 horas—, hotcakes con mantequilla. Y luego, el encierro y el aislamiento total.

Debido a que ayer, de acuerdo con lo previsto, sería el ultimo día completo de vida del tamaulipeco, los guardias del Corredor de la muerte (Death Row) le retiraron la máquina de escribir y los libros, ya no le dejaron contestar ninguna carta —actividad que hacía diariamente a ritmos de una por día— ni le permitirían contacto con ninguna persona.

A partir de las cinco de la tarde fue confinado a su oscura, reducida y fría celda.

Los próximos rayos de sol que el mexicano vea podrían ser los últimos, ya que este martes, a una hora que sólo conocen autoridades, será trasladado de Polunsky a la Casa de la Muerte, en esta localidad de Huntsville.

Blanco y negro

El último día de vida del mexicano José Ernesto Medellín Rojas, condenado a muerte en Texas, ha sido como la pandilla a la que perteneció y por cuyo rito de iniciación asesinó a dos adolescentes: en blanco y negro (black & white).

En blanco, porque finalmente este lunes tuvo lugar el esperado reencuentro con sus padres; y negro, porque todo se dio en el lúgubre ambiente de la prisión de Livingston, la que dejará dos horas antes de ser trasladado a la Casa de la muerte (Death House), ubicada en esta localidad, donde será ejecutado hoy.

Ernesto no veía a sus padres desde hace siete años, luego de que las autoridades penitenciarias consideraron que María Rojas y Venancio Medellín estaban incitando a su hijo para que escapara, derivado de una conversación que sostuvieron en el 2001, donde en varias ocasiones mencionaron la posibilidad de una huida por parte del reo.

Esto fue considerado como una “ofensa grave” y se condenó al tamaulipeco a no ver a sus padres por el resto de su vida. Además, se le confinó a la unidad Polunsky en el condado de Livingston, Texas, a unos 150 kilómetros de Huntsville.

Con pantalón y camisa sin mangas, todo de blanco, como es la vestimenta en la prisión de Polunsky, Medellín Rojas recibió, entre lágrimas, a sus papás, como si la fortaleza demostrada hasta ahora se quebrara un momento.

Los padres de este hombre de 33 años de edad, que será ejecutado este martes a las 18:00 horas, si el gobernador texano Rick Perry no le otorga clemencia, sintieron en carne propia una vez más la frialdad de los locutorios: Vieron, sin poder tocarlo, a Ernesto a través de una vitrina, donde conversaron con él por medio de un teléfono.

“De hecho se hizo un esfuerzo sobrehumano durante las negociaciones entre el Consulado mexicano y las autoridades del Departamento de Justicia Criminal de Texas (TDCJ), para que se les concediera un último momento a los padres y que se dejara de lado la supuesta ofensa que se cometió”, dijo Sandra Babcock, abogada del mexicano.

El lado oscuro

Lo negro del último día de vida completo de Medellín lo colorearon las frías, calladas y solitarias paredes que lo rodean en la prisión de Livingston, Texas, de donde sólo saldrá un par de horas antes de su ejecución para ser trasladado a la Casa de la muerte en la unidad penitenciaria de Huntsville, conocida como Las paredes (The Walls).

La razón por la que las autoridades trasladaron a Ernesto Medellín se debe a que en 2001 el TDCJ aún vivía la sicosis de que tres años atrás, siete prisioneros “misteriosamente” lograron escapar de la unidad carcelaria.

“Recuerdo que el 26 de noviembre de 1998, siete presos condenados a muerte, aún no sabemos cómo, lograron escapar de The Walls, burlaron a todas las autoridades, nunca se supo cómo lo lograron, pero salieron y eso tuvo por mucho tiempo a todos preocupados”, explicó a EL UNIVERSAL Jim Hubbart, el encargado del Museo de la Prisión en Texas.

Uno a uno los fueron atrapando y la alarma concluyó el 3 de diciembre del mismo año, cuando encontraron el cuerpo del último de los siete.



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