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Y la enorme manta blanca se retiró... por el momento
Fidel Samaniego
El Universal

Sábado 26 de abril de 2008



fidel.samaniego@eluniversal.com.mx

Y 21 mil 690 minutos después, la manta que como gigantesca ola cubrió la tribuna de la Cámara de Diputados se retiró. Lentamente, ese tsunami descendió, retrocedió, hasta abandonar el salón de sesiones. La clausura al Congreso mexicano declarada por legisladores del Frente Amplio Progresista leales a Andrés Manuel López Obrador llegaba a su fin.

“¡Triunfamos!”, exclamó poco antes el coordinador de los legisladores perredistas Javier González Garza. Quienes estaban con él en la parte más alta del estrado estallaron en gritos, aplausos, muestras de júbilo sincero o fingido, catarsis y festejo. Ondeaban sus banderas.

La última jornada... por el momento. El final de una etapa, de una página, una historia en la que nadie se declara derrotado, en la que todos se sienten vencedores.

En la decimoquinta noche de ellas y ellos apoderados de la tribuna fue la música del grupo Elefante la que llenó el recinto. Pocos diputados quedaban en la guardia.

Ahí los encontró el amanecer. En esos momentos sólo quedaba esperar las noticias, las señales que les llegaran desde el Senado de la República.

“¡Falta así, poquitito!”, dijo Layda Sansores poco antes de las 11 de la mañana. Mostraba los dedos índice y pulgar muy cerca para hacer más gráfica la expresión. Luego, ella se unió al coro que interpretaría varias veces una parodia y un fragmento de La verbena de la paloma. Y por enésima ocasión, la tipluda voz grabada repetía: “El petróleo es nuestro, el petróleo es nuestro” y los improvisados cantores le hicieron segunda. Muchas ganas, poca afinación. “No nos moveráaan”, interpretaban, pero con una tonada casi igual a la de aquella cancioncilla con la que concluía el programa de caricaturas de Porky.

Y se llegó el momento. En Xicoténcatl, Manlio Fabio Beltrones anunciaba el acuerdo. Los cantantes callaron. Escucharon la información. Uno de ellos anunciaría, entonces, que cuando regresaran sus coordinadores darían un mensaje a la nación y levantarían la clausura. Mientras, indicó, regresarían las curules que les sirvieron de barricadas a sus sitios.

Así, poco a poco desaparecieron las pancartas, la pequeña torre metálica con un buitre con cara de Juan Camilo Mouriño en la punta, y las cadenas y candados que cerraban los accesos.

A las 14:12 horas entró Javier González Garza con Alejandro Chanona y Ricardo Cantú. El perredista estaba eufórico, levantó el brazo, agitó la mano. Alguien le sugirió que hiciera la güeroseñal, el pícaro ademán que mostró días atrás. Él se negó. Y ya al centro, en lo alto, entre ellas y ellos, los que son fieles a López Obrador, el legislador inició su mensaje como es, espontáneo, irreverente: “¡Qué onda”!, dijo. Pero después dejó que le llegara la emoción, exclamó: “¡Triunfamos!”. Y la enorme ola blanca, el tsunami político comenzó a descender, se retiraba poco a poco, lentamente, por el momento...



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